lunes, 2 de noviembre de 2009

Libertad individual y colectiva

Hace unos días, en un foro en el que participo, una amiga me hablaba sobre mi “totalitarismo moral”.

Al principio me chocó, pero posteriormente me explicaba que:

“Tu tema recurrente es el totalitarismo moral es una sensación que tengo contigo en todos los hilos. Estás en contra de todo lo que te suene a eso. Curiosamente yo también, pero no lo entendemos igual. Quicir, yo creo que muchos conceptos son universales, buenos y justos, y que por tanto deben ser extensibles a todo el mundo, quieran o no. Sospecho que tú no obligarías a quitar el velo a las musulmanas, por ejemplo, si ellas quieren llevarlo. Bueno, yo creo que cada cual debe llevar lo que quiera en la cabeza, sí, pero por encima de eso, creo que lo que implica está bastante fuera del concepto de estado de derecho. Total, lo prohibiría. ¿Me sigues? Probablemente con eso tú y yo podríamos enzarzarnos días: a tí no te gusta el velo, a mí tampoco. Estaríamos de acuerdo en eso. Pero tú lo permitirías y yo no. Porque a mí, en resumen, imponer ciertas cosas no me parece atropellar libertades. “


Y tiene razón, aunque no lo llamaría totalitarismo moral, sino más bien liberalidad moral o incluso anarquismo moral.

Y es que yo distingo dos tipos de libertad: la individual y la colectiva.

La libertad individual, tal y como la concibo, es única e intransferible. Es algo estrictamente personal y privado, que no se debe imponer.

En la libertad individual cabe prácticamente de todo y el único límite que reconozco es el respeto a los demás. Pienso que todos podemos vestir, pensar y tener la escala de valores que deseemos. La moral o los idearios políticos o religiosos que queramos tener. Los gustos que sean. Todo cabe con la única condición que no la intentemos imponer a nadie. Por poner ejemplo extremos:

1. No veo ningún mal en la paidofilia salvo que se intente ejercer.
2. Tener el ideario del Opus Dei no me parece mal siempre que no intentes imponer a los demás tus convicciones.
3. Ser nazi, comunista, machista, feminazi o racista, también está dentro de la libertad individual, siempre que no perjudique a nadie y que se trate con respeto al judío, negro, facha, mujer u hombre, aún pensando que son inferiores o peores.
4. Y no quitaría el velo a una musulmana que lo quiera llevar, pero sí la ayudaría a quitárselo si está siendo obligada por otros, incluso mediante la Justicia (si viviera en España, claro).

No cabe en la libertad individual insultar, vejar, humillar, ofender, ultrajar o perseguir públicamente al que no piensa, siente, viste o tiene gustos diferentes.

Piensa lo que quieras pero no molestes, por favor.

Pienso que en esto fallan demasiadas personas. En virtud de una mala interpretación de la libertad de expresión, incluso amparándose en la sinceridad, se creen con el derecho de avasallar al de enfrente porque es diferente. Me desagrada el que, públicamente, tacha de mal gusto al que le gusta o disgusta una determinada película, libro o pintura. Me fastidia cuando se insulta de forma generalizada a todos los que tienen una determinada ideología o credo. ¿Tan difícil es criticar desde la lógica, la razón o incluso desde la emoción esa ideología en vez de insultar a todo el que piense así?.

Una cosa es criticar los actos de alguien y otra, muy diferente, es denigrarlo. Las acciones aisladas no definen a las personas. Al señor que roba una vez no se le debería definir para siempre como un ladrón, o al que una vez pegó a una mujer un maltratador, ni definir para siempre como asesino al que asesinó en una ocasión. Un error cometido no hace a una persona en su conjunto ni se la puede tildar de por vida. El error cometido lo tiene que pagar, por supuesto, pero es muy cómodo, para poderlo denigrar de por vida, seguir definiéndole por una acción.

Todos tenemos algo o mucho de maniqueos. No sólo no es malo sino deseable. Al fin y al cabo no es más que tener una escala de valores. El problema surge cuando nos ponemos el traje de salvador del mundo e intentamos imponer nuestro concepto del bien sobre los malos. Algunos casi lo consideran un deber y la mayoría de la violencia que ha habido a lo largo de la Historia se ha producido cuando el concepto del bien de unos se ha intentado imponer a los malos, o sea, a los otros, o sea, a los diferentes. El maniqueísmo activo es, ni más ni menos, intolerancia.

Libertad colectiva

No sé por donde he leído, y tampoco sé si es cierto, que en la Antigua Persia, cuando moría el rey, se tenían cinco días de libertad absoluta. Cada uno podía hacer lo que le diera la gana y, las acciones realizadas durante estos cinco días, no recibirían ningún castigo posterior. Pues en este tiempo se daban multitud de asesinatos, robos, saqueos y violaciones. Los más fuertes se hacían dueños del país. Cuando terminaban estos días, se coronaba al nuevo rey y el pueblo respiraba tranquilo y gozoso porque volvía la ley.

Las leyes, por mucho que protejan a los poderosos, los protegen menos que la falta total de leyes. Por este motivo aquí ya no soy tan liberal ni ácrata.
La libertad colectiva radica en unas normas que todos debemos cumplir aunque no estemos de acuerdo con ellas. Precisa una negociación social para que todos, o la inmensa mayoría, estén a gusto dentro de la colectividad.

Estas normas tienen que respetar escrupulosamente el concepto de libertad individual que he expuesto.

Pero no suelen estar a gusto 100% de todos. A unos les sobrarán unas leyes, a otros les parecerán injustas otras. Y precisamente lo que me gusta de la democracia es la capacidad (no demasiado grande, es cierto) de poder cambiar las leyes de acuerdo con las circunstancias que se van viviendo. Manifestarse o votar para cambiar algo me parecen correctos. El incumplimiento de las leyes no, por muy justo que sea, y estaré de acuerdo con el castigo que le corresponda al que las incumpla.

1 comentario:

Anónimo dijo...

morite de cancer