martes, 29 de septiembre de 2009

Mujeres que aman demasiado

Demasiadas mujeres se obsesionan con hombres adictos al trabajo, al alcohol, a las drogas o a cualquier otra cosa....menos a ella. Se enganchan a sujetos inmaduros y no son capaces de salir de una relación que sólo lleva al sufrimiento.

"A pesar de todo el dolor y la insatisfacción que acarrea, amar demasiado es una experiencia común para muchas mujeres que casi creemos que es así como deben ser las relaciones de pareja", explica la terapeuta estadounidense Robin Norwood, autora del libro “Las mujeres que aman demasiado”.

Desean “salvar” al hombre que aman. Si son capaces de cambiarlo conseguirán el fin último que las impulsa: que la ame. Justifican lo injustificable: la crueldad, la indiferencia, la deshonestidad o la adicción de sus parejas. Soportan y disculpan cualquier maltrato hasta el punto de conseguir “comprender” que ella es la que ha cometido el error por el que el pobre chico la ha molido a palos. Cuanto más humillada es, más le ama y más le consiente, porque sólo con el inmenso amor que le da.....cambiará....y la amará.

En su historial de amoríos, siempre subyace la necesidad de sentirse mejores (siempre es el otro el que tiene que cambiar para ser tan bueno como ellas) y de sufrir por amor. Tal cual nos lo han vendido desde tiempos inmemoriales: el amor, si se sufre, es más romántico, más “verdadero”.

La obsesión por estos tipos es tal que llegan a olvidarse de amigos, familia (que suelen advertirla de lo que ella no quiere oir) o cualquier otro tipo de interés personal. Toda su vida gira en torno a su......adicción. Porque al fin y al cabo se convierte en una adicta a amor.

¿Eres una mujer que ama demasiado?

Según Robin Norwood puedes hacerte las siguientes preguntas:
¿Para usted estar enamorada significa sufrir?, ¿La mayoría de sus conversaciones con amigas o compañeros de trabajo son acerca de él?. ¿Disculpa su mal humor, su mal carácter su indiferencia o sus desaires? ¿Subraya en los libros todos los pasajes que le ayudarían? ¿Soporta conductas que no le agradan pensando que si usted fuera lo suficientemente atractiva, él cambiaría?.

Si su contestación ha sido afirmativa, plantéese que su relación de pareja perjudica su bienestar emocional y que debe buscar ayuda para superar la situación.

13 comentarios:

Lenka dijo...

Qué gozada leerte de nuevo tras el parón veraniego, Juan!!!

Ay, las mujeres y el amor... Es que, como bien señalas, hasta hace exactamente cuatro días ESO era el amor, querido. Así nos lo contaron, así nos lo vendieron y así nos lo "idealizaron", si es que el dolor se puede idealizar. Que se puede, está claro.

No quiero parecer una obsesa con el tema religioso, pero creo que del matrimonio amañado por conveniencias (que si bien siempre lo hubo y lo habrá digamos que en ciertas épocas era casi el único admisible), al galante amor cortés (respetuosísimo, castísimo, idealizadísimo, inalcanzabilísimo y por todo ello perfecto, claro, porque nunca se hacía real y por tanto no perdía su magia jamás con la banalidad, la rutina y demás bajezas) se acabó llegando al amor esclavo.

Y es que no puedo dejar de incluir el matrimonio en todo lo demás, en esa moral judeocristiana del sufrimiento, la penitencia y el ganarse el cielo. Una moral que lo abarcaba todo. Sería extensísimo largar la tesis completa, pero en resumen creo que todo va de la mano según cada contexto histórico: las costumbres, los ideales, el papel de cada sexo, los modelos a seguir. Hasta no hace tanto la mujer debía ser sumisa y obediente, siempre dispuesta, sin un reproche, porque estaba en el mundo para servir al hombre (Berlusconi, de hecho, ahí que sigue anclado, el tío).

Luego la cosa se fue suavizando (al menos en apariencia) pero ahí seguía la cuestión: la mujer está incompleta sin el hombre, ah, el sexo débil, ah, la esposa maternal que todo lo resiste. Estos días me estoy pegando una pechá de cine clásico y es curioso comprobar cómo hasta las más desalmadas femmes fatales de entonces caían desvanecidas de puro amor lloroso y balbuceante en brazos del héroe. O cómo le amaban y respetaban mucho más si él era rudo, bestia, egoísta, capaz de largarle dos guantazos para ponerla en su sitio, vamos, lo que era un "HOMBRE" de pies a cabeza.

Clichés del amor hay muchos: el pluscuamperfecto (que no existe), el romántico ideal (que casi tampoco), el de los roles, el de los opuestos que se atraen, el místico, el escabroso y pasional... creo que cometemos muchas veces el error de enamorarnos del amor, de la película a la que nos suena, del personaje. El Benigni adorable, o el Dean rudo y arisco, según gustos de cada cual. Según si somos de las que queremos salvar y redimir o ser salvadas y redimidas, que son las dos opciones que nos ha dado el cine. Muchas veces no amamos a la persona, amamos lo que necesitamos, lo que soñamos, lo que creemos que nos falta, lo que entendemos que se debe amar. O simplemente nos aferramos como náufragos (muchos hombres también) a lo que tenemos a mano, convencidos de no merecer nada mejor o de que no existe nada mejor. A veces lo que aterra es la soledad misma.

Se me ocurren mil formas de ser adicto a ese "amor" que no es tal. Y seguro que cuando empiece con mi nuevo curro descubriré otras mil más, como poco. Ya te contaré!!

Besotes, Juan, un gusto releerte.

Juan dijo...

Muchas gracias Lenka.

Pues sí, nos han vendido el amor, como otras muchas cosas, unido inseparablemente al sufrimiento.

También creo como tú que la religión tiene mucho que ver, ya sabes, el reino de los cielos es para los que sufren.

Pero no sólo la religión tiene que ver en este cuadro. Parece ser que está mucho más relacionado con cierto tipo de infancia desgraciada, sin amor de los padres y con muchas exigencias. A algunas mujeres les da por tener adicción a este tipo de amor destructivo y a los hombres les da por otro tipo de adicciones (alcohol, drogas, trabajo o sexo).

La misma autora del libro aclara que también hay hombres "que aman demasiado", pero son los menos.

Dices que la soledad es lo que aterra, y tienes razón....y también el miedo a no ser amados, porque son personas que en el fondo no se aman y no pueden vivir sin ser lo más imprtante para otro.

Aclaro que no me gusta el nombre que se la ha dado a este tipo de amor. Estas mujeres no aman demasiado. Aman mal. No les importa el otro, pues lo quieren cambiar por completo para adaptarlos a su ideal: un hombre que las adore. Les da igual que sea asesino, cobarde, intolerante, inconsecuente, inmaduro. Estas son facetas poco importantes para ellas. Si consiguen ser el faro de su vida...gracias al "mucho amor que han dado", todo lo demás no importa.

Un abrazo Lenka

Jose dijo...

Yo no es que tenga mucha experiencia en esto del amor, pero por azares del destino si he caido junto a mujeres cuyos maridos son alcohólicos o aficionados a alguna sustancia o a faldas ajenas (y reconocido vox populi). Y cuando les pregunto que por qué siguen con esos tios, si lo mejor es darle una patada y largarlos, me responden: porque le quiero, y porque tengo miedo a la soledad con cierta edad.

Hace poco fui a una boda y una de las primeras lecturas fue los deberes de las futuras esposas. Recuerdo la primera frase porque fue leerla y un murmullo recorrió la iglesia de pronto..."La mujer tiene que permanecer en su casa arreglada y hacendosa"...ahí es ná!!!

Se te echaba de menos!!!!y a tu señora también!!

Rogorn dijo...

¿Y ya que vamos estando todos, volvemos al peristilo, que esta abandonaico el probe? ;)

Lenka dijo...

Es verdad, Rogorn, tenemos que poner alguna columna o se nos irá el templo al garete!!!

Juan, qué razón tienes: no es amar demasiado, es amar mal. Lo comparo a esos hombres (suelen ser hombres, aunque hay mujeres también, claro) que justifican sus celos enfermizos y sus ataques de ira con que "te amo demasiado". Un cuerno.

Esas clases de amor, para mí, son lo opuesto a lo que deberían. El amor es constructivo, es feliz, es armónico. Claro que a veces se sufre por amor, se sufre con el dolor del otro, se sufre por muchas razones. Pero no es lógico que el otro, todo él, sea causa de dolor. Eso no es amor, es otra cosa.

Creo que el amor patológico aparece (la adicción, los celos histéricos, la posesión) cuando se ama más al amor que a la persona. Lo que se necesita es un sentimiento, llenar un hueco, suplir una carencia. Se busca a alguien para ello y no importa si en realidad nos gusta, nos conviene o nos hace felices. Uno cualquiera, da igual, alguien que tape ese hueco. Se le colocan los atributos deseados (aunque sean falsos) y se lucha tozudamente por moldear ese objeto (porque es un objeto) a nuestro gusto. El porrazo llega cuando el objeto no se termina de moldear, cuando se rebela, cuando nos hace ver que no es objeto, sino persona. Pero como no aceptamos qué persona es (porque no nos encaja, no nos sirve) encima nos sentimos defraudados y traicionados. Algunas veces desechamos el objeto fallido y buscamos otro nuevo. Al menos tomamos la decisión de romper el vínculo, pero como no hemos aprendido la lección (es culpa del otro, no nuestra, no aprendemos) solemos repetir el esquema.

Otras veces nos negamos con terquedad absoluta a romper y seguimos palante con relaciones disfuncionales por completo, porque no soportamos la idea del fracaso, de la pérdida, y sentimos que cualquier cosa nos sirve excepto el dejar ese hueco al descubierto.

Tremendo. Pero más habitual de lo que pensamos!

Juan dijo...

¡¡¡Hola Jose¡¡¡

Y digo yo, Jose....¿qué malo tiene la soledad?. De acuerdo que las relaciones interpersonales son esenciales para nuestro desarrollo, equilibrio y felicidad, pero no necesariamente relaciones de pareja. Se puede ser muy feliz sin pareja, siempre que estés a gusto contigo mismo...y ésta es la cuestión. Cuando una persona prefiere estar al lado de alguien impresentable antes que estar sola, tiene un problema interior y ese es el problema a resolver.

"La mujer tiene que permanecer en su casa arreglada y hacendosa". Jajajajaja, firmado: Sección femenina, jajajajajaja. Es que si sale fuera coge la gripe A, fijo.

Un abrazo Jose

Juan dijo...

Muy buenas Rogorn. Este tema no lo he colgado en el peristilo porque no me parecía adecuado al tono del blog, pero no hay problema en colgarlo.

Ahora llevo un tiempo de vago total: ni pinto, ni escribo y casi ni debato con nadie. Me estoy volviendo viejo. jejejeje

Un abrazo

Juan dijo...

Te amo demasiado....y con eso se justifica lo injustificable.

Pero el amor no lo justifica todo, es más, no justifica nada. Se pueden comprender algunas acciones hechas por amor, pero jamás justificarlas ni dejarlas impunes. Todo en esta vida tiene y debe tener sus consecuencias, sea cual sea el motivo por el que las hemos hecho.

Cuando alguien reconoce que ha hecho algo malo y lo justifica está condenado a repetirlo.

Comprender y justificar son dos verbos totalmente distintos. Con el primero buscamos explicaciones, con el segundo tapamos nuestros errores.

Por supuesto que a veces se sufre por amor, pero no es el sufrimiento la medida del amor. Tanto en la amistad como en el amor, una medida más fidedigna de la calidad de la relación es el ser feliz con la felicidad del otro. Sufrir con el sufrimiento del otro es más fácil.

"Lo que se necesita es un sentimiento, llenar un hueco, suplir una carencia". O dicho a mi manera: completar mi media naranja. Se ama mejor y te relacionas mejor con tu pareja siendo naranja entera. No es tanto completar o complementar al otro como conseguir juntos un equilibrio que haga crecer a ambos.

"Otras veces nos negamos con terquedad absoluta a romper y seguimos palante con relaciones disfuncionales por completo, porque no soportamos la idea del fracaso, de la pérdida, y sentimos que cualquier cosa nos sirve excepto el dejar ese hueco al descubierto."

El apego, el miedo al cambio. Creo que muchas veces lo que tememos no es el frecaso, sino que el otro nos "deja de pertenecer". Poseer y amar jamás se deberían conjugar juntos. El amor no se adquiere en régimen de propiedad sino de alquiler.

Un abrazo Lenka

Rogorn dijo...

Si que es adecuado, si. Casi cualquier cosa lo es. Id poniendo (y a ver si pongo yo alguno tambien), o si quereis, pongo yo los vuestros tambien.

Rose dijo...

Hola.
Qué bien leerte de nuevo.
Sin leer todos los comentarios (a ver si saco un rato mejor y puedo hacerlo sin interrupuciones)...
"Estas mujeres no aman demasiado. Aman mal. ". Yo dudo que sea amor, ni siquier "mal" amor. Yo creo que más que amar, necesitan. Y tampoco estoy muy segura de que sea ese el término adecuado. Como comentabas más arriba, es una adicción, un enganche, y yo creo que eso no puede ser amar, ni bien, ni mal.
Besos.

Lenka dijo...

Estamos de acuerdo en todo, Juan. Sobre todo en eso de que comprender no es sinónimo de justificar.

Ah, el miedo a la soledad. Es casi una pandemia. Me resulta extraño, porque he pasado muchísimas estapas de mi vida sola. Muchas veces, incluso, es una soledad buscada con empeño y celosamente defendida. Otras no tanto, cierto. Hay momentos en los que uno está solo y quizá desearía lo contrario. Cierto que puede ser triste, puedes sentir mucha añoranza. También he sentido eso. Y en esas fases de soledad no elegida es cuando más peligramos. Ahí es cuando resulta más fácil agarrarte a lo primero que pasa y encajarlo en tu vida aunque sea a patadas, cayendo en el autoengaño más absoluto, en el "me vale lo que sea".

No puedo negar que yo he sentido esa adicción alguna vez, ya sabes, la vampira hambrienta. A veces es tal el deseo de que te quieran que prefieres creerte querida aunque en tu interior sepas de sobra que no lo eres. La diferencia con los casos que mencionas es que yo, de momento, he tenido la suerte de no caer en manos demasiado nefastas. Sencillamente he aceptado migajas. Y, a dios gracias, al final se me ha impuesto el orgullo, que, en estos casos, no viene mal.

Oh, no siempre, te soy sincera. Otras veces he sido lo bastante terca como para no rendirme pese a la evidencia. Al final era el otro el que se iba, confirmando lo que todos sabíamos: que no me quería (por más que yo quisiera creerlo). Doy gracias a los dioses porque siempre, rompiera yo o se fuera él, sieeeeeempre he sabido que no moriría de aquello, que podía perfectamente apañarme, que la pupa sanaría. Debe ser horrible que la adicción llegue al extremo de que nunca se te caiga la venda, de que realmente llegues a creer que sin él no eres nada. Buf!

Y doy gracias también porque al menos supe usar el dolor para aprender, y para descubrir que no necesariamente es culpa del otro (el malvado, el traidor), sino que demasiadas veces "nos buscamos" los líos casi a sabiendas. Que demasiadas veces nos dan exclusivamente lo que pedimos y que el fallo está en que nunca osamos pedir más porque sabíamos que no nos lo darían (así que era mejor hablarse en chino y soñar)

Lo bueno de todo eso es que hasta la heroína se puede dejar. Se puede aprender y cambiar el esquema. Pero requiere mucha sinceridad con uno mismo, bucearse por dentro y estar dispuesto a encontrar cosas que no nos gustarán. Así aprendes quién eres, qué te gusta de ti y qué no, cómo cambiarlo, qué caminos no tomarás nunca más, qué quieres, por qué mereces lo que quieres, por qué tienes derecho a pedir y a descartar lo que no te conviene, y, sobre todo, que mejor sola que mal acompañada.

Jodó, menudo ladrillo! No son horas de tantas filosofadas!!!!
Besotes, Juan. Mira la que has liado.
;)

Laura M. Cañamero dijo...

Yo ame demasiado y todo termino...

Juan dijo...

Enhorabuena Laura.

Me gusta hablar mas de cambiar que de terminar. Nada termina, solo cambia y en el cambio esta la fuerza y el aprendizaje.

Un abrazo