martes, 11 de abril de 2017

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional

Decía Buda que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

Vivimos en una sociedad en que el dolor intenta ser evitado a toda costa pero se ha sacralizado el sufrimiento. Craso error.

Dolor y sufrimiento no son sinónimos, casi diría que son antónimos. El dolor es natural, viene de fábrica y siempre estará cerca de nosotros, ya sea físico (una quemadura) o psíquico (una pérdida). El dolor es una EMOCION, no lo pensamos, sólo lo sentimos. Si lo sabemos vivir adecuadamente, el dolor es de gran intensidad pero de corta duración y nos hace crecer.

Es la pérdida la causa más frecuente del dolor y, cuánto más importante sea la pérdida mayor será el dolor. Sólo el que vive tiene dolor y cuanto más intensa sea nuestra vida mayor dolor tendremos. El amor, el desamor, tener hijos, la pérdida de amigos, familia, compañeros. Cuántas más relaciones construyamos más pérdidas tendremos y más dolor habremos de soportar, pero llegaremos a la tumba como una persona que ha vivido y amado intensamente.

El sufrimiento en cambio es una opción, porque en el sufrimiento es más importante el pensamiento que la emoción. Es una manera no de vivir sino de sobrevivir, El sufrimiento es de baja intensidad pero de larga duración, a veces toda la vida.

El sufrimiento suele ser el preferido de personas que se creen fuertes, pero en realidad son débiles porque se niegan a afrontar el dolor, a sentir dolor, a vivir el dolor. Prefieren alejarse afectivamente de los demás “para no sufrir más”, prefieren no volver a enamorarse para evitar el dolor del desamor, a querer a los amigos para evitar el dolor del alejamiento. Prefieren en cambio hacerse las víctimas y generar un resentimiento contra todo o todos y, desde ese resentimiento y victimismo aprenden pronto a manipular a los demás con su desdichada vida, porque ser víctima en nuestra sociedad es una patente de corso para que nos otorguen compasión, cariño, afectos y derechos que en realidad no nos corresponden. Cuando encuentres a alguien que sufre mucho estás ante alguien que no se quiere hacer cargo de su vida (de su dolor) y te manipulará para que seas tú el que lo haga y, como no lo conseguirás, tu serás un causante más de sus penas.


Este manera neurótica de existir, este infantilismo de huir del dolor en vez de enfrentarse a él, de buscar a otros que nos saquen de nuestro sufrimiento, de hacerlos responsables de nuestra felicidad (y pobre de aquel que lo intente y evidentemente no lo consiga) es un viaje sin retorno a menos que empiecen a abrazar el dolor y a dar respuestas activas al mismo, a ser responsables de nuestra vida y no hacer responsables a los demás de nuestras desdichas. De lo contrario llegaremos a la tumba con un epitafio: murió sin haber vivido.

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