sábado, 18 de febrero de 2012

Codependencia

Al que de vez en cuando se haya acercado a este blog, o a mí en persona, no le extrañará esta entrada.

La mayoría de post que he escrito gritan, desde uno u otro prisma, contra la codependencia.

Todos somos interdependientes, nos apoyamos más o menos en los demás. Al fin y al cabo, somos seres comunitarios, estamos programados para vivir en sociedad, y conlleva muchas ventajas...y algunos inconvenientes.

Pero la codependencia es una adicción, no una necesidad. Es la adicción más frecuente. De hecho, más del 90% de las personas tienen un grado mayor o menor de codependencia.

¿Qué es la codependencia?
Aunque esta palabra no está en el diccionario de la RAE, el concepto es claro: consiste en estar centrados en otra persona o circunstancia fuera de nosostros mismos. Supone una actitud en la vida que suele ser fomentada y aplaudida por el entorno como un rasgo propio de la generosidad, bondad, incluso amor (véase una entrada previa sobre "Las mujeres que aman demasiado").

Ser una buena madre, un buen hijo o un buen esposo significa preocuparse por el otro más que por sí mismo: es el sumun de la santidad. Sin embargo, no es más que una conducta adictiva caracterizada por el control obsesivo en los problemas o circunstancias de otros en detrimento de los propios. Son personas que se autoimponen ser los salvadores de otro u otros. Cuidan y se involucran en las vidas de los demás para salvarlos, ya sea del alcoholismo, del ateísmo o de cualquier circunstancia que consideren negativa para la vida del otro. Se preocupan tanto de "salvar a los demás" que terminan convirtiendo sus propias vidas, y la de los que intentan salvar, en un caos.

Cuando no consiguen salvar al otro, como en cualquier otra obsesión, en vez de parar, piensan que no han hecho lo suficiente o no lo han hecho lo suficientemente bien y redoblan sus esfuerzos cayendo en una espiral interminable de frustraciones contínuas, que terminan en el reproche, la culpa y en una falta de confianza en un mundo que no quiere cambiar como esa persona cree que debe cambiar. El fin suele ser el típico pensamiento "el mundo es una mierda", "no merece la pena", "todo es injusto".

"El codependiente sufre por cosas por las que realmente no le corresponde sufrir. Monopolizan el sufrimiento ajeno y lo hacen propio. Al mismo tiempo se olvidan de sus propios problemas" (Arturo Soria).

"Por alguna razón en algún momento de nuestra vida asumimos que nuestra obligación o deber era cuidar de los demás, que esa manera de actuar nos ennoblecía y nos confería nuestro valor más intrínseco como personas. Es por eso que podemos malgastar nuestra vida rescatando a las personas que nos rodean. Rescatar, consiste en hacer cosas por los demás que son perfectamente capaces de hacer por si mismos y que probablemente deberían estar haciendo". (Arturo Soria).

"Rescatamos cada vez que nos hacemos cargo de las responsabilidades de otro ser humano, de los pensamientos, los sentimientos, las decisiones, la conducta, el crecimiento, el bienestar, los problemas o el destino de otra persona”. (Scott Egleston).

Quieren cambiar a los demás, pero no saben cambiarse a sí mismos.

Se parte de una idea errónea: podemos cambiar a las personas que nos rodean. Y se olvida lo esencial: sólo podemos cambiar lo que depende de nosotros: nosotros mismos.

"La manera mas segura de volvernos locos es involucrarnos en los asuntos de los demás y la manera más rápida de volver a estar sanos y felices es atender nuestros propios asuntos”. Melody Beattie.

No siempre la codependencia es entre dos personas. Cada vez asistimos más a la codependencia social, a personas que se involucran demasiado en todos los problemas sociales y se olvidan de lo más importante, los propios problemas. Se sienten buenos siendo solidarios, luchando por los demás, por la justicia. Quieren (y creen que pueden) cambiar el mundo, cuando la única manera de cambiarlo en efecto es ocupándose de uno mismo.

El mundo está regido por una minoría de personas que no son codependientes.

“A fin de cuentas, los demás hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo), piensan lo que quieren pensar, hacen las cosas que creen que necesitan hacer y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. El hecho de que ellos no tengan razón y nosotros si, no importa. Tampoco importa que se estén lastimando a si mismos. No importa el hecho de que nosotros podríamos ayudarles si nos escucharan y si colaboraran con nosotros. NO IMPORTA. NO IMPORTA. NO IMPORTA, NO IMPORTA (…) La única persona a la que puedes o podrás cambiar es a ti mismo. La única persona a quien te corresponde controlar eres tú.” Melody Beattie.

4 comentarios:

Kaken dijo...

Fantástico, Juan, pero....cuantos o quienes lo entenderán?
Mil bes.

Juan dijo...

Gracias chata

Lenka dijo...

Yo no sé si lo entiendo, pero de entrada se me ocurre que conozco a muchas personas codependientes. Y ahora mismo me voy a consultar con la almohada si yo misma lo soy o lo he sido alguna vez ;)

Juan dijo...

No sólo personas, incluso sociedades enteras, movimientos de todo tipo. El egoísmo está muy mal visto, pero el egoísmo entendido como centrarse en el desarrollo personal antes que en intentar ayudar a los demás es muy sano, para tí y para los que tienes al lado.

El catolicismo, por ejemplo, se funda en la codependencia. Hasta Cristo se tuvo que "sacrificar" para salvar a todos. Ese concepto de sacrificio por los demás, tan admirado y enraizado en nuestras tradiciones y cultura, vicia a toda la sociedad.

Lo que realmente sale bien y hace feliz a la gente es hacer lo que a cada uno le fascina. Amar lo que se hace y hacer lo que se ama, sin necesidad de sacrificios.

Cuando oigo a tantos padres quejarse de lo mucho que se sacrifican por sus hijos me da muy mala espina. ¿Es que las cosas que haces por ellos las sientes como un sacrificio y no por amor, simplemente por amor?. Cuando yo hago cosas por amor no siento que me esté sacrificando, muy al contrario, me siento vivo, libre y feliz.