domingo, 13 de abril de 2014

Consenso

Las sociedades occidentales se han aferrado a valores que considera universales, cuando no lo son, y que nos ha llevado a un mundo poco armónico, donde el sufrimiento impera a sus anchas. 

La libertad de expresión, el derecho a discrepar o el pluralismo son valores positivos que, bien encauzados, nos hace partícipes de una convivencia sana. Convivir en desacuerdo es posible y hasta recomendable, siempre con la palabra respeto y no violencia por delante. 

Pero demasiadas veces ese desacuerdo se transforma en una forma de ser y actuar, en una rebeldía sin causa, conocimiento ni pensamiento, sólo tripas. En estar en desacuerdo para parecer diferente, alternativo, en no tener ideas propias pero atacar sistemáticamente las de los demás. En buscar la confrontación por la confrontación. En resaltar las diferencias para separar en vez de la coincidencias para unir. Todo lo cual nos lleva a un individualismo que, lejos de ser sano, se transforma en una fuerza que nos aleja. 


Buscar el consenso, palabra maldita para los extremistas, lejos de atacar la pluralidad, busca lo que nos une para construir un mundo en que la gran mayoría pueda vivir más en armonía y equilibrio. 

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