Mal empieza el gobierno del PP. Tenía pocas esperanzas en este gobierno y, nada más comenzar su andadura, me he quedado sin ninguna.
El gasto del Estado es excesivo (para los ingresos que tiene). En eso creo que coincidimos todos. Hay que recortar los gastos. ¿Pero es necesario recortar los derechos y aumentar los impuestos para ello?. Estoy absolutamente convencido de que no.
Hay dos maneras de ahorrar:
1. La fácil, o sea, la que ha hecho el PP: recortar salarios, congelar inversiones, aumentar impuestos y recortar derechos.
2. La más fácil y eficaz: gestionar bien.
El Estado es una auténtica máquina de derrochar: prefiere gastar o recortar a lo loco que gestionar correctamente lo que tiene. Inversiones millonarias en aeropuertos en que no aterrizan aviones, puertos gigantes que no hacen falta, cientos de televisiones públicas para autobombo, organismos públicos que doblan servicios ya existentes, pésima gestión de la Sanidad, cajas de ahorro gestionadas por políticos (el gran problema de la banca española no han sido los bancos, gestionados por profesionales, sino las cajas gestionadas por indeseables públicos).
A finales de 2010 me enrolé en un desafío: gestionar la Unidad de Traumatología y Reumatología de mi Hospital (la Unidad más grande de España). Contábamos con un presupuesto de 44 millones de euros (se habían gastado 46 en 2010). Pues hemos terminado el año habiendo gastado sólo 39 millones. Un ahorro de 7 millones respecto a 2010 (casi un 16% menos). Esto se ha conseguido sin haber quitado un solo derecho, sin despedir a nadie, habiendo bajado en tres meses la lista de espera de cirugía y bajando la lista de espera de consultas en dos semanas. Hemos mejorado el nivel de satisfacción del usuario y se han reducido las reclamaciones en un 50%. Todos los pacientes se han ido de cada consulta con un informe completo informatizado (frente al 10% del año previo) y la satisfacción de los profesionales ha aumentado.
Es posible ahorrar, y mucho, gestionando bien. Y esto lo ha conseguido un médico. Me imagino que un gestor profesional podría hacer mucho más.
sábado, 31 de diciembre de 2011
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Una buena taza de café
Soy un enamorado del café. No tengo remedio. Un enamorado, que no un entendido. Me gustan casi todos. No soy escrupuloso. Me da igual con leche, cortado, largo o corto de café, con la leche fría, templada, desnatada, semidesnatada o completa. No soy capaz de diferenciar si es torrefacto, arábigo, nexpresso o no sé que leches de miles de variedades.
Supongo que habrán paladares más exquisitos que el mío, capaces de diferenciarlos. Pero un camarero me comentaba en uno de estos cafés de indias, que ofertan multitud de variedades que, cuando tienen prisa por ser mucha la clientela, ponen a todos el mismo café. Ni siquiera se esmeran en ponerlos largos o cortos, cortados o simplemente con leche. Mejor con la leche templada pa tos (así no se coscan los que la piden fría o caliente). Y cuando el cliente avispado pregunta ¿cuál es el largo de café?, sin inmutarse el camarero señala el que tiene más cerca. Muchas veces se divierte al comprobar como los clientes comparan sus respectivos cafés ¡¡¡y son capaces de diferenciarlos¡¡¡. Este de Costa Rica es más intenso, pero el de Nicaragua más profundo. Como mi brasileño no hay ninguno. Pobreticos.
A mí nunca me engañan: siempre pido un cafelito con leche. Sea de donde sea y venga de donde venga. Una buena taza de café con leche, con su aroma, su espuma y su sabor.
Supongo que habrán paladares más exquisitos que el mío, capaces de diferenciarlos. Pero un camarero me comentaba en uno de estos cafés de indias, que ofertan multitud de variedades que, cuando tienen prisa por ser mucha la clientela, ponen a todos el mismo café. Ni siquiera se esmeran en ponerlos largos o cortos, cortados o simplemente con leche. Mejor con la leche templada pa tos (así no se coscan los que la piden fría o caliente). Y cuando el cliente avispado pregunta ¿cuál es el largo de café?, sin inmutarse el camarero señala el que tiene más cerca. Muchas veces se divierte al comprobar como los clientes comparan sus respectivos cafés ¡¡¡y son capaces de diferenciarlos¡¡¡. Este de Costa Rica es más intenso, pero el de Nicaragua más profundo. Como mi brasileño no hay ninguno. Pobreticos.
A mí nunca me engañan: siempre pido un cafelito con leche. Sea de donde sea y venga de donde venga. Una buena taza de café con leche, con su aroma, su espuma y su sabor.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Impuestos
No tengo ningún problema en admirar a los ricos que han conseguido su bienestar en base a la creación de empresas reales y puestos de trabajo, mediante la innovación y el trabajo bien hecho y bien gestionado. Son ricos y, a la vez, crean riqueza para todos en forma de empleo y de impuestos que salen de las actividades empresariales.
Tampoco tengo ningún problema en que los bancos ganen dinero basándose en una solidez, confianza y en su negocio genuino: comprar y vender dinero. Un buen banco gana mucho dinero y, a la vez, contribuye a un mayor desarrollo de la sociedad.
Pero no entiendo la ingeniería financiera. Las finanzas modernas no crean empleo, apenas generan impuestos, inflan precios y crean burbujas en las que caen, al abrigo de aumentos espectaculares de beneficios a corto plazo, millones de incautos. Este “capitalismo virtual” sólo es especulador. Sólo trabajan el riesgo y, las más de las veces, con trampas. Juegan con ruletas rusas trucadas.
Sin embargo, a pesar de que la ingeniería financiera sólo beneficia a una pandilla de embaucadores financieros y perjudica a la inmensa mayoría de la sociedad, APENAS PAGAN IMPUESTOS. Los instrumentos financieros complejos están casi exentos de tasas.
Pienso que las cosas deberían ser muy diferentes.
1. El capitalismo productivo es positivo, hablando en términos genéricos, no así el especulativo.
2. Deseo una sociedad con altísima libertad moral pero con una libertad económica bastante controlada.
3. Quién produce paga impuestos. Quien especula, paga muchos más impuestos.
4. Si existen especuladores de miles de millones de euros es que hay ingenuos que se los ceden. Los segundos también son responsables por codicia y por estupidez.
5. El 5% más rico debe contribuir más de la parte de beneficio para lujo y debe pagar menos cuando reinvierte el beneficio en la creación de empleo.
6. El dinero público no debe servir para alimentar vagos sino para crear una sociedad en que la igualdad de oportunidades sea real.
7. La creación de riqueza no se debe basar en un aumento del PIB a cualquier precio. Un crecimiento continuo no es sostenible a largo plazo. Sólo tenemos un planeta y, el crecimiento desorbitado del consumo (que es el principal motor del aumento de PIB), está devastándolo. Un decrecimiento ordenado, con una economía sostenible desde el punto de vista ecológico, disminuirá sin lugar a dudas nuestro nivel de vida, pero en absoluto tiene porqué empeorar nuestra calidad de vida.
8. Los impuestos deben ser mayores a las empresas más contaminantes, por muchos empleos que generen. También deberán ser mayores para los ciudadanos de a pie que más contaminen. Los que consuman más gas o electricidad (por encima de un mínimo personal) deberán pagar el doble o triple del precio base y, de esta manera, pagar el sobrecoste de energías limpias. El uso del coche particular debería estar muy penalizado con aumentos ingentes de impuestos en carburantes. El que desee vivir a 100 Km de su trabajo, contaminando mucho más, que lo pague.
Tampoco tengo ningún problema en que los bancos ganen dinero basándose en una solidez, confianza y en su negocio genuino: comprar y vender dinero. Un buen banco gana mucho dinero y, a la vez, contribuye a un mayor desarrollo de la sociedad.
Pero no entiendo la ingeniería financiera. Las finanzas modernas no crean empleo, apenas generan impuestos, inflan precios y crean burbujas en las que caen, al abrigo de aumentos espectaculares de beneficios a corto plazo, millones de incautos. Este “capitalismo virtual” sólo es especulador. Sólo trabajan el riesgo y, las más de las veces, con trampas. Juegan con ruletas rusas trucadas.
Sin embargo, a pesar de que la ingeniería financiera sólo beneficia a una pandilla de embaucadores financieros y perjudica a la inmensa mayoría de la sociedad, APENAS PAGAN IMPUESTOS. Los instrumentos financieros complejos están casi exentos de tasas.
Pienso que las cosas deberían ser muy diferentes.
1. El capitalismo productivo es positivo, hablando en términos genéricos, no así el especulativo.
2. Deseo una sociedad con altísima libertad moral pero con una libertad económica bastante controlada.
3. Quién produce paga impuestos. Quien especula, paga muchos más impuestos.
4. Si existen especuladores de miles de millones de euros es que hay ingenuos que se los ceden. Los segundos también son responsables por codicia y por estupidez.
5. El 5% más rico debe contribuir más de la parte de beneficio para lujo y debe pagar menos cuando reinvierte el beneficio en la creación de empleo.
6. El dinero público no debe servir para alimentar vagos sino para crear una sociedad en que la igualdad de oportunidades sea real.
7. La creación de riqueza no se debe basar en un aumento del PIB a cualquier precio. Un crecimiento continuo no es sostenible a largo plazo. Sólo tenemos un planeta y, el crecimiento desorbitado del consumo (que es el principal motor del aumento de PIB), está devastándolo. Un decrecimiento ordenado, con una economía sostenible desde el punto de vista ecológico, disminuirá sin lugar a dudas nuestro nivel de vida, pero en absoluto tiene porqué empeorar nuestra calidad de vida.
8. Los impuestos deben ser mayores a las empresas más contaminantes, por muchos empleos que generen. También deberán ser mayores para los ciudadanos de a pie que más contaminen. Los que consuman más gas o electricidad (por encima de un mínimo personal) deberán pagar el doble o triple del precio base y, de esta manera, pagar el sobrecoste de energías limpias. El uso del coche particular debería estar muy penalizado con aumentos ingentes de impuestos en carburantes. El que desee vivir a 100 Km de su trabajo, contaminando mucho más, que lo pague.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Movilidad social
El índice de movilidad social hace referencia a la facilidad con la que una persona puede subir o bajar en la escala social de un país.
Es uno de los mejores índices de justicia social. Cuando hay poca movilidad social significa que hay pocas posibilidades de mejorar tu situación mediante el esfuerzo. Una sociedad poco móvil no premia el esfuerzo ni castiga la desidia. El destino de un individuo viene predeterminado por la situación económico-social de los padres.
Por el contrario, en las naciones con alto índice de movilidad, el mérito es el factor fundamental para que un individuo desarrolle al máximo su potencial.
Hay diversas maneras de estudiarlo y son realmente complejas. Quizás, la que más se aproxime a la realidad, sea la que estudia el nivel de los padres respecto a sus hijos. Si los hijos ocupan escalas muy diferentes a los padres significa que la riqueza o pobreza de los padres no influye en el status del hijo, que éste mejorará o empeorará su situación dependiendo de su esfuerzo. En este caso hay verdadera igualdad de oportunidades, pero ojo, que la movilidad y la desigualdad en la distribución de la renta no se encuentran teóricamente relacionadas. Sigue habiendo desigualdad de rentas sólo que, esta desigualdad, no está relacionada con la cuna sino con el mérito.
La educación, a primera vista, parecería que es el factor clave para conseguir un mayor índice de movilidad social. Si la calidad de enseñanza es alta, sin tener en cuenta la economía de los padres, mediante un sistema público de enseñanza universal, gratuito y de calidad, se debería tender a que los hijos tengan más igualdad de oportunidades. Sin embargo, esto sólo es verdad en parte. Con una buena educación universal se consigue mejor índice de movilidad educacional (titulación), pero no cambia demasiado el índice de movilidad ocupacional (nivel de puesto de trabajo). Hay otros factores más importantes para la movilidad ocupacional como son el nivel de industrialización, la ideología, ya sea política, religiosa o cultural, imperante en un país y el nivel de envidia de la sociedad.
La envidia, que existe en todas las sociedades, pero no en el mismo grado, se convierte en una clave esencial para entender este concepto. En un país en que se alaba al que consigue superarse es más probable que haya más movilidad ocupacional y, por el contrario, si se desprecia al que más se esfuerza y consigue cotas más altas habrá menos movilidad.
Los países con mejores niveles de movilidad social son los escandinavos. España se encuentra en una zona media en Europa. Chile es otro de los países más justos.
Gran Bretaña y USA, aunque pudiera parecer lo contrario por aquello de la tierra de las oportunidades, tienen unos niveles de movilidad social bastante bajos debido a un sistema de enseñanza en que lo privado prima sobre lo público. Sus universidades son magníficas, pero hay que pagarlas y sólo pueden estudiar en ellas los ricos o los pobres hiperdotados.
La meritocracia es, a mi juicio, el sistema más justo para construir una sociedad. No hay que hablar de igualdad a secas, sino de igualdad de oportunidades.
Es uno de los mejores índices de justicia social. Cuando hay poca movilidad social significa que hay pocas posibilidades de mejorar tu situación mediante el esfuerzo. Una sociedad poco móvil no premia el esfuerzo ni castiga la desidia. El destino de un individuo viene predeterminado por la situación económico-social de los padres.
Por el contrario, en las naciones con alto índice de movilidad, el mérito es el factor fundamental para que un individuo desarrolle al máximo su potencial.
Hay diversas maneras de estudiarlo y son realmente complejas. Quizás, la que más se aproxime a la realidad, sea la que estudia el nivel de los padres respecto a sus hijos. Si los hijos ocupan escalas muy diferentes a los padres significa que la riqueza o pobreza de los padres no influye en el status del hijo, que éste mejorará o empeorará su situación dependiendo de su esfuerzo. En este caso hay verdadera igualdad de oportunidades, pero ojo, que la movilidad y la desigualdad en la distribución de la renta no se encuentran teóricamente relacionadas. Sigue habiendo desigualdad de rentas sólo que, esta desigualdad, no está relacionada con la cuna sino con el mérito.
La educación, a primera vista, parecería que es el factor clave para conseguir un mayor índice de movilidad social. Si la calidad de enseñanza es alta, sin tener en cuenta la economía de los padres, mediante un sistema público de enseñanza universal, gratuito y de calidad, se debería tender a que los hijos tengan más igualdad de oportunidades. Sin embargo, esto sólo es verdad en parte. Con una buena educación universal se consigue mejor índice de movilidad educacional (titulación), pero no cambia demasiado el índice de movilidad ocupacional (nivel de puesto de trabajo). Hay otros factores más importantes para la movilidad ocupacional como son el nivel de industrialización, la ideología, ya sea política, religiosa o cultural, imperante en un país y el nivel de envidia de la sociedad.
La envidia, que existe en todas las sociedades, pero no en el mismo grado, se convierte en una clave esencial para entender este concepto. En un país en que se alaba al que consigue superarse es más probable que haya más movilidad ocupacional y, por el contrario, si se desprecia al que más se esfuerza y consigue cotas más altas habrá menos movilidad.
Los países con mejores niveles de movilidad social son los escandinavos. España se encuentra en una zona media en Europa. Chile es otro de los países más justos.
Gran Bretaña y USA, aunque pudiera parecer lo contrario por aquello de la tierra de las oportunidades, tienen unos niveles de movilidad social bastante bajos debido a un sistema de enseñanza en que lo privado prima sobre lo público. Sus universidades son magníficas, pero hay que pagarlas y sólo pueden estudiar en ellas los ricos o los pobres hiperdotados.
La meritocracia es, a mi juicio, el sistema más justo para construir una sociedad. No hay que hablar de igualdad a secas, sino de igualdad de oportunidades.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Sobrecualificación
Según cifras recientemente publicadas, el 31% de los trabajadores españoles están sobrecualificados respecto al trabajo que realizan. Cifra mucho más elevada que en la UE que es del 19%.
Se da la gran paradoja de que jamás en la historia de nuestro país la población ha estado tan preparada y, a la vez, nunca ha existido tanto paro.
Surgen varias preguntas:
1. Preparados ¿para qué?.
2. La cualificación profesional ¿es sinónimo de empleo?.
3. ¿Trabaja mejor el que tiene más títulos?.
4. La enseñanza universitaria ¿se debe enfocar sólo al empleo?.
Me salen mejor las preguntas que las respuestas.
La formación integral de la persona es esencial para que una sociedad sea lo más justa y equitativa posible. Pero, al menos es España, esa formación va dirigida casi en exclusiva a conseguir en el futuro un trabajo. No se pretende formar personas sino trabajadores.
Este enfoque de los estudios trae consigo muchos de los males que nos azotan. Se invierte demasiado en conseguir arquitectos, ingenieros, médicos o dietistas, todos ellos necesarios, y nos olvidamos que, sin una formación integral, nos va a faltar gente con sueños, ideas, imaginación, con novedades, con capacidad de innovación, con inquietudes científicas, que son curiosamente los que crearán los empleos para que los universitarios trabajen.
Nacemos con un potencial creativo impresionante, con una diversidad asombrosa, producto de millones de años de evolución. Pero desde que nacemos, la mal llamada educación, yo diría des-educación, no intenta potenciar lo que traemos de fábrica sino que pretende justo lo contrario, homogeneizarnos, que seamos lo más parecidos posible, desterrar la creatividad y la diversidad e imponer la memorización absurda de los reyes godos y el sistema periódico. Los diferentes son mal vistos, peligrosos. Cuanto más igualitos seamos, más posibilidades (supuestamente) tendremos de trabajar por cuenta ajena (por cuenta propia es demasiado arriesgado).
De esta manera empieza una carrera de obstáculos y, desde los tres años, te sientan en un pupitre para prepararte la memoria (no la capacidad de inventar o crear) y empiezan a obligarte a memorizar una ingente cantidad de datos, no para que los recuerdes todos cuando seas mayor, sino para preparar la memoria que te servirá en el futuro para aprobar el bachillerato, la selectividad, la licenciatura, los máster y, por último, la oposición. Pero pobre de aquel que no sea capaz de sentar el culo en la silla de memorización colectiva durante seis horas al día. El niño de seis años que no sea capaz de eso es “anormal”, tiene déficit de atención o simplemente es rebelde y hay que domarlo o, en último extremo medicar, al diferente.
Pero el “normal”, consigue terminar sus estudios con gran éxito y se tiene que enfrentar con la “OPOSICION”, porque no hay tantas plazas como licenciados. Los que han conseguido tener mejor memoria la aprueban. Pero los que no consiguen superarla, se encuentran de pronto con un título, que supuestamente les iba a dar trabajo, pero a la hora de la verdad es papel mojado, y como sólo se les pedía memoria y no creatividad, que la dejaron en el pupitre, no tienen capacidad de crear empleo y se tienen que conformar con que alguien les dé trabajo en lo que sea.
No hay sobrecualificación en España. Hay un exceso de DES-EDUCACIÓN y, este exceso de des-educación, lleva a que existan muchos demandantes de empleo y pocos creadores.
Se da la gran paradoja de que jamás en la historia de nuestro país la población ha estado tan preparada y, a la vez, nunca ha existido tanto paro.
Surgen varias preguntas:
1. Preparados ¿para qué?.
2. La cualificación profesional ¿es sinónimo de empleo?.
3. ¿Trabaja mejor el que tiene más títulos?.
4. La enseñanza universitaria ¿se debe enfocar sólo al empleo?.
Me salen mejor las preguntas que las respuestas.
La formación integral de la persona es esencial para que una sociedad sea lo más justa y equitativa posible. Pero, al menos es España, esa formación va dirigida casi en exclusiva a conseguir en el futuro un trabajo. No se pretende formar personas sino trabajadores.
Este enfoque de los estudios trae consigo muchos de los males que nos azotan. Se invierte demasiado en conseguir arquitectos, ingenieros, médicos o dietistas, todos ellos necesarios, y nos olvidamos que, sin una formación integral, nos va a faltar gente con sueños, ideas, imaginación, con novedades, con capacidad de innovación, con inquietudes científicas, que son curiosamente los que crearán los empleos para que los universitarios trabajen.
Nacemos con un potencial creativo impresionante, con una diversidad asombrosa, producto de millones de años de evolución. Pero desde que nacemos, la mal llamada educación, yo diría des-educación, no intenta potenciar lo que traemos de fábrica sino que pretende justo lo contrario, homogeneizarnos, que seamos lo más parecidos posible, desterrar la creatividad y la diversidad e imponer la memorización absurda de los reyes godos y el sistema periódico. Los diferentes son mal vistos, peligrosos. Cuanto más igualitos seamos, más posibilidades (supuestamente) tendremos de trabajar por cuenta ajena (por cuenta propia es demasiado arriesgado).
De esta manera empieza una carrera de obstáculos y, desde los tres años, te sientan en un pupitre para prepararte la memoria (no la capacidad de inventar o crear) y empiezan a obligarte a memorizar una ingente cantidad de datos, no para que los recuerdes todos cuando seas mayor, sino para preparar la memoria que te servirá en el futuro para aprobar el bachillerato, la selectividad, la licenciatura, los máster y, por último, la oposición. Pero pobre de aquel que no sea capaz de sentar el culo en la silla de memorización colectiva durante seis horas al día. El niño de seis años que no sea capaz de eso es “anormal”, tiene déficit de atención o simplemente es rebelde y hay que domarlo o, en último extremo medicar, al diferente.
Pero el “normal”, consigue terminar sus estudios con gran éxito y se tiene que enfrentar con la “OPOSICION”, porque no hay tantas plazas como licenciados. Los que han conseguido tener mejor memoria la aprueban. Pero los que no consiguen superarla, se encuentran de pronto con un título, que supuestamente les iba a dar trabajo, pero a la hora de la verdad es papel mojado, y como sólo se les pedía memoria y no creatividad, que la dejaron en el pupitre, no tienen capacidad de crear empleo y se tienen que conformar con que alguien les dé trabajo en lo que sea.
No hay sobrecualificación en España. Hay un exceso de DES-EDUCACIÓN y, este exceso de des-educación, lleva a que existan muchos demandantes de empleo y pocos creadores.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Sanidad pública
Pocos aspectos de la vida social suscitan tanto consenso como la bondad del sistema público de salud.
Sin embargo, negros nubarrones se ciernen sobre ella. Es de gran calidad, pero demasiado cara, al menos para los ingresos que obtiene el Estado.
Pero no es cara por los sueldos que se cobran (mucho más bajos que los de nuestro entorno) sino por otras circunstancias fácilmente subsanables, si hay verdadera voluntad para solucionarlos. Todos, en mayor o menor medida, somos responsables de ese gasto excesivo y, por consiguiente, somos responsables de solucionarlos.
Los tres actores principales son:
1. Gestión económica.
Es realmente desastrosa y bochornosa. No se gestiona, simplemente se ingresa y se gasta sin el más mínimo control. Las deudas son desorbitadas y lo único que se ha hecho para reducir los costes no ha sido mediante una gestión eficaz, sino bajando el 5% de los sueldos, cerrando plantas y consultas y retrasando el pago a los proveedores.
¿Porqué se gestiona tan mal?. Porque los gestores no son profesionales. Son médicos/políticos que poco o nada saben de economía. Un ejemplo de pésima gestión es la mala costumbre de crear unidades quirúrgicas de alto nivel, como cirugía cardiaca pediátrica, en todas y cada una de las ciudades españolas. Ello conlleva un gasto extraordinario y no sólo no mejora la calidad sino que la empeora de manera espectacular. Son intervenciones muy complejas y poco frecuentes que, al repartirse entre 50 equipos, ninguno de ellos llega a tener la suficiente experiencia como para tener unos buenos resultados. Es preferible que en toda España hayan dos unidades hiperespecializadas que sean las que lo operen todo. Esos dos equipos conseguirán tener una enorme experiencia y calidad y el coste para el sistema será mucho más pequeño. Pero el político se pone medallas cada vez que abre un nuevo servicio en su pueblo.
2. Personal.
Los médicos tenemos barra libre para solicitar pruebas y poner tratamientos, algunas veces muy caros y sin sentido. No se trabaja de cara a ser más productivo sino para tener los menos problemas posibles en el día a día y, si pidiendo una Resonancia, nos quitamos a un paciente coñazo, la pedimos. Por otro lado está el grave problema del absentismo laboral que, en algunos sectores llega a ser del 30%.
Hay miedo a trabajar según productividad. La igualdad se ha impuesto y gana lo mismo un profesional de primer orden con resultados extraordinarios a nivel mundial que el que resuelve diez veces menos trabajo y con menor calidad. En Medicina están perfectamente estandarizados por procesos la productividad de la inmensa mayoría de acciones que se realizan. Incentivar al buen profesional con más sueldo es equitativo y deseable y, al final, le resulta más rentable al sistema pues hay más posibilidades que el profesional mediocre mejore.
Los pacientes con enfermedades graves, como por ejemplo los que necesitan de un transplante, no tienen conocimiento directo de los resultados que obtienen distintos equipos a nivel español. Sería deseable que se publicaran los resultados que obtiene cada unidad en cada patología de importancia para que el paciente pudiera elegir acudir al mejor centro. A su vez, los mejores centros, a los que acuden más pacientes, deberían ser estimulados pagándoles más y, a los peores, se les restaría dinero.
3. Usuario
Hay tendencia al abuso de servicios cuando son gratuitos (o esa es la impresión de muchos). Cualquier patología, por banal que sea, es subsidiaria de acudir a un servicio de urgencias, al médico de cabecera o incluso exigir pruebas complementarias caras “para quedarse tranquilos”.
Se insiste en acudir al “especialista” por cualquier tontería, cuando éste sólo está para tratar a pacientes complejos que no puede atender el médico de cabecera.
Cualquier prestación pensada para unos pocos que la necesitan se tiende a universalizar, como por ejemplo el calzado ortopédico o las plantillas.
Se aplauden todas las iniciativas que pretenden poner en cada pueblo unidades muy avanzadas, con el inmenso coste y pésima eficacia que ello supone. M
Muchos creen que tienen derecho a todo, cuando sólo tienen derecho a lo que realmente necesitan.
Nuestra Sanidad tiene unos niveles de calidad muy altos y no creo que sean necesarios recortes sino buena gestión por parte de unos y responsabilidad por parte de los demás.
Sin embargo, negros nubarrones se ciernen sobre ella. Es de gran calidad, pero demasiado cara, al menos para los ingresos que obtiene el Estado.
Pero no es cara por los sueldos que se cobran (mucho más bajos que los de nuestro entorno) sino por otras circunstancias fácilmente subsanables, si hay verdadera voluntad para solucionarlos. Todos, en mayor o menor medida, somos responsables de ese gasto excesivo y, por consiguiente, somos responsables de solucionarlos.
Los tres actores principales son:
1. Gestión económica.
Es realmente desastrosa y bochornosa. No se gestiona, simplemente se ingresa y se gasta sin el más mínimo control. Las deudas son desorbitadas y lo único que se ha hecho para reducir los costes no ha sido mediante una gestión eficaz, sino bajando el 5% de los sueldos, cerrando plantas y consultas y retrasando el pago a los proveedores.
¿Porqué se gestiona tan mal?. Porque los gestores no son profesionales. Son médicos/políticos que poco o nada saben de economía. Un ejemplo de pésima gestión es la mala costumbre de crear unidades quirúrgicas de alto nivel, como cirugía cardiaca pediátrica, en todas y cada una de las ciudades españolas. Ello conlleva un gasto extraordinario y no sólo no mejora la calidad sino que la empeora de manera espectacular. Son intervenciones muy complejas y poco frecuentes que, al repartirse entre 50 equipos, ninguno de ellos llega a tener la suficiente experiencia como para tener unos buenos resultados. Es preferible que en toda España hayan dos unidades hiperespecializadas que sean las que lo operen todo. Esos dos equipos conseguirán tener una enorme experiencia y calidad y el coste para el sistema será mucho más pequeño. Pero el político se pone medallas cada vez que abre un nuevo servicio en su pueblo.
2. Personal.
Los médicos tenemos barra libre para solicitar pruebas y poner tratamientos, algunas veces muy caros y sin sentido. No se trabaja de cara a ser más productivo sino para tener los menos problemas posibles en el día a día y, si pidiendo una Resonancia, nos quitamos a un paciente coñazo, la pedimos. Por otro lado está el grave problema del absentismo laboral que, en algunos sectores llega a ser del 30%.
Hay miedo a trabajar según productividad. La igualdad se ha impuesto y gana lo mismo un profesional de primer orden con resultados extraordinarios a nivel mundial que el que resuelve diez veces menos trabajo y con menor calidad. En Medicina están perfectamente estandarizados por procesos la productividad de la inmensa mayoría de acciones que se realizan. Incentivar al buen profesional con más sueldo es equitativo y deseable y, al final, le resulta más rentable al sistema pues hay más posibilidades que el profesional mediocre mejore.
Los pacientes con enfermedades graves, como por ejemplo los que necesitan de un transplante, no tienen conocimiento directo de los resultados que obtienen distintos equipos a nivel español. Sería deseable que se publicaran los resultados que obtiene cada unidad en cada patología de importancia para que el paciente pudiera elegir acudir al mejor centro. A su vez, los mejores centros, a los que acuden más pacientes, deberían ser estimulados pagándoles más y, a los peores, se les restaría dinero.
3. Usuario
Hay tendencia al abuso de servicios cuando son gratuitos (o esa es la impresión de muchos). Cualquier patología, por banal que sea, es subsidiaria de acudir a un servicio de urgencias, al médico de cabecera o incluso exigir pruebas complementarias caras “para quedarse tranquilos”.
Se insiste en acudir al “especialista” por cualquier tontería, cuando éste sólo está para tratar a pacientes complejos que no puede atender el médico de cabecera.
Cualquier prestación pensada para unos pocos que la necesitan se tiende a universalizar, como por ejemplo el calzado ortopédico o las plantillas.
Se aplauden todas las iniciativas que pretenden poner en cada pueblo unidades muy avanzadas, con el inmenso coste y pésima eficacia que ello supone. M
Muchos creen que tienen derecho a todo, cuando sólo tienen derecho a lo que realmente necesitan.
Nuestra Sanidad tiene unos niveles de calidad muy altos y no creo que sean necesarios recortes sino buena gestión por parte de unos y responsabilidad por parte de los demás.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Bravos y mansos
A los toros se les clasifica como bravos o mansos dependiendo del comportamiento que tienen en la plaza, de la lucha que establecen ante una agresión.
Curiosamente, en los seres humanos, esta distinción también se da. Hay personas que nacen mansas y otras bravas....y no parece que la educación tenga nada que ver en ello.La manera de defenderse de las imposiciones de los demás, de lo que cada cual considera injusticia, es completamente diferente en unos y otros. Y esta distinta manera de reaccionar se produce prácticamente desde el nacimiento.
Poneos a pensar en distintas personas que conozcáis y os daréis cuenta lo fácil que es clasificarlos en uno u otro grupo.
El bravo es rebelde, lucha y se enfrenta a lo que considera injusto, sabe decir que no cuando no está de acuerdo, manifiesta sus ideas en cualquier situación y ante cualquiera. Tiene una agresividad "asertiva", abierta, no se la guarda. Es expansivo.
El manso prefiere adaptarse a los demás para evitar enfrentamientos. Se calla para evitar mostrar su desacuerdo. Cuando le agreden agacha la cabeza y aguanta el chaparrón. Se achanta cuando se le enfrentan. Sin embargo puede ser igual o más agresivo que el bravo, porque la va guardando en vez de expresarla abiertamente y cuando estalla......estalla.
Las dos características forman parte del temperamento y, en consecuencia, son genéticas. Pero la genética predispone, no determina. Ser bravo o manso no es positivo ni negativo, sólo depende de como gestionemos esas actitudes.
Un bravo puede ser un rebelde "sin causa", un individuo que se opone sistemáticamente a todo sin ofrecer posibilidades alternativas, puede ser destructivo sin construir posteriormente, es el que justifica su mala educación y su manía de insultar en que es "muy sincero". Puede tener miedo, pero ese miedo lo emplea en agresividad/actividad.
Por contra, la bravura bien gestionada es rebelde "con causa", un ser que, ante la injusticia o ante lo que está mal, no duda en cambiarlo y es capaz de enfrentarse al mundo para mejorarlo. La bravura la emplea para construir, para crear algo diferente.
En lo político no son de derechas ni de izquierdas (que poco me gustan estas expresiones), tienden a ser "progresistas", siempre dispuestos a cambiar. En Cuba serían anti-marxistas y en USA tenderían a ser de izquierdas.
Un manso no se rebela casi nunca. Traga, consiente demasiado, incluso que le falten al respeto. No destruye lo que está mal, tiende a justificarlo y abogar, en todo caso, por reformarlo "un poco". Siente demasiado miedo a los cambios bruscos. El miedo le paraliza y le hace aferrarse de manera aún más fuerte a lo conocido, por malo que sea.
Por contra, la mansedumbre bien gestionada tiende a negociar, a crear buen ambiente, a dialogar, a formar grupos poco jerárquicos, sin líderes de ordeno y mando, en que cada uno tiene voz. Sabe trabajar en equipo y tender puentes.
Tienden a ser conservadores. En Cuba serían comunistas y en USA capitalistas.
Me confieso bravo.
Curiosamente, en los seres humanos, esta distinción también se da. Hay personas que nacen mansas y otras bravas....y no parece que la educación tenga nada que ver en ello.La manera de defenderse de las imposiciones de los demás, de lo que cada cual considera injusticia, es completamente diferente en unos y otros. Y esta distinta manera de reaccionar se produce prácticamente desde el nacimiento.
Poneos a pensar en distintas personas que conozcáis y os daréis cuenta lo fácil que es clasificarlos en uno u otro grupo.
El bravo es rebelde, lucha y se enfrenta a lo que considera injusto, sabe decir que no cuando no está de acuerdo, manifiesta sus ideas en cualquier situación y ante cualquiera. Tiene una agresividad "asertiva", abierta, no se la guarda. Es expansivo.
El manso prefiere adaptarse a los demás para evitar enfrentamientos. Se calla para evitar mostrar su desacuerdo. Cuando le agreden agacha la cabeza y aguanta el chaparrón. Se achanta cuando se le enfrentan. Sin embargo puede ser igual o más agresivo que el bravo, porque la va guardando en vez de expresarla abiertamente y cuando estalla......estalla.
Las dos características forman parte del temperamento y, en consecuencia, son genéticas. Pero la genética predispone, no determina. Ser bravo o manso no es positivo ni negativo, sólo depende de como gestionemos esas actitudes.
Un bravo puede ser un rebelde "sin causa", un individuo que se opone sistemáticamente a todo sin ofrecer posibilidades alternativas, puede ser destructivo sin construir posteriormente, es el que justifica su mala educación y su manía de insultar en que es "muy sincero". Puede tener miedo, pero ese miedo lo emplea en agresividad/actividad.
Por contra, la bravura bien gestionada es rebelde "con causa", un ser que, ante la injusticia o ante lo que está mal, no duda en cambiarlo y es capaz de enfrentarse al mundo para mejorarlo. La bravura la emplea para construir, para crear algo diferente.
En lo político no son de derechas ni de izquierdas (que poco me gustan estas expresiones), tienden a ser "progresistas", siempre dispuestos a cambiar. En Cuba serían anti-marxistas y en USA tenderían a ser de izquierdas.
Un manso no se rebela casi nunca. Traga, consiente demasiado, incluso que le falten al respeto. No destruye lo que está mal, tiende a justificarlo y abogar, en todo caso, por reformarlo "un poco". Siente demasiado miedo a los cambios bruscos. El miedo le paraliza y le hace aferrarse de manera aún más fuerte a lo conocido, por malo que sea.
Por contra, la mansedumbre bien gestionada tiende a negociar, a crear buen ambiente, a dialogar, a formar grupos poco jerárquicos, sin líderes de ordeno y mando, en que cada uno tiene voz. Sabe trabajar en equipo y tender puentes.
Tienden a ser conservadores. En Cuba serían comunistas y en USA capitalistas.
Me confieso bravo.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Elecciones generales
Según la encuesta del CIS, así quedarían las elecciones. A la izquierda pongo el número de escaños que cada partido conseguiría con un reparto equitativo según votos y a la derecha, entre paréntesis, los que sacarán según la actual ley (D´Hunt).
PP 166 (192-196)
PSOE 112 (110-113)
IU 32 (11)
UPyD 15 (2)
CIU 12 (14)
PNV 4 (5)
ERC 3 (3)
BNG 2 (2)
Amaiur 2 (4-5)
CC 1 (2)
Compr 1 (1)
Según estos resultados,mis conclusiones son:
1. España es bipartidista.
2. Con un reparto proporcional directo, las cosas cambian, pero no tanto. El PP tendría casi la mayoría absoluta.
3. Los pequeños partidos nacionales (IU y UPyD) son lo claros perdedores con el sistema D´Hunt.
4. Los partidos nacionalistas y el partido mayoritario (en este caso el PP) los que más se benefician del reparto según la actual Ley electoral.
5. Los españoles sienten gran simpatía por el movimiento 15-M (el 75%), pero ninguna confianza. El partido que más se acerca a sus propuesta (IU) sólo obtendría un 8.8 % de los votos.
PP 166 (192-196)
PSOE 112 (110-113)
IU 32 (11)
UPyD 15 (2)
CIU 12 (14)
PNV 4 (5)
ERC 3 (3)
BNG 2 (2)
Amaiur 2 (4-5)
CC 1 (2)
Compr 1 (1)
Según estos resultados,mis conclusiones son:
1. España es bipartidista.
2. Con un reparto proporcional directo, las cosas cambian, pero no tanto. El PP tendría casi la mayoría absoluta.
3. Los pequeños partidos nacionales (IU y UPyD) son lo claros perdedores con el sistema D´Hunt.
4. Los partidos nacionalistas y el partido mayoritario (en este caso el PP) los que más se benefician del reparto según la actual Ley electoral.
5. Los españoles sienten gran simpatía por el movimiento 15-M (el 75%), pero ninguna confianza. El partido que más se acerca a sus propuesta (IU) sólo obtendría un 8.8 % de los votos.
domingo, 30 de octubre de 2011
La palabra mágica: NO
Comprendo lo difícil que es decir que no. Tan difícil como imprescindible para la salud emocional.
Hay personas que parece que llevan un cartel en la frente que dice: venid a mí con vuestros problemas. Y los que llevan ese cartel consiguen que acudan cientos a esa llamada invisible.
Y sólo consigo encontrar tres maneras de afrontar este hecho:
1. “Ser altruista” y ayudar, aún en contra de lo que sientes al hacerlo. Pero esto desgasta y, sobre todo, amplías el cartelito de la frente y más moscas acuden hasta llegar al agotamiento y la decepción. En ocasiones se puede terminar con la famosa frase del “doy más de lo que recibo” o la otra: “y yo cuando recibo”.
2. “Ser egoísta”. El bienestar propio está por encima del bienestar de los demás. Puede llegar a guiar hacia el egocentrismo y a crear unas relaciones insanas que, finalmente, redundan en contra del bienestar que perseguimos.
3. “Ser natural”. Lo intermedio entre el altruismo buenista, en última instancia, “dar a los demás para que me quieran y así ayudarme a quererme más” y el egocéntrico “no dar, sólo recibir porque me lo merezco”. Ese ser natural implica indagar en nuestros sentimientos y sensaciones para dar sólo aquello que realmente queremos dar y no lo que nos exigen/autoimponemos por la imagen de “bueno” que tenemos o, sobre todo, nos han inculcado.
La cultura y moral judeocristiana tiene mucho que ver en el altruismo autodestructivo. Nos meten desde pequeños un chip en el cerebro en el que lo importante no es lo que quieres, sino lo que se espera de ti. De esta concepción nace la sacralización del sacrificio, la bendición del sufrimiento, la obediencia ciega.
Busca en tu manera de relacionarte con los demás lo que haces para que se enganchen a ti. Cuando lo encuentres y lo cambies notarás que las exigencias de los demás bajarán en la misma medida que tu capacidad de ayudar aumentará, porque empezarás a auxiliar porque sale de ti y no porque te lo exigen/ autoimpones. Dejar de ser altruista o egoísta y empezar a ser “natural”.
Hay personas que parece que llevan un cartel en la frente que dice: venid a mí con vuestros problemas. Y los que llevan ese cartel consiguen que acudan cientos a esa llamada invisible.
Y sólo consigo encontrar tres maneras de afrontar este hecho:
1. “Ser altruista” y ayudar, aún en contra de lo que sientes al hacerlo. Pero esto desgasta y, sobre todo, amplías el cartelito de la frente y más moscas acuden hasta llegar al agotamiento y la decepción. En ocasiones se puede terminar con la famosa frase del “doy más de lo que recibo” o la otra: “y yo cuando recibo”.
2. “Ser egoísta”. El bienestar propio está por encima del bienestar de los demás. Puede llegar a guiar hacia el egocentrismo y a crear unas relaciones insanas que, finalmente, redundan en contra del bienestar que perseguimos.
3. “Ser natural”. Lo intermedio entre el altruismo buenista, en última instancia, “dar a los demás para que me quieran y así ayudarme a quererme más” y el egocéntrico “no dar, sólo recibir porque me lo merezco”. Ese ser natural implica indagar en nuestros sentimientos y sensaciones para dar sólo aquello que realmente queremos dar y no lo que nos exigen/autoimponemos por la imagen de “bueno” que tenemos o, sobre todo, nos han inculcado.
La cultura y moral judeocristiana tiene mucho que ver en el altruismo autodestructivo. Nos meten desde pequeños un chip en el cerebro en el que lo importante no es lo que quieres, sino lo que se espera de ti. De esta concepción nace la sacralización del sacrificio, la bendición del sufrimiento, la obediencia ciega.
Busca en tu manera de relacionarte con los demás lo que haces para que se enganchen a ti. Cuando lo encuentres y lo cambies notarás que las exigencias de los demás bajarán en la misma medida que tu capacidad de ayudar aumentará, porque empezarás a auxiliar porque sale de ti y no porque te lo exigen/ autoimpones. Dejar de ser altruista o egoísta y empezar a ser “natural”.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Sintiendo y pensando
La teoría nos la sabemos perfectamente. Los libros de autoayuda (que horror la mayoría de ellos) campan por sus anchas en las librerías. Nos conocemos al dedillo las mil y una maneras de afrontar nuestra vida con grandes posibilidades de éxito y felicidad. Pero a la hora de aplicar esas recetas tan “lógicas” fallamos una y otra vez.
Son fórmulas generadas desde el pensamiento y puestas en práctica por un ser pensante….y con emociones. Y son precisamente estas emociones las que se rebelan una y otra vez contra la teoría.
Nos educan desde una base puramente racional (no hay más que ver las materias que estudian nuestros hijos) y nos dejan analfabetos del mundo de las emociones. Resultado: no sabemos que hacer con ellas, no las sabemos manejar y, si no las manejamos, ellas nos manejarán y no sabremos por donde nos vienen las tortas que nos estamos dando nosotros mismos.
Me imagino que cada uno tendrá que aprender su propio camino, su manera especial y única de conocerse, ayudado del pensamiento racional, sí, pero no sólo de él. En mis momentos peores me he dejado “violar” por mis miedos, iras, rabias, dependencias, apegos, angustias, traumas, decepciones, alegrías, amores y pérdidas, recuerdos y sueños. Me he entregado a ellos sin huirlos, sintiéndolos…para comprenderlos. Y cuando los he entendido se me ha abierto un nuevo mundo, una forma diferente de sentir, actuar e incluso pensar.
Son fórmulas generadas desde el pensamiento y puestas en práctica por un ser pensante….y con emociones. Y son precisamente estas emociones las que se rebelan una y otra vez contra la teoría.
Nos educan desde una base puramente racional (no hay más que ver las materias que estudian nuestros hijos) y nos dejan analfabetos del mundo de las emociones. Resultado: no sabemos que hacer con ellas, no las sabemos manejar y, si no las manejamos, ellas nos manejarán y no sabremos por donde nos vienen las tortas que nos estamos dando nosotros mismos.
Me imagino que cada uno tendrá que aprender su propio camino, su manera especial y única de conocerse, ayudado del pensamiento racional, sí, pero no sólo de él. En mis momentos peores me he dejado “violar” por mis miedos, iras, rabias, dependencias, apegos, angustias, traumas, decepciones, alegrías, amores y pérdidas, recuerdos y sueños. Me he entregado a ellos sin huirlos, sintiéndolos…para comprenderlos. Y cuando los he entendido se me ha abierto un nuevo mundo, una forma diferente de sentir, actuar e incluso pensar.
domingo, 23 de octubre de 2011
Balance provisional de la catástrofe
Extracto del artículo “Balance provisional de la catástrofe
Publicado en El Pais por César Molinas.
……….Las estructuras básicas de nuestro mercado laboral y de la negociación colectiva siguen siendo las que se heredaron del franquismo en 1975: fueron diseñadas para una economía autárquica y corporativista. Las elevadas indemnizaciones por despido, causa importante de la temporalidad y del miedo empresarial a contratar, responden al paternalismo de un régimen para el que no existía el concepto de desempleo y, por tanto, no lo aseguraba. Ahora sí se asegura. La negociación colectiva, con su estructura jerárquica de convenios, tiene sus raíces en los antiguos sindicatos verticales y sigue siendo terriblemente eficaz a la hora de conseguir que los incrementos salariales no tengan nada que ver con los aumentos de productividad.
Así no hay economía que pueda funcionar. En 1986, España se integró en la Unión Europea, no en la Unión Soviética, mal que les pese todavía a algunos. Debemos ser consistentes en el entorno en el que estamos obligados a competir, y para eso no hace falta inventar nada: basta copiar lo que está funcionando bien en los Estados miembros que tienen tasas de desempleo de un solo dígito. En esa dirección van la propuesta de un contrato laboral único con costes de despido crecientes con la antigüedad, y la propuesta de flexibilización de la negociación colectiva para dar protagonismo a la negociación en el ámbito de la empresa. ……..
………El éxito en la salida de la crisis, por una parte, y en los objetivos democratizador y europeo, por otra, contribuyeron a consolidar a los interlocutores sociales, de modo que estos acabaron disfrutando de una representatividad de facto que iba mucho más allá de la de sus meros afiliados, que es lo único que reconoce la Constitución. Gobiernos de izquierda y de derecha han otorgado a los sindicatos una tutela y un veto implícitos sobre todo "lo social". A ello se debe, por ejemplo, el enorme retraso en la reforma de las pensiones y el fracaso de cualquier intento de reforma en profundidad del mercado laboral. Como escribió un comentarista, los sindicatos se han convertido en la columna vertebral del establishment contrario a la reforma estructural.
Es urgentísimo hacer una reforma profunda del mercado de trabajo, y es muy probable que haya que hacerla contra los sindicatos. Pues bien, hágase. Sí, conllevará un cambio en nuestro sistema político, pero un cambio en la buena dirección: la de dar plena soberanía al Parlamento en temas que, hasta ahora, le llegaban filtrados, cuando le llegaban………
…………..El consenso de 1978 tuvo el gran acierto de integrar los nacionalismos históricos. Era, por aquel entonces, un tema peliagudo -y lo sigue siendo-. La vía elegida para hacerlo fue el Estado de las autonomías, versión café para todos. A lo largo de tres décadas, la descentralización del Estado ha sido muy grande. Salvo en las comunidades forales, que recaudan sus propios tributos, el gasto público se ha descentralizado mucho más que los ingresos y se han producido disfunciones entre las decisiones de gastar y las de recaudar………………
La crisis de moral y de valores
Escribí hace algún tiempo en este periódico que la acumulación de derechos sin contrapartida por el lado de los deberes embrutece a las masas. Esto, más por ignorancia que por otra cosa, escandalizó a algunos, que lo consideraron una ocurrencia mía provocadora y deleznable. No es así: este pensamiento tiene firmes raíces en Ortega y en Kant. Lo ilustraré con un ejemplo. El derecho a no ser despedido del trabajo arbitrariamente tiene que tener como contrapartida el deber de ir a trabajar. Si eso no ocurre, se produce el absentismo laboral, que es una verdadera plaga en las empresas españolas.
Nuestra democracia ha puesto mucho más énfasis en publicitar derechos que en reclamar deberes, y así no puede funcionar bien: ya dijo Montesquieu que la democracia se basa en la virtud, es decir, en el cumplimiento de las obligaciones. La clase política se ha dedicado a adular a las masas para conseguir votos, haciéndoles creer que tienen derecho no solo a recibir algo a cambio de nada, sino de recibirlo a perpetuidad. Todo el mundo tiene derecho a un AVE y a un aeropuerto cerca de su casa, sin ir más lejos. Hay unos Reyes Magos o un Papá Noel implícitos en la democracia española: nunca se menciona quién paga los regalos, quién financia esos derechos sin contrapartida.
En ese caldo de cultivo, la burbuja inmobiliaria empeoró mucho las cosas. Hay pocas cosas tan corruptoras como una burbuja inmobiliaria. Probablemente, el narcotráfico a gran escala que sufren algunos países de América Latina sea peor, pero no se me ocurren más ejemplos. En España, la burbuja ha corrompido a las Administraciones Públicas, muy particularmente a las territoriales, que son las que acaban teniendo la capacidad de decisión sobre dónde y sobre qué se construye; ha corrompido a los partidos políticos sin distinción de credo; ha corrompido a los empresarios en busca de recalificaciones o de permisos de edificación; ha vaciado las escuelas en beneficio del ladrillo o de la hostelería, causando un fracaso escolar masivo y creando grandes bolsas de jóvenes sin ninguna cualificación y con un futuro laboral muy incierto, y ha potenciado un sobredimensionamiento del Estado que ahora resulta financieramente insostenible. El paisaje después de la burbuja es desolador.
Lo ocurrido con las cajas de ahorros es muy ilustrativo de la crisis de moral que nos aflige. Hay una máxima en finanzas que establece que la mejor manera de robar un banco es tener uno. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro país. Las cajas no tienen dueño y nunca han estado gestionadas por angelitos, pero cuando se descentralizó su tutela, pasando esta a corresponder a las comunidades autónomas, la situación cambió a peor. A partir de ese momento, los políticos territoriales no solo decidían dónde y qué se construía, sino, además, quién construía, es decir, qué proyectos tenían financiación y cuáles no.
Todos los partidos políticos, sin ninguna excepción, han intentado controlar las cajas de sus territorios y casi siempre -con alguna grandísima y honrosísima excepción- lo han conseguido. El resultado ha sido catastrófico: de las 45 cajas que había al principio de la crisis no queda hoy en día mucho más allá de media docena de instituciones viables.
Los medios de comunicación han recogido con profusión el saqueo de algunas cajas por parte de sus directivos y de los Gobiernos autonómicos a cuya tutela estaban encomendadas. No están todas las que son, pero es bueno que estas cosas se publiquen.
Mientras ocurría todo esto, ¿por qué no actuaba el Banco de España? Solo se me ocurren tres posibles respuestas: porque no sabía; porque no podía, o porque no quería. Cualquiera de las tres da pie a preguntas muy incómodas. Por razones de salud democrática, creo que estaría bien que el próximo Congreso de los Diputados hiciera estas preguntas……………………….
Posdata
Las crisis son tiempo de tribulación, pero también tiempo de oportunidades. La España de 2011 no es la de 1978: no solo ha progresado mucho, sino que tiene potencial para mejorar mucho más. Algunas de las mejores empresas del mundo son españolas. Algunas empresas españolas son líderes tecnológicos mundiales en su sector. Las empresas españolas están compitiendo en los mercados globales y ganando cuota de exportación.
Hay que liberar el potencial de la economía para acabar con las lacras del desempleo, de los subsidios permanentes y de la corrupción. Para ello hay que tratar a los españoles no como menores de edad, sino como ciudadanos. En vez de adularles, hay que razonarles por qué son necesarias las reformas estructurales. Y hay que ponerlas en práctica. La campaña electoral que ahora empezará es una buena ocasión para el debate.
Publicado en El Pais por César Molinas.
……….Las estructuras básicas de nuestro mercado laboral y de la negociación colectiva siguen siendo las que se heredaron del franquismo en 1975: fueron diseñadas para una economía autárquica y corporativista. Las elevadas indemnizaciones por despido, causa importante de la temporalidad y del miedo empresarial a contratar, responden al paternalismo de un régimen para el que no existía el concepto de desempleo y, por tanto, no lo aseguraba. Ahora sí se asegura. La negociación colectiva, con su estructura jerárquica de convenios, tiene sus raíces en los antiguos sindicatos verticales y sigue siendo terriblemente eficaz a la hora de conseguir que los incrementos salariales no tengan nada que ver con los aumentos de productividad.
Así no hay economía que pueda funcionar. En 1986, España se integró en la Unión Europea, no en la Unión Soviética, mal que les pese todavía a algunos. Debemos ser consistentes en el entorno en el que estamos obligados a competir, y para eso no hace falta inventar nada: basta copiar lo que está funcionando bien en los Estados miembros que tienen tasas de desempleo de un solo dígito. En esa dirección van la propuesta de un contrato laboral único con costes de despido crecientes con la antigüedad, y la propuesta de flexibilización de la negociación colectiva para dar protagonismo a la negociación en el ámbito de la empresa. ……..
………El éxito en la salida de la crisis, por una parte, y en los objetivos democratizador y europeo, por otra, contribuyeron a consolidar a los interlocutores sociales, de modo que estos acabaron disfrutando de una representatividad de facto que iba mucho más allá de la de sus meros afiliados, que es lo único que reconoce la Constitución. Gobiernos de izquierda y de derecha han otorgado a los sindicatos una tutela y un veto implícitos sobre todo "lo social". A ello se debe, por ejemplo, el enorme retraso en la reforma de las pensiones y el fracaso de cualquier intento de reforma en profundidad del mercado laboral. Como escribió un comentarista, los sindicatos se han convertido en la columna vertebral del establishment contrario a la reforma estructural.
Es urgentísimo hacer una reforma profunda del mercado de trabajo, y es muy probable que haya que hacerla contra los sindicatos. Pues bien, hágase. Sí, conllevará un cambio en nuestro sistema político, pero un cambio en la buena dirección: la de dar plena soberanía al Parlamento en temas que, hasta ahora, le llegaban filtrados, cuando le llegaban………
…………..El consenso de 1978 tuvo el gran acierto de integrar los nacionalismos históricos. Era, por aquel entonces, un tema peliagudo -y lo sigue siendo-. La vía elegida para hacerlo fue el Estado de las autonomías, versión café para todos. A lo largo de tres décadas, la descentralización del Estado ha sido muy grande. Salvo en las comunidades forales, que recaudan sus propios tributos, el gasto público se ha descentralizado mucho más que los ingresos y se han producido disfunciones entre las decisiones de gastar y las de recaudar………………
La crisis de moral y de valores
Escribí hace algún tiempo en este periódico que la acumulación de derechos sin contrapartida por el lado de los deberes embrutece a las masas. Esto, más por ignorancia que por otra cosa, escandalizó a algunos, que lo consideraron una ocurrencia mía provocadora y deleznable. No es así: este pensamiento tiene firmes raíces en Ortega y en Kant. Lo ilustraré con un ejemplo. El derecho a no ser despedido del trabajo arbitrariamente tiene que tener como contrapartida el deber de ir a trabajar. Si eso no ocurre, se produce el absentismo laboral, que es una verdadera plaga en las empresas españolas.
Nuestra democracia ha puesto mucho más énfasis en publicitar derechos que en reclamar deberes, y así no puede funcionar bien: ya dijo Montesquieu que la democracia se basa en la virtud, es decir, en el cumplimiento de las obligaciones. La clase política se ha dedicado a adular a las masas para conseguir votos, haciéndoles creer que tienen derecho no solo a recibir algo a cambio de nada, sino de recibirlo a perpetuidad. Todo el mundo tiene derecho a un AVE y a un aeropuerto cerca de su casa, sin ir más lejos. Hay unos Reyes Magos o un Papá Noel implícitos en la democracia española: nunca se menciona quién paga los regalos, quién financia esos derechos sin contrapartida.
En ese caldo de cultivo, la burbuja inmobiliaria empeoró mucho las cosas. Hay pocas cosas tan corruptoras como una burbuja inmobiliaria. Probablemente, el narcotráfico a gran escala que sufren algunos países de América Latina sea peor, pero no se me ocurren más ejemplos. En España, la burbuja ha corrompido a las Administraciones Públicas, muy particularmente a las territoriales, que son las que acaban teniendo la capacidad de decisión sobre dónde y sobre qué se construye; ha corrompido a los partidos políticos sin distinción de credo; ha corrompido a los empresarios en busca de recalificaciones o de permisos de edificación; ha vaciado las escuelas en beneficio del ladrillo o de la hostelería, causando un fracaso escolar masivo y creando grandes bolsas de jóvenes sin ninguna cualificación y con un futuro laboral muy incierto, y ha potenciado un sobredimensionamiento del Estado que ahora resulta financieramente insostenible. El paisaje después de la burbuja es desolador.
Lo ocurrido con las cajas de ahorros es muy ilustrativo de la crisis de moral que nos aflige. Hay una máxima en finanzas que establece que la mejor manera de robar un banco es tener uno. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro país. Las cajas no tienen dueño y nunca han estado gestionadas por angelitos, pero cuando se descentralizó su tutela, pasando esta a corresponder a las comunidades autónomas, la situación cambió a peor. A partir de ese momento, los políticos territoriales no solo decidían dónde y qué se construía, sino, además, quién construía, es decir, qué proyectos tenían financiación y cuáles no.
Todos los partidos políticos, sin ninguna excepción, han intentado controlar las cajas de sus territorios y casi siempre -con alguna grandísima y honrosísima excepción- lo han conseguido. El resultado ha sido catastrófico: de las 45 cajas que había al principio de la crisis no queda hoy en día mucho más allá de media docena de instituciones viables.
Los medios de comunicación han recogido con profusión el saqueo de algunas cajas por parte de sus directivos y de los Gobiernos autonómicos a cuya tutela estaban encomendadas. No están todas las que son, pero es bueno que estas cosas se publiquen.
Mientras ocurría todo esto, ¿por qué no actuaba el Banco de España? Solo se me ocurren tres posibles respuestas: porque no sabía; porque no podía, o porque no quería. Cualquiera de las tres da pie a preguntas muy incómodas. Por razones de salud democrática, creo que estaría bien que el próximo Congreso de los Diputados hiciera estas preguntas……………………….
Posdata
Las crisis son tiempo de tribulación, pero también tiempo de oportunidades. La España de 2011 no es la de 1978: no solo ha progresado mucho, sino que tiene potencial para mejorar mucho más. Algunas de las mejores empresas del mundo son españolas. Algunas empresas españolas son líderes tecnológicos mundiales en su sector. Las empresas españolas están compitiendo en los mercados globales y ganando cuota de exportación.
Hay que liberar el potencial de la economía para acabar con las lacras del desempleo, de los subsidios permanentes y de la corrupción. Para ello hay que tratar a los españoles no como menores de edad, sino como ciudadanos. En vez de adularles, hay que razonarles por qué son necesarias las reformas estructurales. Y hay que ponerlas en práctica. La campaña electoral que ahora empezará es una buena ocasión para el debate.
viernes, 21 de octubre de 2011
martes, 18 de octubre de 2011
Memoria y olvido
Se enseña a guardar en la memoria una enorme cantidad de datos. Se fabrican reglas nemotécnicas que faciliten la labor. Obtienen mejores notas aquellos alumnos que mejor memorizan y tienen más posibilidades de tener una plaza en propiedad en la Administración los que más datos (la mayoría inútiles) son capaces de almacenar en sus “discos duros”.
Pienso que la memoria, que tiene sus obvias ventajas, está sobrevalorada y muy potenciada.
Sin embargo, ¿quién nos enseña a olvidar?
En muchas ocasiones, los recuerdos son un lastre que entorpecen nuestro caminar.
Para olvidar, de verdad, hay que perdonar. La frase “perdono pero no olvido” en realidad conlleva el uso de la palabra perdón, pero no el hecho de perdonar y, lo que no se perdona, nos sigue afectando. Prefiero usar “perdono, olvido y aprendo”.
Pienso que la memoria, que tiene sus obvias ventajas, está sobrevalorada y muy potenciada.
Sin embargo, ¿quién nos enseña a olvidar?
En muchas ocasiones, los recuerdos son un lastre que entorpecen nuestro caminar.
Para olvidar, de verdad, hay que perdonar. La frase “perdono pero no olvido” en realidad conlleva el uso de la palabra perdón, pero no el hecho de perdonar y, lo que no se perdona, nos sigue afectando. Prefiero usar “perdono, olvido y aprendo”.
viernes, 14 de octubre de 2011
Para tí
Las palabras son sólo eso, palabras. Por eso, si alguna vez lees esto no hagas demasiado caso a este loco filósofo. Busca en tu recuerdo las sonrisas, los abrazos, los besos, las miradas eternas. Siente si has sido amada, respetada.
He intentado ser el mar de la calma al que acudir para compartir silencios, la ola que te envuelve pero no te asfixia, el árbol que te cobija pero no te ata a sus raíces.
He preferido contemplar el río de tu vida, a veces turbulento, a veces sosegado. No he construido presas que te atrapen, sino puentes que te sitúen cuando estás perdida.
No lloro tus lágrimas porque tu tristeza te pertenece, pero te doy mis hombros para que te sientas cobijada.
Sólo contigo me siento único.
He intentado ser el mar de la calma al que acudir para compartir silencios, la ola que te envuelve pero no te asfixia, el árbol que te cobija pero no te ata a sus raíces.
He preferido contemplar el río de tu vida, a veces turbulento, a veces sosegado. No he construido presas que te atrapen, sino puentes que te sitúen cuando estás perdida.
No lloro tus lágrimas porque tu tristeza te pertenece, pero te doy mis hombros para que te sientas cobijada.
Sólo contigo me siento único.
Soluciones para una crisis
Parece que nadie tiene la varita mágica para salir de esta crisis. Yo, menos que nadie. Pero me llaman la atención las reacciones ante la crisis. Y hablo de reacciones como algo negativo. Muchas veces, el que reacciona es que previamente no ha entrado en acción. El mundo de la reacción tiene mucho de queja y nada de solución.
Y en estas reacciones hay mucho de defender lo propio atacando lo ajeno. Son los demás los que tienen que pagar y yo dedicarme a defender mi parcelita. Cada cual aporta soluciones en las que los damnificados sean los otros.
Los pobres no quieren que se les recorten las ayudas. La clase media está harta de pagar siempre los platos rotos. Los ricos dicen que pagando más impuestos no se resuelve nada. Cada uno a lo suyo.
Y a la hora de encontrar culpables es aún más fácil. Los culpables son los otros.
Mientras perdamos tiempo y energía en encontrar y señalar a los responsables de esta crisis (siempre los otros, jamás nosotros) y no hagamos autocrítica sobre lo que no hemos hecho y podemos hacer, cada uno en su pequeño mundo, esto no se va a solucionar de manera satisfactoria. Porque de esta crisis saldremos, por supuesto, como siempre se ha salido de muchas infinitamente peores. Pero saldrán fortalecidos sólo los que se pongan manos a la obra, no para criticar lo que han hecho los demás, sino los que se pongan a trabajar por un futuro mejor. Y los que hagan esto serán los que pongan las bases que a ellos les interesen.
La democracia no es sólo votar cada cuatro años y criticar al político de turno. Democracia es entrar de lleno en el barro de la política diaria, no sólo en un partido político, sino innovando, produciendo, creando trabajo y tomando decisiones y riesgos para crear un nuevo mundo y no para protestar por el que tenemos.
Y en estas reacciones hay mucho de defender lo propio atacando lo ajeno. Son los demás los que tienen que pagar y yo dedicarme a defender mi parcelita. Cada cual aporta soluciones en las que los damnificados sean los otros.
Los pobres no quieren que se les recorten las ayudas. La clase media está harta de pagar siempre los platos rotos. Los ricos dicen que pagando más impuestos no se resuelve nada. Cada uno a lo suyo.
Y a la hora de encontrar culpables es aún más fácil. Los culpables son los otros.
Mientras perdamos tiempo y energía en encontrar y señalar a los responsables de esta crisis (siempre los otros, jamás nosotros) y no hagamos autocrítica sobre lo que no hemos hecho y podemos hacer, cada uno en su pequeño mundo, esto no se va a solucionar de manera satisfactoria. Porque de esta crisis saldremos, por supuesto, como siempre se ha salido de muchas infinitamente peores. Pero saldrán fortalecidos sólo los que se pongan manos a la obra, no para criticar lo que han hecho los demás, sino los que se pongan a trabajar por un futuro mejor. Y los que hagan esto serán los que pongan las bases que a ellos les interesen.
La democracia no es sólo votar cada cuatro años y criticar al político de turno. Democracia es entrar de lleno en el barro de la política diaria, no sólo en un partido político, sino innovando, produciendo, creando trabajo y tomando decisiones y riesgos para crear un nuevo mundo y no para protestar por el que tenemos.
martes, 11 de octubre de 2011
Maestro
Quería ser maestro. Esa ha sido siempre mi gran pasión. No era sólo un trabajo, era mi ser.
Pero no me atreví en su día. No me gustaba como se desarrollaba la profesión, por un lado, y por otro, a mis 18 años, me atrajo el dinero de mi otra gran pasión: la medicina.
No sé si acerté o me equivoqué, eso es lo de menos. Lo importante es como se han desarrollado mis vivencias con lo que elegí.
Pero antes contar que tipo de maestro quería ser.
En la serie “Crónicas de un pueblo”, una de las figuras centrales era el maestro. Un maestro que se las apañaba para tener en una única clase a todos los alumnos, desde los más pequeños hasta lo mayores. Sería su profesor desde los seis años hasta que terminaran los estudios.
Supongo que hoy en día esto sería un sacrilegio pedagógico. Pero es lo que me entusiasmaba. Mis inexistentes alumnos iban a saber bastante poco de matemáticas, física, química o religión. Los pobres las pasarían moradas para subsistir en una selectividad.
Pero sabrían mucho de la vida, la naturaleza, las pasiones, las emociones, la felicidad, la angustia.
Sabrían de insatisfacciones y sus porqués.
Sabrían de cómo educar y no domar a sus futuros hijos.
Sabrían de rebeldía constructiva, de criticar sin herir y de mansedumbres autodestructivas.
Disfrutarían leyendo los libros que a cada uno de ellos le interesara.
Aprenderían de dependencia y de abrirse paso por la vida aportando y no restando.
Sabrían que lo social empieza por lo individual y que el egoísmo bien entendido, aquel que te sirve para hacer lo que realmente deseas y no lo que supuestamente debes hacer por los demás, termina siendo lo más solidario, por ser real y no agotador.
Me da la impresión que un chico que se enfrente al mundo con estas armas será capaz de ser un genio de las matemáticas, física, química o biología, sin haberlas dado en su infancia.
Pero elegí ser médico y no me arrepiento. He aprendido a amar profundamente lo que hago. Pero no soy un médico al uso. Uso muy pocos fármacos, pocas pruebas complementarias y pocas palabras técnicas altisonantes. Soy un docente de la medicina. Explico muchísimo más de lo que receto e intento dar las claves para mantenerse en salud y no enfermar. Para ello no son suficientes la dieta sana y el ejercicio. Mucho más importante es aprender a mantener la salud emocional.
Enfermamos en ocasiones por los genes, otras por infecciones inevitables, otras por malos hábitos en nuestra vida, pero sobre todo enfermamos porque sufrimos inútilmente….porque nuestro maestro de primaria y secundaria no nos enseñó más que matemáticas, física, química y biología.
Pero no me atreví en su día. No me gustaba como se desarrollaba la profesión, por un lado, y por otro, a mis 18 años, me atrajo el dinero de mi otra gran pasión: la medicina.
No sé si acerté o me equivoqué, eso es lo de menos. Lo importante es como se han desarrollado mis vivencias con lo que elegí.
Pero antes contar que tipo de maestro quería ser.
En la serie “Crónicas de un pueblo”, una de las figuras centrales era el maestro. Un maestro que se las apañaba para tener en una única clase a todos los alumnos, desde los más pequeños hasta lo mayores. Sería su profesor desde los seis años hasta que terminaran los estudios.
Supongo que hoy en día esto sería un sacrilegio pedagógico. Pero es lo que me entusiasmaba. Mis inexistentes alumnos iban a saber bastante poco de matemáticas, física, química o religión. Los pobres las pasarían moradas para subsistir en una selectividad.
Pero sabrían mucho de la vida, la naturaleza, las pasiones, las emociones, la felicidad, la angustia.
Sabrían de insatisfacciones y sus porqués.
Sabrían de cómo educar y no domar a sus futuros hijos.
Sabrían de rebeldía constructiva, de criticar sin herir y de mansedumbres autodestructivas.
Disfrutarían leyendo los libros que a cada uno de ellos le interesara.
Aprenderían de dependencia y de abrirse paso por la vida aportando y no restando.
Sabrían que lo social empieza por lo individual y que el egoísmo bien entendido, aquel que te sirve para hacer lo que realmente deseas y no lo que supuestamente debes hacer por los demás, termina siendo lo más solidario, por ser real y no agotador.
Me da la impresión que un chico que se enfrente al mundo con estas armas será capaz de ser un genio de las matemáticas, física, química o biología, sin haberlas dado en su infancia.
Pero elegí ser médico y no me arrepiento. He aprendido a amar profundamente lo que hago. Pero no soy un médico al uso. Uso muy pocos fármacos, pocas pruebas complementarias y pocas palabras técnicas altisonantes. Soy un docente de la medicina. Explico muchísimo más de lo que receto e intento dar las claves para mantenerse en salud y no enfermar. Para ello no son suficientes la dieta sana y el ejercicio. Mucho más importante es aprender a mantener la salud emocional.
Enfermamos en ocasiones por los genes, otras por infecciones inevitables, otras por malos hábitos en nuestra vida, pero sobre todo enfermamos porque sufrimos inútilmente….porque nuestro maestro de primaria y secundaria no nos enseñó más que matemáticas, física, química y biología.
lunes, 10 de octubre de 2011
Si quieres, ¿puedes?
Esta y otras muchas frases similares nos inundan últimamente. Y no estoy en desacuerdo con ellas, pero hay que tomarlas desde una perspectiva algo más racional.
Es cierto que tenemos un potencial mucho mayor del que creemos y un apego excesivo a no arriesgar, a quedarnos en lo conocido, por malo que sea, a no cambiar cuando lo que tenemos no nos satisface. El mundo no lo modifica quien se conforma sino quién innova, quien es diferente y no pretende hacer lo mismo que hacen los demás.
Limitamos nuestras capacidades porque no exploramos la verdadera dimensión de las mismas. Somos capaces de hacer más, mucho más, pero nos frenamos. Detrás de ese freno suele haber miedo. Y el miedo a lo desconocido nos ancla en la seguridad de lo conocido, muchas veces insatisfactorio.
Desde este punto de vista, los “si quieres puedes”, “sólo hazlo”, “haz realidad tus sueños”, “haz posible lo imposible”, pueden servir de revulsivo para explorar nuevas posibilidades y hacer nuestra vida más acorde con nuestras aspiraciones. Y si son millones los que lo intentan, todos nos beneficiaremos de los logros individuales. Tendremos una sociedad más próspera, pero sobre todo, más feliz.
Pero nuestras capacidades, siendo muy superiores a lo que nos creemos, no son infinitas. En lo emocional es posible que no tengamos límites en la mejora. Pero no siempre es posible para todos hacer realidad los sueños, por mucho empeño que se ponga, sobre todo en los aspectos profesionales: vivir de lo que nos gusta. Son cientos de miles de escritores españoles los que no van a poder vivir de la literatura. Son millones de pintores los que no van a poder vivir de la pintura. Y así podemos seguir desgranando multitud de profesiones.
En estos casos, que son legión, es mejor aprender a amar lo que hacemos en vez de hacer lo que amamos.
Es cierto que tenemos un potencial mucho mayor del que creemos y un apego excesivo a no arriesgar, a quedarnos en lo conocido, por malo que sea, a no cambiar cuando lo que tenemos no nos satisface. El mundo no lo modifica quien se conforma sino quién innova, quien es diferente y no pretende hacer lo mismo que hacen los demás.
Limitamos nuestras capacidades porque no exploramos la verdadera dimensión de las mismas. Somos capaces de hacer más, mucho más, pero nos frenamos. Detrás de ese freno suele haber miedo. Y el miedo a lo desconocido nos ancla en la seguridad de lo conocido, muchas veces insatisfactorio.
Desde este punto de vista, los “si quieres puedes”, “sólo hazlo”, “haz realidad tus sueños”, “haz posible lo imposible”, pueden servir de revulsivo para explorar nuevas posibilidades y hacer nuestra vida más acorde con nuestras aspiraciones. Y si son millones los que lo intentan, todos nos beneficiaremos de los logros individuales. Tendremos una sociedad más próspera, pero sobre todo, más feliz.
Pero nuestras capacidades, siendo muy superiores a lo que nos creemos, no son infinitas. En lo emocional es posible que no tengamos límites en la mejora. Pero no siempre es posible para todos hacer realidad los sueños, por mucho empeño que se ponga, sobre todo en los aspectos profesionales: vivir de lo que nos gusta. Son cientos de miles de escritores españoles los que no van a poder vivir de la literatura. Son millones de pintores los que no van a poder vivir de la pintura. Y así podemos seguir desgranando multitud de profesiones.
En estos casos, que son legión, es mejor aprender a amar lo que hacemos en vez de hacer lo que amamos.
sábado, 8 de octubre de 2011
Un año duro
No han sido fáciles los últimos doce meses, a nivel personal.
Me siento un privilegiado cada mañana que me levanto y puedo desayunar, ir al trabajo y estar con mi familia.
Nunca he aspirado, a nivel material, a gran cosa. Siempre he gastado menos de lo que tenía, por poco que fuera, y ha sido muy poco en muchas ocasiones. Mi felicidad no depende, afortunadamente, de cuestiones tan cambiantes como el dinero. Puedo comer y tener un techo con muchísimo menos de lo que gano.
Las relaciones son, en última instancia, el factor más determinante para mi bienestar. Y las únicas relaciones que pueden desestabilizarme (no hundirme, ojo), son las que mantengo con mis hijos, esposa, hermanas y una de mis tías.
Y ha habido sufrimiento, mucho, en algunos de mis seres más queridos. En mi familia, la crisis ha golpeado muy duro en algunos de sus componentes. Sin embargo, los acontecimientos emocionales han superado, en mucho, la congoja natural del paro y las deudas.
En lo económico, hambre no pasará nadie de mi familia. Ajustes de cinturón sí, a raudales. Pero las heridas del alma son bastante más complicadas de curar.
He tenido que enfrentarme con sucesos que dejaron una huella muy profunda en algunos de los míos y que, al conocerse y difundirse, ha vuelto a hacer daño a otros.
Durante bastante tiempo, este blog me ha servido para desfogarme en cuestiones “no personales”, quizás como escape a la situación devastadora que se ha producido en dos frentes diferentes de mis seres queridos. Dos frentes que, curiosamente, tienen la misma raíz: el maltrato/abuso.
Y he constatado algo que se sabe, pero hasta que no lo vives no cobra su verdadera dimensión: las víctimas de maltrato son vistas, por una parte importante de su entorno, como verdugos, en el momento en que deciden denunciar la situación y separarse del agresor.
Algunos de mis seres queridos han roto su relación conmigo por alinearme al lado de las víctimas. Pero no hay mal que por bien no venga. He recuperado los besos, los abrazos y las risas de las víctimas y esto, no sólo me consuela: me conmueve profundamente.
Me siento un privilegiado cada mañana que me levanto y puedo desayunar, ir al trabajo y estar con mi familia.
Nunca he aspirado, a nivel material, a gran cosa. Siempre he gastado menos de lo que tenía, por poco que fuera, y ha sido muy poco en muchas ocasiones. Mi felicidad no depende, afortunadamente, de cuestiones tan cambiantes como el dinero. Puedo comer y tener un techo con muchísimo menos de lo que gano.
Las relaciones son, en última instancia, el factor más determinante para mi bienestar. Y las únicas relaciones que pueden desestabilizarme (no hundirme, ojo), son las que mantengo con mis hijos, esposa, hermanas y una de mis tías.
Y ha habido sufrimiento, mucho, en algunos de mis seres más queridos. En mi familia, la crisis ha golpeado muy duro en algunos de sus componentes. Sin embargo, los acontecimientos emocionales han superado, en mucho, la congoja natural del paro y las deudas.
En lo económico, hambre no pasará nadie de mi familia. Ajustes de cinturón sí, a raudales. Pero las heridas del alma son bastante más complicadas de curar.
He tenido que enfrentarme con sucesos que dejaron una huella muy profunda en algunos de los míos y que, al conocerse y difundirse, ha vuelto a hacer daño a otros.
Durante bastante tiempo, este blog me ha servido para desfogarme en cuestiones “no personales”, quizás como escape a la situación devastadora que se ha producido en dos frentes diferentes de mis seres queridos. Dos frentes que, curiosamente, tienen la misma raíz: el maltrato/abuso.
Y he constatado algo que se sabe, pero hasta que no lo vives no cobra su verdadera dimensión: las víctimas de maltrato son vistas, por una parte importante de su entorno, como verdugos, en el momento en que deciden denunciar la situación y separarse del agresor.
Algunos de mis seres queridos han roto su relación conmigo por alinearme al lado de las víctimas. Pero no hay mal que por bien no venga. He recuperado los besos, los abrazos y las risas de las víctimas y esto, no sólo me consuela: me conmueve profundamente.
miércoles, 5 de octubre de 2011
¿Tenemos los políticos que nos merecemos?
Nuestros políticos no proceden de Marte, aunque lo parezca en ocasiones. Han vivido circunstancias sociales iguales a las del pueblo. Se han “formado” en los mismos colegios y Universidades que todos. Han visto la misma Tv, leído los mismos periódicos, andado por las mismas calles, bebido en las mismas terrazas y ligado como cualquier hijo de vecino.
Pero resulta que “ellos” son unos sinvergüenzas y nosotros no. Han compartido su nacimiento, infancia, adolescencia y juventud con todos, pero no sé en que momento, de pronto, se han separado y formado una secta que los diferencia claramente de los demás. Se han transformado en políticos y, por arte de magia, son desvergonzados, inútiles, delincuentes y responsables de nuestros males. Se convierten en la coartada perfecta para podernos indignar y señalar culpables (siempre ellos, nunca nosotros).
Con esto no quiero defender a nuestros políticos. Efectivamente, muchos de ellos se han ganado a pulso su mala reputación. Pero no son peores que el pueblos al que representan, aunque sea políticamente incorrecto decirlo. Son simplemente el reflejo de de nuestra sociedad.
Una sociedad que ensalza al gamberrete y no al que se prepara y trabaja duro.
Una sociedad que lleva a gala el darse de baja “porque total, no te lo van a agradecer ni es tuya la empresa”.
Una sociedad que prefiere quejarse a poner manos a la obra para ver que es lo que puedo hacer para mejorar los entuertos.
Una sociedad que sale a la calle para pedir “un empleo digno”, pero que lo deben crear los demás.
Una sociedad que enaltece al que da el pelotazo sin trabajar.
Una sociedad de “y lo mío para cuando” en vez de “que puedo hacer por todos”.
Una sociedad que alaba al que recibe subvenciones no imprescindibles y deja por gilipollas al que paga sus impuestos, con los que se pagan esas subvenciones.
Una sociedad que reclama más gasto pero se olvida que para ello hay que generar más ingresos.
Una sociedad en la que muchos se consideran víctimas cuando en realidad son privilegiados.
Una sociedad que piensa que la educación se debe dar en los colegios y no en las casas. Por eso se culpan a los políticos de las salvajadas de sus retoños.
Una sociedad que se embarca en múltiples deudas para llenar las casas de cosas tan necesarias como varias televisiones, cientos de juguetes y viajes al caribe, pero culpan a los bancos de las deudas que han contraído.
No me extraña que, de una sociedad así, salgan gobiernos como los que tenemos.
Para tener mejores gobernantes primero hay que cambiar nuestras propias perspectivas. Somos la cantera de los futuros políticos, si la cantera está corrompida……
Pero resulta que “ellos” son unos sinvergüenzas y nosotros no. Han compartido su nacimiento, infancia, adolescencia y juventud con todos, pero no sé en que momento, de pronto, se han separado y formado una secta que los diferencia claramente de los demás. Se han transformado en políticos y, por arte de magia, son desvergonzados, inútiles, delincuentes y responsables de nuestros males. Se convierten en la coartada perfecta para podernos indignar y señalar culpables (siempre ellos, nunca nosotros).
Con esto no quiero defender a nuestros políticos. Efectivamente, muchos de ellos se han ganado a pulso su mala reputación. Pero no son peores que el pueblos al que representan, aunque sea políticamente incorrecto decirlo. Son simplemente el reflejo de de nuestra sociedad.
Una sociedad que ensalza al gamberrete y no al que se prepara y trabaja duro.
Una sociedad que lleva a gala el darse de baja “porque total, no te lo van a agradecer ni es tuya la empresa”.
Una sociedad que prefiere quejarse a poner manos a la obra para ver que es lo que puedo hacer para mejorar los entuertos.
Una sociedad que sale a la calle para pedir “un empleo digno”, pero que lo deben crear los demás.
Una sociedad que enaltece al que da el pelotazo sin trabajar.
Una sociedad de “y lo mío para cuando” en vez de “que puedo hacer por todos”.
Una sociedad que alaba al que recibe subvenciones no imprescindibles y deja por gilipollas al que paga sus impuestos, con los que se pagan esas subvenciones.
Una sociedad que reclama más gasto pero se olvida que para ello hay que generar más ingresos.
Una sociedad en la que muchos se consideran víctimas cuando en realidad son privilegiados.
Una sociedad que piensa que la educación se debe dar en los colegios y no en las casas. Por eso se culpan a los políticos de las salvajadas de sus retoños.
Una sociedad que se embarca en múltiples deudas para llenar las casas de cosas tan necesarias como varias televisiones, cientos de juguetes y viajes al caribe, pero culpan a los bancos de las deudas que han contraído.
No me extraña que, de una sociedad así, salgan gobiernos como los que tenemos.
Para tener mejores gobernantes primero hay que cambiar nuestras propias perspectivas. Somos la cantera de los futuros políticos, si la cantera está corrompida……
domingo, 2 de octubre de 2011
No es fácil parir
El parto biológico puede ser doloroso, incluso tener una terminación no deseada. Pero siempre tiene un fin, sea feliz o desdichado.
Pero muchos padres y madres siguen estando embarazados de sus hijos toda la vida. No saben terminar adecuadamente un proceso que es natural: cortar el cordón umbilical y dejar que vuelen.
Se empeñan en hacerlos dependientes, a la vez que los tratan de inútiles, como coartada para seguir rigiendo las vidas de sus hijos.
Muestran su “sorpresa e indignación” cuando, con más de 30 años, siguen chupando de la teta, cuando en realidad, es lo que han perseguido, consciente o inconscientemente, durante todo el periodo en que han debido educar en vez de consentir.
Parir significa dejar de hacer todo por los hijos y centrarse sólo en estar ahí cuando lo necesiten. Tienen que aprender equivocándose una y otra vez. Mientras sigan en el útero no reciben hostias que son necesarias para aprender y llegar a ser independientes.
Pero muchos padres y madres siguen estando embarazados de sus hijos toda la vida. No saben terminar adecuadamente un proceso que es natural: cortar el cordón umbilical y dejar que vuelen.
Se empeñan en hacerlos dependientes, a la vez que los tratan de inútiles, como coartada para seguir rigiendo las vidas de sus hijos.
Muestran su “sorpresa e indignación” cuando, con más de 30 años, siguen chupando de la teta, cuando en realidad, es lo que han perseguido, consciente o inconscientemente, durante todo el periodo en que han debido educar en vez de consentir.
Parir significa dejar de hacer todo por los hijos y centrarse sólo en estar ahí cuando lo necesiten. Tienen que aprender equivocándose una y otra vez. Mientras sigan en el útero no reciben hostias que son necesarias para aprender y llegar a ser independientes.
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