miércoles, 31 de diciembre de 2008

Lenka: te presento a mi abuela Remedios

Lenka: te voy a contar la historia de mi abuela Remedios.

Se casó cuando contaba 18 años con mi abuelo, un soñador comunista, con tatuaje de la hoz y el martillo en su antebrazo de panadero. Según sus palabras, dio el braguetazo porque, desde los seis años, para poder comer a diario, tenía que acompañar a su madre desde Mijas hasta Málaga en un burro para poder vender canastos hechos por ellos y, de paso, servir en la casa de cualquier rico. A pesar de esos esfuerzos, no siempre lo conseguía y la noche llegaba con lágrimas de hambre en sus ojos infantiles.

Mi abuelo era un buen hombre: le pegaba lo normal, se emborrachaba a diario, le hizo 8 hijos sin una sola noche de sexo compartido y deseado, pero también le dio una casa de 20 m2 en un corralón de Málaga, que ella tenía como los chorros del oro (era pobre pero honrada y limpia....era su lema) y le traía pan. Era feliz con eso. La guerra civil le quitó todo cuanto tenía. Un campo de concentración para su marido y la imposibilidad para trabajar, pues era la mujer del líder comunista del barrio. Robaba el carbón que caía de los trenes, cogía chumbos para venderlos por las calles, limpiaba cualquier casa que podía, fregaba lo que le echaran mientras un hijo detrás de otro iban muriendo de hambre. Cuando tres de ellos murieron (9, 7 y 5 años), comprendió que todo lo que hacía era en vano y se separó de lo que más quería: a una hija la mandó con su hermana a Mijas y a mi madre la mandó con su madre a Córdoba. Con los otros tres y su trabajo pudo capear el temporal y logró que sobrevivieran los cinco.

Jamás se le habría ocurrido suicidarse.....estaba demasiado ocupada en sobrevivir.

Si ella te hubiera conocido hace unos años, te habría juzgado de forma muy severa por no saber disfrutar de todo lo que tú tienes. No hubiese comprendido tus momentos bajos, tus melancolías y tristezas, teniendo todo lo que ella consideraba necesario para ser feliz. Ella también habría dicho muchos deberías que tu tendrías que hacer. Y te digo que lo sé, porque lo sufrí en mis carnes, jejejeje.

El dinero no da la felicidad. En algunos/muchos casos, la dificulta. La mayoría de los suicidios no se producen en Ruanda, Pakistán o Etiopía, sino en Suecia, USA, Suiza o Finlandia.

El sufrimiento tiene muchas caras y, la peor de ellas, no es la ausencia de bienes materiales, o el hambre, o la guerra o la pérdida de seres queridos. El peor sufrimiento es el vacío interior, la ausencia de valor en uno mismo, la nada en ti mismo.

La mujer de malva podía estar equivocada, muy equivocada, no me cabe duda, pero era un ser humano que debió sufrir lo indecible, por mucho que tú no lo comprendas, aún teniendo todo lo que tú consideras que se debe tener para ser feliz. Mi abuela, como digo, tampoco te comprendería a tí.

No he conocido a esta señora, pero sí he conocido casos similares. Desde 1985, año en que comencé trabajar, seis médicos de mi Hospital se han suicidado y dos más estuvieron a punto de conseguirlo. Lo “tenían” todo. ¿Lo tenían todo?. ¿De verdad crees que por tener dinero, éxito profesional, ropas pijas, o criadas filipinas no podían sufrir?. No lo tenían todo, les faltaba lo más importante: el impulso de la vida, el saber porque y para qué vivir y, sin ello, no se tiene nada de nada.

Tu has luchado mucho Lenka, aunque posiblemente ni más ni menos que cualquiera de ellos, la única diferencia es que ellos NO SUPIERON luchar y perdieron. Tu te has sabido encontrar y ellos quizás creyeron, como tantos otros, que el camino de su felicidad era tener y no ser. Se equivocaron y lo pagaron con creces: sufriendo de forma desgarradora, hasta matarse. No fueron valientes, vale, pero mis lágrimas están con ellos.....y con la señora de malva. Puedo opinar sobre muchos de los errores que cometieron, pero nunca los juzgaré porque siempre estaré con los que sufren, sea por la causa que sea.

Los pijos, las chonis, los negros, los moros, los gay....que más da, Lenka. Los prejuicios siempre se autojustifican. Muchos sienten que es normal tener prejuicios contra los moros, por múltiples razones, otros los tienen contra los gay, otros contra los negros y otros contra los pijos o las chonis. Todos tienen sus razones para prejuzgar a un determinado grupo de personas que tienen una o varias diferencias odiosas y, a la vez, no entienden como otros pueden tener prejuicios que ellos no tienen.

Lenka, eres de las personas más decentes que he conocido en mi vida (y he conocido miles). Por eso me encantaría que en algún momento llegues a comprender la enorme diferencia existente entre conceptuar actitudes y juzgar personas. Lo primero nos hace crecer, lo segundo nos hace y hacemos sufrir.

Un abrazo Lenka, un abrazo de verdad, con todo el cariño y respeto que te tengo.

49 comentarios:

Elvira dijo...

Dejo que te conteste Lenka largo y tendido, que escribe muy bien.

Sólo decirte que encantada de conocer a tu abuela Remedios, y que respetar la fragilidad del otro (quizás muy diferente de la nuestra) es todo un aprendizaje... Estoy en ello. Besos.

Lenka dijo...

Ante todo, Juan, muchísimas gracias por compartir la historia de tu abuela. Naturalmente ella se hubiera pasmado ante mis tremendos dramas cotidianos, y hasta los que a mí me parecen más desgarradores (como la guerra a muerte de mis padres) a ella le habrían parecido tonterías. Y, posiblemente, una mujer Ruandesa oiría la historia de tu abuela, o de la mía, y pensaría que no tienen de qué quejarse. Que tuvieron unas vidas casi idílicas comparadas con la suya. Todo eso lo sé, lo sé tanto que yo misma lo aclaro. Hablo de la vergüenza que siento al quejarme y pensar luego en mis chicos de Senegal, en alguien que haya enterrado a un hijo o que haya luchado contra el cáncer. De qué me quejo, cómo me atrevo?

Luego reflexiono y pienso que sí, en efecto, el sufrimiento está ahí para todos y cada cual sufre en su contexto y sus circunstancias. Yo no sé lo que es pasar hambre, ese dolor no me ha tocado. Me han tocado otros. Son menos legítimos por ser menos... cómo decirlo... básicos, o acuciantes? No lo sé. Entiendo que el dolor es una cosa muy íntima. Tendemos a compararlo, es cierto. Cómo puede esta montar un drama semejante porque su hijo es gay, cuando la vecina de al lado tuvo que enterrar al suyo???? Nos choca, nos asombra, al menos a mí. Supongo que la razón es cierta incomprensión por mi parte. Cómo puede ser una desgracia tener un hijo gay???? Intento empatizar y me cuesta un triunfo.

Insisto en que respeto profundamente el dolor. El dolor implica sentimiento de pérdida e incapacidad (momentánea, puntual o permanente, según) para afrontarlo. Así es como yo entiendo el sufrimiento. Pierdes algo, o sientes que lo pierdes y te puede la sensación de que no podrás sostenerte. Son sentimientos, y los sentimientos no se juzgan.

Puede que yo no comprenda que un fracaso amoroso te tenga nueve años con depresión, me parece excesivo. Me lo parece a mí. Seguramente no comprendo el vacío que sentirá esa persona, porque sólo puedo comparar su experiencia con las mías, y quizá es que yo nunca he sentido un vacío tan grande por esa causa.

No tengo prejuicios contra los pijos. Muchos de mis mejores amigos lo son. Quisiera ser la mitad de sabia, fuerte y entera que una de mis amigas más pijas. Seguramente es un problema de comunicación. Para mí pijo no es sinónimo de persona con dinero o posesiones. Mis primos, a los que adoro como a hermanos, serían entonces los más pijos del mundo. Lo han tenido todo en la vida, al menos todo lo material. También el amor de sus padres y su apoyo incondicional. Mi primo trabaja doce horas diarias, prepara oposiciones y se desvive por su mujer y su hija en una ciudad que le es extraña. Su hermana está sola, en Australia, sacándose las castañas del fuego entre desconocidos. No son niños mimados, ni consentidos.

Mis prejuicios, seguramente, van por estos últimos. Lo hemos criticado muchas veces, la manera en que consentimos, en que nos volvemos cómplices de la incapacidad, en que confundimos el amor con transigir. Me pasma la historia de una mujer que tenía todo lo material (que no da la felicidad, desde luego) y que le daba tanta importancia como para alardear de ello constantemente, convirtiéndolo en su bandera. Me pasma que una persona pusiera tanto empeño en ser lo que tenía, lo que parecía. Cómo era en realidad? Por lo visto, era muy infeliz. Me pasman las personas que parecen acomodarse en la tristeza, resignarse. Por lo visto ella la esgrimía constantemente, con sus hijos, su marido, sus amistades, pero jamás quiso oír un consejo, jamás quiso intentar ninguna opción. Lo poco que sé de ella es que usaba el chantaje, el reproche, la ira. Y que se rindió y se fue escogiendo el momento más doloroso para los que se quedaron.

Quizá soy muy injusta, eso también lo he admitido ya. Aun sabiendo mucho de alguien pueden ser sólo pinceladas, no es suficiente para juzgar nada. Me cabreo por los que se quedaron. Por sus nietas, que son mis primas. Ya nada se puede hacer por la mujer de malva, no puedo menos que sufrir por esas niñas.

No pretendo juzgar el dolor de nadie, pero sí he sido lo bastante osada como para opinar sobre cómo el dolor se afronta. No puedo aplaudir el suicidio, ni la cobardía ni el egoísmo. Puedo tratar de entenderlo, como trato de entender a los padres que maltratan a sus hijos o a los que les consienten hasta el delirio, pero no lo apruebo. Por eso he expresado mi desaprobación.

La mujer de Ruanda se reiría del dolor de Remedios, Remedios se reiría del mío. Yo me río amargamente del de la mujer de malva, y no me río nada del de sus nietas. No puedo ser objetiva, está claro. Las quiero mucho.

En cualquier caso, muchas gracias, Juan. Siempre consigues hacerme pensar. Un beso!

Juan dijo...

"Luego reflexiono y pienso que sí, en efecto, el sufrimiento está ahí para todos y cada cual sufre en su contexto y sus circunstancias. Yo no sé lo que es pasar hambre, ese dolor no me ha tocado. Me han tocado otros. Son menos legítimos por ser menos... cómo decirlo... básicos, o acuciantes? No lo sé. Entiendo que el dolor es una cosa muy íntima. Tendemos a compararlo, es cierto. "

Lenka, tu misma te respondes: el dolor es una cosa muy íntima. Sólo nos duele lo que nos duele. No hay comparaciones. No es práctico comparar. ¿Para qué?. Nos pasamos la vida comparando. ¿Tiene esto algún sentido?.

La via de la comparación nos lleva, demasiadas veces, a los prejuicios sobre los demás y al sufrimiento interno, al "yo debería o no debería". Al "me gustaría, desearía". O al "Si yo fuera así" o "fuera capaz de".

Miss Marple me gustaba mucho porque era capaz de establecer analogías en vez de comparaciones y, a través de ellas, aprendía y crecía. Lo mismo me equivoco, pero es que veo muy claro que tu modo de crecimiento tiene mucho que ver con ese mismo don de Miss Marple. Eres capaz de aprehender muchas actitudes de los demás y les das un nombre a cada cosa. Pero todavía no has llegado a ese punto mágico de Miss Marple: no comparaba, sólo establecía la analogía. No introducía el "debería ser así", con el que ya queda sellada la comparación.

Creo que comparar y compararnos es un gasto de energía inmenso que no sirve para nada bueno, ni para nosotros ni para los demás.

Eres una auténtica bruja para las actitudes, las cazas al vuelo, les das nombre y las manejas de maravilla. Pero a mi juicio, para terminar de redondear este don, que a buen seguro te lo has currado a base de bien, cuando seas capaz de no clasificar/etiquetar a una persona en virtud de una o varias de sus características, te habrás liberado de una carga brutal. Te vas a sentir mucho más libre, segura y justa.

Un abrazo.

faladomi dijo...

Hola Juan, he dado con tu blog, a pocas horas de terminar el 2008. Ha sido todo un hallazgo. Cuanta profundidad transmites tú y tus lectores.
No tengo una posición definida con respecto a la "medida" del dolor, al igual que tampoco la tengo en relación a la felicidad. Es algo en principio tan subjetivo que es difícil comparar. Pero lo que sí creo es que cuando uno bordea el vacío y hace malabares desde ahí, la vida cobra otra dimensión

faladomi dijo...

Feliz Año Nuevo!
Un abrazo

Io dijo...

Buenas noches, o buenos días, y Feliz Año Nuevo a todos!

Juan, celebro verte de nuevo por aquí, y te agradezco que hayas compartido con nosotros la historia de coraje de tu abuela Remedios.

Creo que el hecho de haber superado una existencia dura proporciona sólidas armas para afrontar el dolor. Puede que nosotros, a los que todo nos viene dado, adolezcamos de una fuerte debilidad emocional. Pero también creo que existe un infierno a la medida de cada persona, y que ese infierno se alimenta de las carencias emocionales del sujeto en cuestión, diferentes en cada uno y ajenas al estatus material.

También creo que estamos tratando de opinar, entender, o comprender el suicidio desde nuestro punto de vista consciente, desde nuestro razonamiento y nuestra normalidad, olvidando que el suicidio conlleva un punto de locura, que es la acción más contra natura que puede ejercer el ser humano. No creo que una persona que decide llevar a efecto su propia muerte tenga capacidad de reacción alguna. Si ha tomado esa decisión en silencio es porque, animicamente, ya está muerto.

Acordaros de la pobre Erika Ortiz. Si alguien tenía alternativas era ella, por su posición y por ser hermana de quien era. Y con esa niña. Pero ella debió de sumirse en un oscuro abismo, debió de bajar hasta lo más profundo de un pozo negro que le impidió identificar la realidad, que la incapacitó para vislumbrar soluciones que cualquiera hubiese visto. Y probablemente, en ese punto de locura que conduce al suicidio, ni siquiera consideró que a su hija le estuviese haciendo ningún mal.

No podemos ponernos en el lugar de un suicida, porque nosotros conservamos la cordura suficiente como para afrontar la vida, y el suicida ya la ha perdido.

Es mi opinión.

Gracias Lenka y Juan por esta reflexión.

Un abrazo.

Juan dijo...

Encantado Faladomi: bienvenido a tu casa.

Como te pasa a tí, yo tampoco tengo forma de medir cuestiones tan subjetivas como el dolor o la felicidad. Es por ello que creo que las comparaciones no se pueden establecer. No ya sólo a nivel puramente individual (he sufrido más con esto que con lo de allá) sino sobre todo cuando la comparación la establecemos con los demás. Es un ejercicio inútil, porque siempre nos dolerá más lo propio.

Hola Io: ¡¡que gran placer tenerte por aquí¡¡.

Efectivamente, siempre he pensado que el sufrimiento intenso, sobre todo en la infancia, nos proporciona herramientas muy válidas para un mejor desarrollo de nuestra vida adulta......aunque no siempre es así. Dependerá mucho de la persona, del calado y de los motivos de ese sufrimiento. Hay procesos de despersonalización provocados por unos determinados tipos de educación que, lejos de darte esas herramientas, las elimina. Conozco a verdaderos zombies de la vida....o no vida, que deambulan con un corazón latiendo y una mente salvajemente torturada que les impide disfrutar de nada.

Por ello he aprendido a no juzgar, y mucho menos condenar, a los que sufren tanto. Como le pasa a Lenka, a veces me dan ganas de darles dos bofetadas con la esperanza de que despierten, de que por fin, vean la luz y dejen de sufrir ellos mismos y dejen de hacer penar a todos los que les rodean. Y es que precisamente, una de las cosas que pueden suceder a este tipo de personas es notar que hacen sufrir a su entorno, lo que les lleva a una incapacidad y un tormento cada vez más notorio.

El suicidio es, en ocasiones, el resultado final de una locura. Pero en otros muchos casos es el punto de lucidez máxima y de generosidad con uno mismo y con los demás.

Posiblemente también hayan casos de suicidio como último y gran recurso de venganza y manipulación, pero me da la impresión que son los menos: el instinto más fuerte que existe es el de conservación y, los manipuladores si algo tienen, es un instinto de conservación extraordinario.

Un abrazo Io

Feliz año a todos.

Lenka dijo...

Permíteme una puntualización, Juan. Uso muchas veces la palabra "debería" pero no creo haberlo hecho nunca refiriéndome a personas, sino a actitudes. Vuelvo a poner el mismo ejemplo que usé en mi entrada sobre la mujer de malva. "Sobrevivir y luchar debería ser lo normal". Debería serlo, por dios, a alguien no le gustaría que así fuera??? Hablo desde el deseo, desde la utopía. El suicidio debería ser implanteable como opción, ojalá ni el mayor de los reveses nos llevara a planteárnoslo, ojalá, pasara lo que pasara siempre tuviéramos claro que no deseamos terminar con nuestra vida. Qué tiene de malo o de prejuicioso ese "debería"? No lo veo y no lo entiendo. Yo lo percibo y lo expreso como un "ojalá", nada más. Y es un ojalá para todo el mundo, quisiera que nadie tuviera que pasar por algo así (ni el que se va ni el que se queda).

Repito, el dolor es íntimo e injuzgable, y ojo, no seré yo la que me atreva a decir: "ya le vale a este, quejarse, con lo fácil que lo ha tenido siempre, ja, yo sí que lo he pasado mal y aquí estoy". No, Juan, como tú dices el comparar no sirve de nada. Salvo que compares en positivo. Eso es lo que hago yo cada vez me entra a tentación de repanchingarme en la desgracia, ponerme quejona y pagarlo con el mundo entero. Procuro mirar a los chicos de Senegal, a mi abuela, a la chica que superó el cáncer, y sí, me zarandeo y me comparo para que me dé vergüenza. Y si eso me permite dejarme de lamentos, tirar palante, aprender otra lección y ser más fuerte, entonces es que es útil. Me asombra tremendamente que otras personas no lo hagan así, que no sean conscientes de que siempre hay personas que están peor y que han sabido tirar. Eso "debería" ser un consuelo (ojalá lo fuera!), una inspiración.

Es el mismo "debería" que aplico a cosas como la incondicionalidad del amor de los padres a sus hijos, por ejemplo. Debería ser así, ojalá lo fuera. El maltrato, por ejemplo, debería ser inadmisible para cualquier ser humano. No debería serlo?? De verdad tenéis tantos problemas con esa palabra? Parece que la asociéis a prejuicio, y no es así como pretendo usarla.

Y joder, lo siento, pero todos opinamos, especialmente de las cosas que nos sacuden por dentro. Opinamos cuando hay una injusticia, cuando se hace sufrir a un niño, cuando algo nos revuelve. Opinamos, y nos pasmamos, y nos cabreamos, y nos hacemos preguntas: pero cómo? por qué? cómo es posible? qué le pasa a alguien por la cabeza para hacer algo así? qué clase de circunstancias le rodeaban? cómo se puede llegar a esto? por qué no haría tal o cual cosa? sería yo capaz de hacer lo mismo? qué podría llevarme a algo así?

Y jugamos a cambiar de piel, y empatizamos, o lo intentamos, y se nos ocurren mil cosas o ninguna, y algunas cosas las entendemos mejor y otras no logramos entenderlas, nos superan. Y las criticamos, claro. No somos capaces de justificarlas. Porque es muy sabio, muy correcto, es una actitud saludable intentar por encima de todo evitar el prejuicio y tratar de comprender (eso creo firmemente) pero tampoco creo que se sea intolerante, intransigente ni mucho menos cruel o injusto si de verdad no se puede comprender. Tampoco tenemos que entenderlo todo, ni justificarlo todo. Justificamos el que una madre apalice a su hijo porque ella tiene una vida dura? No lo creo. Intentamos no lapidarla ni erigirnos en jueces rebosantes de sapiencia, intentamos comprender en lo posible qué le ha llevado a algo así, pero el hecho nos sigue pareciendo condenable, o, como mínimo, ni aplaudible ni deseable. En ningún caso. Y sí, es humano que nos indigne y que a veces perdamos toda nuestra objetividad, es humano exclamar: pero por dios, cómo hace eso?

Se puede ser muy abierto, muy tolerante, muy comprensivo, pero no siempre, no ciegamente. Creo que seríamos inhumanos, o casi. No quiero ser tan tolerante como para tolerarlo todo. Nunca he condenado a ninguno de los yonkis con los que he trabajado, pero sí he condenado su actitud. De no hacerlo, cómo habría podido ayudarles? Si lo tolerara y lo justificara todo estaría consintiendo, y eso no ayuda. Si todos hiciéramos eso, ni yo, ni sus familias ni ellos mismos habríamos podido hacer nada por cambiar la situación.

Así que no se trata de condenar al yonki, sino lo que hace, porque tiene más opciones. Ni se trata de condenar a la mujer de malva, sino lo que hizo, porque tenía más opciones. Porque me niego a admitir que no las tenía. Sería reconocer que a veces el suicidio es la única salida, y no quiero admitir eso. Me niego. Las adicciones no son una salida a nada, ni la violencia, ni el suicidio. Por eso las condeno. No a quienes las ejercen, sino al ejercicio. Si condenara a las personas no podría dedicarme a lo que me dedico, la gente con la trabajo me inspiraría desprecio, y nada más lejos de la realidad.

Parece ser que tengo un montón de prejuicios sobre muchas cosas, y el suicidio es una de ellas. Es un prejuicio que sospecho no perderé nunca. Lo siento, Juan, pero no creo que suicidarse sea jamás un acto de generosidad hacia nadie. No consigo verlo así y espero no verlo así nunca. Me parece un acto cobarde y egoísta, una rendición. Y creo que es una decisión que se toma para acabar con el sufrimiento propio. Alguien se suicida pensando que los que se quedan van a brindar? Ole, yupi, al fin nos libramos de la plasta de la abuela, tol día quejándose y dando por culo!! Los que se quedan sufren, sufren pérdida, dolor, impotencia, culpa... flaco favor se les hace, creo. Pero el que se va ya no está, ya no sufre, ya le da todo igual. Ni siquiera tiene que ver cómo sufren los que se quedan. A mí me suena a: "yo abandono, ahí os quedáis. Me da lo mismo lo que os pase, porque en esta vida no había nada que me hiciera feliz, nada que me impulsara mínimamente a sobrevivir, ni siquiera vosotros". De verdad, no le veo generosidad ninguna. Podrías darme un ejemplo? Quizá así pueda entender mejor lo que quieres decir.

En cualquier caso, repito que lo que condeno es el hecho, no condeno a las personas ni puedo generalizar cada caso. Condenaría a una persona que se suicida porque tiene una enfermedad terminal? Jamás me atrevería. Sí, hay casos de otros que pelean hasta el final y sin esperanza, esos que yo llamo héroes. No todos somos héroes ni tenemos por qué serlo. Condenaría a una persona que se suicida por un revés amoroso? Tampoco, pero me costaría mucho más empatizar. Yo no he tenido enfermedades terminales, pero reveses amorosos muchos. Yo y todo el mundo. A lo mejor me equivoco, pero nunca he creído que haya que ser un héroe para sobreponerse a un fracaso sentimental.

No sé, hay casos y casos, personas dispares... pero no quiero justificar ni tolerar la opción del suicidio (en general)
Un saludo!

Lenka dijo...

Y se me olvidaba algo importante: respeto la decisión del suicida, porque cada cual con su vida puede hacer lo que le plazca. Faltaba más. Lo mismo pienso de la eutanasia, del aborto, lo hemos hablado muchas veces. Respeto todo eso aunque yo misma aclare que, seguramente, sería incapaz de ejercerlo yo misma. Pero eso no importa, no hablamos de mi derecho, mi necesidad o mi decisión, hablamos de la libertad de cada cual y la respeto.

Eso nos impide opinar? Tú puedes respetar el aborto y, aún así, considerar que no es la mejor opción, ni la más aplaudible, sentirte más inspirado por la que decide seguir adelante. Eso mismo me pasa a mí. Puedes respetar y aún así tener tu opinión sobre qué te parece más deseable, más valiente, o lo que sea. Puedes respetar el aborto y pensar: no es lo ideal, no debería ser una opción, hay formas de no llegar a él.

Pienso lo mismo del suicidio. Lo respeto, pero no me gusta la idea. Mi corazón sufre menos por el que se va (ya nada se puede hacer, y ese ya no sufre, y, además, fue su decisión). Por quien sufro más es por quien se queda, como ya he dicho. No me gustaría cometer el error (creo que lo es) de revestir el suicidio de un halo de romanticismo y heroicidad. Creo que es más romántico y más heroico vivir. Digamos que el suicidio sólo me parece hermoso en la literatura.

Un saludo a todos, y feliz año!!!

Io dijo...

Con tu permiso Juan,

Hola Lenka, no se si hago bien interviniendo en un debate entre Juan y tú.

Quisiera decirte, en primer lugar, que me creo bastanta más intolerante que tú con muchas actitudes. No podré justificar ni comprender jamás el maltrato, sea de la índole que sea, más aún si deriva en la monstruosidad de cebarse con un niño. Ni tan siquiera puedo justificarlo o entenderlo con un animal. Hay cosas con las que me siento incapaz de empatizar.


Pero hace muchos años viví muy de cerca un caso de suicidio, una persona que fue cayendo en una depresión profunda poco a poco, sin darse cuenta, y que ya en el fondo de su propio abismo no vio más salida que el suicidio.

Coincido contigo en todos tus argumentos acerca del suicida: "Ole, yupi, al fin nos libramos de la plasta de la abuela, tol día quejándose y dando por culo!! Los que se quedan sufren, sufren pérdida, dolor, impotencia, culpa... flaco favor se les hace, creo. Pero el que se va ya no está, ya no sufre, ya le da todo igual. Ni siquiera tiene que ver cómo sufren los que se quedan. A mí me suena a: "yo abandono, ahí os quedáis. Me da lo mismo lo que os pase, porque en esta vida no había nada que me hiciera feliz, nada que me impulsara mínimamente a sobrevivir, ni siquiera vosotros"

Aquí, sentada delante de mi pc, tomando un té y con algo de resaca, puedo apoyar cada uno de esos razonamientos. Pero ese es el punto de vista que adoptamos nosotros desde nuestra normalidad, desde nuestro equilibrio mental y emocional. Sin embargo, la persona que ha llegado a ese punto de oscuridad que es la depresión profunda no puede ver nada de eso, no puede razonar nada de eso. Ese es el "punto de locura" al que me refería, y en esa oscuridad, que le impide ver un mañana, un futuro, un cambio en su situación, un daño irreparable en sus seres queridos, una alternativa, muchas alternativas, sólo percibe que está tan destruido emocionalmente que lo mejor para todos es dejar de existir, y en esa paranoia llega a pensar que les quitará un peso de encima a sus seres queridos.

No es que sea generosidad. Es que el suicida lo puede llegar a ver como tal porque conserve un mínimo de lucidez que le haga ser consciente de la degradación a la que ha llegado, de lo que está dispuesto a hacer, y en ese punto se ve a sí mismo como un muerto viviente sin posibilidad de recuperación.

En este caso en concreto la persona en cuestión no tenía ningún problema acuciante, ni había sufrido un desengaño amoroso ni tenía que superar un cáncer. Es más, tal vez el hecho de haber tenido algo tangible contra lo que luchar le hubiese hecho reaccionar. Pero este fue un caso similar al de Erika. Fue un cúmulo de circunstancias que le fue sumiendo en un estado de vacío absoluto que sólo hubiese podido ser salvado por un especialista. Creo que este tipo de depresiones se suelen dar en personas muy sensibles, que no saben pedir ayuda, que no saben luchar contra una depresión porque no saben que tienen una depresión, y si nadie lo detecta el salto al vacío está asegurado. Es un caso muy concreto, pero me hizo entender el estado mental y emocional en que se puede ver una persona que se plantea seriamente acabar con todo. Nada de lo que le digas puede llegar al lugar profundo y oscuro en el que se encuentra. Sólo un especialista podría sacarle de ahí.

No se si habré conseguido explicarme o derramar algo de luz en este tema tan triste.

Un fuerte abrazo, Lenka.

P.D. No viene a cuento, pero para quitar un poco el sabor amargo de estas divagaciones, os propongo que visitéis la entrada que mi hija le dedica al año nuevo.

http://4enlacosta.blogspot.com/2008/12/un-nuevo-ao.html

Lenka dijo...

Io, entiendo perfectamente lo que quieres decir. Entiendo cómo de aterrador tiene que ser ese vacío, ese "no puedo más". Lo entiendo, entre otras cosas, porque entre mis ancestros son incontables los suicidas, porque yo misma a los 18 años estuve una vez varias horas ante una ventana y el poder de atracción de poner punto y final allí mismo fue tan enorme que durante muchos años no me atreví a acercarme nunca más al vacío. "Tengo vértigo", decía. Era un vértigo al revés. Lo que me daban miedo eran mis ganas de saltar. Quiero decir que comprendo qué se siente cuando alcanzas el límite.

No sirve de nada porque es mi caso y cada caso es un mundo, pero cuando yo me vi en esas lo que me hizo retroceder fue pensar en el dolor de mi madre. Y ojo, mi madre era, en aquel momento negro, una de las razones para saltar (qué duro lo que estoy diciendo!!) Y, en cambio, fue la razón de no hacerlo. Ni por todo el daño del mundo que me hubiera hecho merecía que yo respondiera así. Pensé en sus lágrimas y me sentí tan mala persona que no pude. Conste que no había ninguna motivación, ninguna razón que me animara a vivir (yo era muy oscura, muy triste, muy desesperanzada a esa edad, todo estaba mal y lo estaría siempre, no había arreglo, el mundo estaba mal, yo estaba mal, era como una maldición sin salida), pero incluso sin esperanza tuve la enorme suerte de pensar en mi madre y negarme a hacerle aquello.

Probé todo y todo sin fe. Especialistas, mil cosas. Nada me ayudó porque no creía en nada. Al final fue poco a poco, pequeñas cosas, personas maravillosas que me ayudaron lo indecible sin saberlo, y siempre la imagen de mi madre. Autopsias, cabezonería, muchas caídas, pesimismo invencible, rendiciones, resignación (seré siempre infeliz) y por fin el cambio. Empecé a ser feliz cuando me empeñé en serlo, cuando me reconcilié conmigo, mi madre, mi padre, el mundo. Fue como un grito: basta ya, no voy a ser infeliz, no me lo permito, no me da la gana. Fue la contraposición al: no servirá de nada, para qué intentarlo? Un pulso que me eché a mí misma.

Es dificilísimo tener fe cuando nunca la has tenido. "Si crees que te irá bien te irá bien" te decían. "Pero es que a mí nunca me ha ido bien, cómo voy a creerte?" Tener fe es lo más difícil que me ha pasado. No había forma de acallar aquella vocecita que se empeñaba: "saldrá mal, saldrá mal". Y yo, como Santo Tomás. Dame una prueba de que irá bien y creeré. Ah, no, cree primero. Un círculo vicioso!

Qué hice? Le di la vuelta. Y cuando me dejó otro chico más lloré, pero me me sacudí y pensé: "oivá, ha salido bien. Eso significa que ahora viene algo mejor". Me negué a verlo como fracaso (ojo, me costó!) Ahí empezó a funcionar todo. Las cosas, seguramente, no están saliendo mejor que antes, es sólo que yo las veo por el lado bueno, porque lo hay, resulta que lo había y yo no lo veía nunca!

Tuve suerte de encontrar el modo, pero me costó mucho. Me costó muchas charlas, mucho pensar, especialistas, oír consejos, oír cosas feas sobre mí y digerirlas. No gusta. Duele. La mujer de malva, por lo que sé, desoyó todo consejo, rechazó toda mano, se negó a toda ayuda. "Estoy mal y nadie puede ayudarme". Qué se hace ante algo así? No da la sensación de que pide lo imposible? De que sólo se queja y no hace nada? Ni el mejor amigo, ni el mejor psicólogo puede ayudarte si te niegas, y eso es lo que me fascina, el empeño en "no puedo". No hablamos de una esquizofrénica, que ha perdido el sentido de la realidad. Me aterra la de casos que hay así, el abandono, el culpar a otros, la vida es demasiado dura, nadie me comprende. A mí me suena a vacío, sí, pero con ciertas dosis de acomodo, no sé bien cómo explicarlo. Es como "no sé dónde está la luz, pero tampoco voy a esforzarme en buscarla". E incluso "y no me vale ninguna de las luces que me acercáis". Qué tremendo.

Pienso "pero qué clase de milagro esperarán las personas que se sienten así? Cómo no ven que tienen que pelear si quieren salvarse? Será que no quieren en realidad? Si es así, por qué no querrán? Miedo, pereza, falta de fe???"

Puede que me equivoque por completo, que sea ligera juzgando, qué sé yo. Lo veo así y me entra como espanto y cabreo, impotencia, me sacude por dentro. Me entran ganas como de atizar bofetones y gritar: "pero vive, pelea un poco, mira todo lo que tienes al rededor, no lo ves?? Sal a mirarlo, porque tirado en la cama lamentándote no es posible ver nada!!"

Repito que cada caso es un mundo, pero siempre me ha sorprendido tanto el tener una depresión que te impide cocinar, trabajar, responsabilizarte de cosas, que te vuelve colérico, que te da patente de corso para reprochar... pero que, en cambio, te permite salir a cenas, enjoyarte, viajar, sacarle humo a la visa... (hablo de este caso en concreto) y quejarte, quejarte, quejarte... parece como enfermizo, como paladear la depre, no sé, acomodarse en ella, atrincherarse de una manera egoísta, sí.

Quizá era una forma de aparentar normalidad, un aferrarse a algo, una pose, quizá esta mujer estaba tremendamente enferma. Pero qué terrible la lucha de esa familia y todo en balde. No sé, al final lo único que pienso es que, sencillamente, no quiero entenderlo ni justificarlo, porque me niego a verlo como salida. No quiero aceptarlo, como no lo acepté para mí. A lo mejor es que me aterra la idea de que le ocurra a un ser querido y ser tan tolerante y respetuosa como para dejarle hacer. Y, obvio, como uno se empeñe nadie lo podrá evitar, pero siento que si lo acepto es como rendirme. Quizá sea sólo otro de mis miedos.

Un besote, Io! (Juan, te estamos invadiendo el blog sin la menor consideracióoooon!!!!)

Juan dijo...

No Lenka, no me estais invadiendo nada que no sea vuestro. Muy al contrario, con vosotras está mucho más lleno de vida.

Io, no se trata de ningún debate de Lenka y mío, cualquiera que quiera opinar al respecto es bienvenido. Sólo era un intercambio de opiniones al respecto de una entrada de Lenka en su blog.

Ahora Lenka lo he entendido bien. Cuando leí en tu blog la entrada, habían muchas cosas con las que estaba de acuerdo, la mayoría de hecho, pero había una cosa que me chirriaba: me daba la impresión que había un prejuicio y un desprecio latente contra esta mujer por el hecho de ser rica y pija, no contra su conducta, sino contra ella misma. Me ha pasado otras veces en algunas cosas que escribes, por ejemplo con las chonis, de las que ya hablamos en su día.

A mí no me gustan ciertas actitudes de las chonis ni de los pijos a los que te refieres y estoy casi al 100% de acuerdo contigo en las actitudes que no me gustan. Pero tampoco me gusta etiquetarlos como chonis o como pijos, como no me gusta etiquetar a nadie de facha, progre o cani. Porque cada uno es mucho más que eso. El facha, además de tener unas ideas con las que no estoy de acuerdo, puede esconder una enorme variedad de pensamientos y sentimientos maravillosos que lo hagan ser una persona extraordinaria al margen de cantar el cara al sol.

Es que no me pega nada que sigas etiquetando a la gente, de verdad, tú no. Eres una persona a la que considero tan decente y tan buena persona que me resisto a este que yo considero defecto tuyo....no va en tu forma de ser humana y comprensiva.

Por supuesto que yo también tengo prejuicios, que a veces etiqueto, como todo quisqui, pero me rebelo contra ello, porque sólo me hace y hace daño. Nunca lo considero bueno. Nunca es positivo, por ello, nunca los justifico. Cuando encuentro uno en mí, me da tanta rabia que he hecho de este tema una de las prioridades de mi vida personal.

Sabes que odio a la Iglesia y antes odiaba a los católicos y tenía unos enormes prejuicios contra ellos, contra los militares, contra los de derechas, contra los pijos, los ricos....contra...contra. ¿Me sirvió de algo?: NO. La mitad de la sociedad la consideraba "mi enemiga". Realmente empecé a ser feliz y equilibrado cuando empecé a entrever entre esas ideas a personas, con afanes, sentimientos, sufrimientos y amores similares a los míos.

Por favor, no lo tomes como una crítica personal esta entrada, ni como un enseñanza, aunque algunas veces lo pueda parecer, simplemente intento contarte cual ha sido mi experiencia por si te puede servir.

Juan dijo...

Io, estoy de acuerdoo en todo lo que expresas sobre el suicidio, menos en una cosa: no hace falta tener ningún punto de psicópata para suicidarse. Ni siquiera una depresión profunda.

Por supuesto que hay casos con transtorno bipolar, esquizofrenia y depresiones profundas, pero no son los más frecuentes. He hecho alrededor de 1500 guardias, más o menos y he podido hablar largo y tendido con decenas de suicidas verdaderos (aquí no cuentan las personas que se toman cuatro pastillas de Termalgin para llamar la atención) y en la mayoría de veces no había ningún transtono grave de personalidad ni una depresión profunda. Eran personas que se sentían vacías, infelices, NO COMPROMETIDAS con nada.

Creo que aquí radica, a mi entender, el mayor número de suicidios y sobre todo, de profundas tristezas. Los suicidas no son más que la punta del iceberg, unas decenas, sobre los cientos de miles de personas que se sienten vacías: falta de compromiso que los hace sentirse absolutamente vacíos. Pueden tener sus ideas, ideales, pero no los viven, sólo son ideas sin más que, en realidad, no forman parte de sus vidas. Cuando tienes que algo por lo que luchar, tienes algo por lo que vivir. Si te falta el compromiso, la lucha viene el vacío de tantos.

Un abrazo

Rose dijo...

Hola.
No he querido entrar en el debate porque sé que pondría demasiada carga emocional en él, y que no sería objetiva. Digamos que mi opinión hace bajar la balanza del lado de Lenka, no porque haya vivido un suicidio real, sino porque una persona cercana lo ha intentado en varias ocasiones (sin conseguirlo), y no lo puedo justificar, no lo quiero justificar... y porque supongo que, algún día, tarde o temprano, lo volverá a intentar, y quizá acabe por conseguirlo, y entonces, generará tanto dolor (al menos, a su hijo y a su madre) que sé que no sólo no podré justificar una decisión así, sino que la maldeciré...
Lenka, únicamente puedo decir que tienes mi más sincera admiración, por la fuerza que te supongo, pero sobre todo por tu sabia manera de argumentar, y de intentar no dañar con tus argumentos.
Eso, por supuesto, no desmerece en absoluto las opiniones de los demás. Me habéis removido un poco la caja de los fantasmas, lo cual viene bien, cuando salen a pasear se airean y vuelven a casa más tranquilos, pero sobre todo, me habéis hecho pensar.... sobre mis miedos, sobre mis opiniones, sobre mis propios prejuicios....
Que tengáis buen fin de semana. Por aquí hace sol, así que, al menos, los fantasmas hoy, no se me van a mojar, jejejejej...

Celadus dijo...

Juan, leyéndote me da la impresión de que le estás diciendo a Lenka como "debería" ser, según tu punto de vista (según a idea que te has hecho de ella):
"Es que no me pega nada que sigas etiquetando a la gente, de verdad, tú no. Eres una persona a la que considero tan decente y tan buena persona que me resisto a este que yo considero defecto tuyo....no va en tu forma de ser humana y comprensiva."
Aunque no uses ese vocablo, aquí va implícito un "no deberías ser así" o un "deberías ser de otro modo". Al menos así lo percibo yo, y eso no deja de ser un deso de que las cosas -o las personas- sean de otro modo. Cosa que en sí no es mala ni buena. Pero resistirse a un "defecto" de alguien no es otra cosa que no aceptarla tal como es, un deso de dcambiarla, de que sea de otro modo. Y eso no me cuadra con lo que expones más arriba.
Por otro lado, comparar no implica en basoluto un "debería ser así". comparar es poner una cosa junto a otra y observar sus semejanzas y diferencias. Nada más. Lo otro es emitir un juicio sobre cual de las dos cosas es mejor que la otra. Pero eso ya es algo que se sale de la comparación. En todo caso, coincido con Lenka en que hacer ese juicio no es malo si nos ayuda a mejorar, si nos remueve por dentro y nos hace movernos. Solo es negativo cuando nos remueve pero nos inmoviliza, o usamos ese sentimiento como excusa para la culpa si hacer nada por cambiar.

Respecto a lo que dices de los suicidas en tu último comentario, coincido bastante con tu apreciación. Pero me gusta hablar más que de compromiso, de coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. Cuando no existe esa unidad es cuando se puede caer en el vacío existencial que puede llevar al suicidio a quienes sean incapaces de superarlo.
Un abrazo.

Sra de Zafón dijo...

Lo primero de todo: Te deseo un año lleno de felicidad.

Lo segundo darte las gracias por regalarnos, como siempre, esa mirada ¡tan trabajada! que consigue ser limpia como pocas.

Y lo tercero decirte que me quedo con una sensación un poco chirriante ante esta apreciación tuya sobre la opinión de Lenka en su entrada “pobres niños ricos”:

Quizás si te cuento cómo vivo yo el dolor que veo en los demás, porque en definitiva de lo que estamos hablando es de nuestra relación con el dolor ajeno, sea capaz de expresar lo que sentí al leerte.

Sabemos que es imposible valorar la intensidad con la que alguien vive su dolor, y calibrar quien sufre más o menos, pero es muy legítimo elegir como nos relacionamos con el dolor del otro.

Creo, como dice faladomi que cada uno lleva su infierno y su cielo dentro, y que depende de uno mismo, mucho más de lo que creemos, el vivir en uno u otro.

Y desde esas premisas me cuento y te cuento:
Hay dolores ajenos en los que dejo mi tiempo y mi piel, y dolores en los que tras un tiempo de dedicación abandono, literalmente, a la persona que los sufre y de éstos, no de los otros, es de los que quiero hablarte.

Yo sí comparo, Juan, en incluso juzgo los tipos de dolores, y decir que no se hace me parece irreal.
Creo que tú no metes en el mismo saco el sufrimiento de alguien que quiere caramelo tras caramelo, (metaforizando bienes materiales y control afectivo sobre los demás) con el de alguien que pasa hambre o tiene una enfermedad muy incapacitante, por ejemplo.
Tampoco puedes meter en el mismo saco el agobio de alguien que está en casa tocándose las pelotas y no encuentra criada( mi tía que curiosamente también se llama Remedios) y se queja de lo poco oportuna que fue la muerte de la madre de la anterior criada, "en estas fechas,que me deja así de colgada...", con el dolor de la criada que se queda sin madre y sin trabajo, ya que mi tía le dijo que si se iba que no volviera...
y digo yo… Juan ¿tú estos dolores no los comparas...?
Mira hablamos de alguien concreto, que no encuentra criada pero que tiene tres casas y un millón de euros en su cuenta, y de su excriada llorando de pena y desesperación mientras se queda sin madre y sin la comida de sus hijos.
Esos dolores no DEBEN, con mayúsculas, meterse en el mismo saco, Juan, por mucho que mi tía se crea sufrir más que nadie.

Pues ante esto yo me siento absolutamente justa diciendo que menudo agobio gilipollas tiene la egoísta de mi tía. Y que no sólo DEBERÏA, si no que merecería, por su bien, para comprender, empatizar, y ser justa, tener que hacer de criada una buena temporada. Y por supuesto se lo digo a ella, y a lo único que la condenaría si pudiese hacerla pasar pasar por la experiencia de ser criada es a meterse en otros pellejos.
¿Ves alguna injusticia en mi trato con el sufrimiento de mi tía, cuando habla del agobio de una rica gilipollas? ¿o no puedo decir que es rica porque entonces ya le puse etiqueta?
Yo creo que Lenka hablaba de una persona que le trajo a la mente la actitud de muchas otras...como a mí me trae a la mente mi tía la manera de estar en la vida de muchas otras...


Pero dejemos a ricos y pobres porque el "caramelista" pertenece a todas las clases sociales y a todas las razas.
Y creo que lo más justo para el sufriente por caramelismo, :-) desde este momento renombrado como “caramelista”, es que las personas que le quieran TENDRIAN que decirle que DEBERÍA hacer una serie de cosas que le ayuden a cambiar la visión de su película y DEJAR DE CONSENTIRLES.
Por que yo no creo que dedicando nuestro tiempo y abriendo nuestros brazos una y otra vez ayudemos a ningún “caramelista.”
Es más si a un niño que llora por que ya le has dicho que no le vas a dar caramelos, le abres los brazos para que llore sobre ti, sólo conseguirás que cada vez que esté frustrado te necesite, y a la vez, que llore cuando tenga ganas de tu atención, pasando tú a formar parte de sus caramelos, y lo más probable es que tú te conviertas en su piruleta reina,o lo que es lo mismo en el “objeto” que calma su inquietud. Y si eso es lo que tú necesitas debes ser honrado y reconocer que lo haces por ti y no por él (por supuesto que hablo en general y no me refiero a ti, Juan)

Yo no creo que comprenderlo todo ayude más que comprender a medias o nada, como tampoco creo que para ser justo haya que empatizar y no poner nombres a las estupideces propias o ajenas, y desde luego lo que no creo es que el amor consista en acompañar por encima de todo. A veces por amor hay que apartarse.
Para ser justo hay que ser objetivo y para querer hay que saber decir no.

Nadie puede ayudar a nadie compensando con su afecto y su tiempo cuando eres el objeto por el que el otro necesita sufrir tanto, porque la mayoría de las veces el verdadero objeto de frustración suele ser una persona, aunque el manipulador embarulle y disfrace todo.
Hay muchas personas , que sufren porque les “rinde” más sufrir que no hacerlo, sobre todo cuando enfrente tienen personas dispuestas a que les abracen en su dolor y les compensen de alguna manera, bien con atención afectiva, o con bienes materiales. Hay personas que con una conversación, o con unas caricias les es suficiente y otras que necesitan joyas o coches o la parasitación total de su pareja, por ejemplo.
Hay personas que ante la amenaza, real o irreal, de una ruptura pueden inventarse desde malos tratos , o enfermedades mortales, (si no tienen médicos en la familia :-)) a violaciones, para que la persona que necesitan a su lado se enternezca, justifique sus actos, normalmente egoístas y descontrolados, y las mimen y protejan. Así suele empezar el camino de los falsos suicidas que quieren llamar la atención de una pareja a la que sienten que ya no controlan como antes. Si esta responde la cosa queda ahí hasta la siguiente vuelta de tuerca. Casi ninguno se mata, que conste…pero un 14 % de los suicidas , creo recordar (lo busco y no lo encuentro) terminan matándose para hacer daño a los demás, y dejan bien claro, quien o quienes son los “culpables” de su sufrimiento. Normalmente aquellos a los que más han esclavizado, o al menos con los que más lo intentaron, osea sus “objetos tranquilizantes”
Este comportamiento no es de ricos ni de pobres, aunque las formas de manifestar el sufrimiento suelen ser distintas.
Yo condeno el chantaje, las manipulación, la mentira, el egoísmo, y una vez detectados trato a las personas, tengan la edad que tengan, como al niño que quiere un caramelo tras otro.

Te leo por algún post que hay personas a los que los DEBERÍAS les hacen sentir muy mal, es verdad, sobre todo a las personas que sufren dolor por la pérdida de alguien,o que padecen depresión, pero no te olvides que otra manera de manipular también es decir que “te hago sufrir tanto que cada vez sufro más... consuélame, consuélame”
Te podía contar varios casos reales de personas que vivieron así hasta que su objeto de calma las dejó y que ahora les va de maravilla, porque gracias a dios no todas son como mi tía.
Bueno, Juan, no sé si te ha quedado claro lo que me hizo sentir tu entrada dedicada a Lenka…pero ya me quedé a gusto :-)
contándotelo.
y sigo que quiero decirle una cosa a una de tus vistantas.

Mi ordenador se llenó de virus y tecleo sobre un portatil y me cuesta, así que aparecen errores y erratas... hoy tengo a quien echarle la culpa:-)

un abrazo del tamaño de tu capacidad de aceptación.

Elvira dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Elvira dijo...

Me ha interesado mucho todo lo que he leído hasta ahora. Comprendo que determinadas actitudes indignen a Lenka, y que le preocupen más los que quedan que quien decidió irse. Pero muy mal tiene que estar una persona para tomar tal decisión. Es posible que la incongruencia entre lo que la persona siente y cómo es su vida, como dice Cedalus, le empuje a ello. Puede que haya un punto de locura. Pero la desesperación... ¿es siempre locura? No lo sé.

Juan: no sé dónde leí que no es lo mismo estar en contra de la guerra que a favor de la paz. Me gustó el matiz.

Me apetece comentar lo que dice Cedalus: "comparar no implica en absoluto un "debería ser así". comparar es poner una cosa junto a otra y observar sus semejanzas y diferencias." Estoy de acuerdo, y de hecho creo que he aprendido mucho comparando; puedo ver pros y contras en ambas posturas, aunque por mi carácter y circunstancias me acabe gustando más una actitud que la otra. La conclusión a la que llego muchas veces es que dependiendo de la persona, por qué lado se pasa o se queda corta, conviene una actitud o su contraria, para así compensar y llegar a un equilibrio.

Poniendo un ejemplo muy simple: a un hijo/alumno gandul le aconsejaría esfuerzo y disciplina, intentando motivarle para realizar tal esfuerzo, en cambio a un hijo/alumno excesivamente serio, esforzado y perfeccionista le recomendaría que se fuese a patinar un rato.

Un abrazo.

Elvira dijo...

"A veces por amor hay que apartarse. Para ser justo hay que ser objetivo y para querer hay que saber decir no." Totalmente de acuerdo, Chusa (estábamos escribiendo a la vez) Besos.

Sra de Zafón dijo...

Hola Io,
Quería decirte que para la depresión no es nesario tener ningún motivo "objetivo" la depresión es una enfermedad que incapacita para la objetividad, y que quien la padece puede pasar de ser la persona más resolutiva a ser la mas incapaz.
El dolor que sufre un enfermo de depresión muchas veces termina en suicidio y muchas veces da igual lo que tengas y a quien tengas a tu lado.
Ahora, ya que mencionas a Erika Órtiz, de la que no tengo ni idea de por qué se suicidó, te diré que si mi hermana se hubiese casado con el principe yo no me sentiría con muchas alternativas...
Me explico: no me gusta la vida de palacio,:-) ni siquiera el asfalto más que para un ratillo, huyo de los compromisos como de la peste, y de los actos sociales, me gusta la palya de Barra ( nudista), me encanta mi trabajo y poder hacerlo con la libertad de no ser una tipa conocida, me gusta que los niños anden de casa en casa sin guardaespaldas, y si me casa se convirtiese en un lugar lleno de periodistas a la puerta del jardín... ¡tendría que poner puerta...!
Quiero decirte con esto que las alternativas que unos ven para otros son cargas muy pesadas... desde luego para mí ser cuñada del príncipe sería una gran faena y me alegré mucho cuando me enteré que ninguna de mis hermanas era la afortunada :-).

Un beso.

Elvira dijo...

Hola Io:

"Nada de lo que le digas puede llegar al lugar profundo y oscuro en el que se encuentra. Sólo un especialista podría sacarle de ahí." Por desgracia a veces ni un buen especialista lo consigue. Besos.

Elvira dijo...

Chusa: yo pensé algo muy parecido a lo que tú expones, respecto a la hermana de la princesa.

(¿Por qué no puedo ponerlo todo en el mismo mensaje? Me sale a trozos.)

Lenka dijo...

Zafo ha explicado muy bien lo que pienso. La primera vez que sentí cabreo por las quejar eternas de una caramelista, le comenté a una de mis mejores amigas (psicóloga) lo injusta que me sentía, cómo podía evitar enfadarme con aquella persona que sufría. Mi amiga me echó la bronca, sí, pero no la que yo esperaba. Me dijo que no tenía nada de mala por cabrearme, que, en efecto, muchas personas acaban paladeando sus penas y utilizándolas en su beneficio. Y que tampoco eran malas. Era un simple cuestión de "pido-recibo". Que era muy duro, pero había que tratar por todos los medios de romper esa cadena. Si quieres a alguien quieres que sea feliz, autónomo, sano. No puedes consentir ser sus muletas. Todos necesitamos amor, comprensión, un beso, todos nos ponemos tristes, nos hundimos a ratos, es normal, y quienes nos quieren corren a nuestro lado. Lo enfermizo es cuando te bloqueas ahí, exiges, chantajeas, culpas, reprochas, o consientes, depende de en qué lado estés.

No me parece muy distinto a lo del niño tirano. Los padres ceden motivados por el amor, pero no se dan cuenta de que es un amor, digamos, mal expresado y que no beneficia al niño, al revés, le perjudica. De chavalina no entendía la frase de "quien bien te quiere te hará llorar", pensaba que era una burrada. Una excusa de los padres (tan malotes ellos) para "mandarte", una chorrada romántica para sufrir con gusto por amor, o algo así. Ahora la entiendo mejor. Cuando yo lloraba por un desengaño agradecía los mimos de mis amigas, las esperanzas que me daban, todo irá bien, estarás bien. Pero también agradecí que me soltaran cuatro verdades. "Por qué sigues empeñada en buscar tíos que no te quieren, ni quieren quererte?? Te gusta pasarlo mal?? Te lo avisamos cada vez y admites que lo sabes, que sabes que te darás la torta padre, pero allá vas. Joder, eres inteligente, no te portes como una tarada!! Quiérete más!!"

De entrada, con los mocos colgando y el corazón roto, duele. Jo, cómo se pasan. Con lo mala que estoy. Pero sabes que tienen razón. Lo que aprendí de mí misma, casi todo, se lo debo a ellas, a que me querían tanto que no dudaron en sacudirme y hacerme llorar un rato para no verme llorar toda la vida. Me dieron fuerzas y herramientas para ser más sana, más fuerte. Ahora lloro menos, sé gestionar mejor el sufrimiento, y eso es mejor para mí y para los que me rodean. Es mejor para todos. Su apoyo y su lección me prueba cuánto me quieren, mi determinación y el haberles escuchado les prueba que las quiero.

Por desgracia hay mucha gente que reacciona a la defensiva, no quiere escuchar, no quiere ver. Claro, es duro admitir los fallos y hacerse el propósito de cambiar. Horror, qué difícil. Por eso hay gente que se ancla, que prefiere la compensación inmediata, el caramelo, y abandona la lucha, y depende de otros hasta lo indecible, y su amor se convierte en tiranía. Te odian si no respondes como quieren, te odian porque te necesitan desesperadamente y eso les pone enfermos. Es terrible, nadie lo niega. Creo que cuando amamos debemos saber decir no y sacudir. Pero si el otro no pone nada de su parte... malo.

Etiquetas... es tan difícil no ponerlas... es imposible, las ponemos siempre. Yo te las pongo y tú a mí, pero no nos molestan porque son etiquetas de cariño. Estoy contigo, es necesario huír de etiquetas y prejuicios, son peligrosos. Pero siempre hay algunas, porque necesitamos aprender y lo hacemos clasificando y comparando. No se puede evitar ni eliminar, supongo que lo ideal es encontrar la medida más equilibrada. Es mejor etiquetar conductas que a las personas, claro. "Deseo ser tan fuerte como fulano, que ante tal cosa hizo esto". "No quiero ser como mengano, que ante tal cosa hizo aquello".

Algunas de las personas que más admiro y quiero son pijos, ricos, católicos a ultranza, monárquicos, de derechas... ya hace tiempo que mis mayores prejuicios se fueron al carajo gracias a esas personas, que me enseñaron tanto sólo por ser como son. Los miro y los admiro. Me miro a mí y pienso: "en esto y lo otro son mejores que yo, quiero ser como ellos". Sólo por ser como son me ayudaron a mejorar, me quitaron prejuicios, me taparon la bocaza. Algunas de las personas que menos me gustan son republicanos, rojos, progres, obreros. Les puse etiquetas maravillosas y luego no había tal. O había todo lo contrario. Esos también me enseñaron un montón.

Hay otra mujer de malva, que es mi tía R. Vive en un palacete, tiene tanta ropa y tantos zapatos que no podría contarlos, coches, vacaciones estupendas, hijos con masters, marido con empresa propia. Son ricos y pijos. Son tan buena gente, trabajan tanto, sudaron tanto por levantar su pequeño imperio (era su sueño y lo lograron, hurra por ellos), son tan generosos, tan llanos, tan divertidos... mi tía pasó una fase de depre, de hundimiento. Su acitud fue levantarse a las seis de la mañana, trabajar más, arreglarse más, estar con gente, hacer cortinas, disfraces, manteles, cualquier cosa que la entretuviera, aprender a nadar, tirarse por el suelo a jugar con su nieta, cocinar para la familia, pasear y agotarse, porque llevaba un tiempo de pastillas furtivas y temía engancharse. No dijo a nadie nada de sus lágrimas y sus medicamentos, por no preocupar. Se volvó en hacer cosas nuevas y en los suyos, hasta que la sonrisa volvió y le salía sola, tiró las pastillas y ahí está, recuperada. Me parece un ejemplo de fuerza. Pero, sobre todo, me maravilla que su primera reacción ante su dolor fuera: "que no se entere nadie!" Es tan generoso que alucino. Cuando lo supimos ya estaba fuera y recuerdo mi susto pensando "y si no hubiera podido sola?" Pudo, porque no se rindió ni un segundo, no se consintió ni una tarde de inactividad. No lo vimos!! Tremendo, no?

Saludos a todos, sigo pensando (la has hecho buena, Juan!!)

Juan dijo...

¡¡¡Qué barbaridad, como corre esto¡¡¡

Rose, no se trata de ver quien gana un debate. Si hubiera una competición de debate y me tuviera que enfrentar con Lenka, ni lo intentaría. Me daría por vencido antes de comenzar Jajjajaja.

Se trata de exponer opiniones y de comprender razones, motivos. Cuando se puede disfrutar de personas como tú, Lenka, Io, Elvira, Celadus, etc, es maravilloso exponer lo que piensas porque sabes que vas a encontrarte con opiniones tan válidas o más de las que has expuesto. Ves otros prismas y aprendes, estés o no estés de acuerdo con lo que cada uno expone.

Rose, me gustaría preguntarte por la persona de la que hablas: comentas que se ha intentado suicidar varias veces y lo volverá a intentar. No sé, pero no me suena bien. Puedo estar equivocado pero, cuando alguien se quiere suicidar DE VERDAD, casi siempre lo consigue. Pocas veces fallan, porque los medios que ponen para conseguirlo suelen ser tan drásticos que no hay casi ningún margen para el error. Los que se salvan son por puras coincidencias de llegar antes de la hora a casa y encontrarte al suicida, por los pelos, con 300 pastillas tomadas. Cuando el “suicida” lo ha intentado varias veces, casi siempre se trata de alguien que sólo quiere llamar la atención o quiere manipular. Esto es lo primero.

Lo otro que quería saber es que piensas tú del sufrimiento de la madre y el hijo, al ver a esta persona tan infeliz....viviendo. Ya sé que lo prefieren vivo, por supuesto, pero el dolor de observar año tras año a un ser querido sufriendo tanto, ¿no puede ser incluso un sufrimiento mayor?.

He intentado dejarte un mensaje en tu blog en varias ocasiones y no me lo ha permitido. ¿Sabes si pasa algo?.

Un abrazo Rose.

Juan dijo...

Celadus, jajajajajaja. Pues sí, tienes toda la razón.

Huyo como la peste de etiquetas y prejuicios, pero se me escapan. A veces me doy cuenta y otras no. Esta la has pescado tú. Es una lucha en la que he ganado muchas batallas, pero sé que voy a perder la guerra....pero sigo luchando.

Y también estoy de acuerdo en que he empleado, sin nombrarlo, un debería, jajajajajaja. No era mi intención, pero así ha salido.

“comparar es poner una cosa junto a otra y observar sus semejanzas y diferencias”. También te doy la razón, desde el punto de vista sintáctico. Pero no me refiero a este tipo de comparación en que tan sólo se observa, sino a la comparación dañina para uno mismo, unas veces por pura competitividad malsana, otras para reprocharte lo que no eres o no haces y otras para justificar un prejuicio contra alguien. La comparación que sirve para aprender y mejorar por supuesto que es sana y necesaria.

Cuando hablaba de compromiso, iba implícita la actuación para hacer efectivo ese compromiso. Yo lo expresaba como “vivir el compromiso”.

Celadus, pide traslado a Sevilla, jejejejejeje. Que te tengo “etiquetado” como un amigo que me hace falta tener cerca, jajajajajaja.

Un abrazo

Celadus dijo...

Mejor te vienes tu pa Chiclana, quillo. ;)
Otro abrazo para ti.

Io dijo...

Hola Chusa:

Pues está claro que te explicas mejor que yo o que las prisas me roban las palabras, porque lo que venía a decir es exactamente lo que has puntualizado tú.

Que no es necesaria una causa, sea cáncer, desamor, ruina, etc. para hundirse en un vacío que te lleve a la desesperación.

Que uno puede, en apariencia, tenerlo todo y sin embargo querer morirse.

Que ese vacío y esa desesperación pueden llevarte a ignorar algo tan incuestionablemente importante como es una hija.

Que no estoy hablando del manipulador que se dedica a gritar a los cuatro vientos que se va a suicidar para saciar su necesidad de atención y egocentrismo.

Y en este punto me referí a Erika Ortiz porque su trágica muerte respondió a muchas de estas premisas. Era una mujer muy sensible, que no se dedicaba a manipular a nadie, que no estaba enferma, que no tenía problemas económicos, que no sufría desamor, que tenía una hija maravillosa, que contaba con una posición que tal vez le hubiese facilitado otro tipo de huida. Y sin embargo NO PUDO.

Se que fue, precisamente, la nueva situación de su hermana la que le llevó a ese hundimiento, por cuanto era una filosofía de vida que atentaba de lleno contra la sencillez de la suya propia.

Mucha gente se echó las manos a la cabeza por esa niña que quedó huérfana, por destrozar el corazón de su familia, por haber optado por una solución "egoísta" que hizo daño a mucha gente. Pero yo pensé en ella, en cómo de hundida y desesperada debió sentirse ella para hacer lo que hizo a pesar de su niña y de la vida que tenía por delante.

Y por eso la he puesto de ejemplo. Porque me ha parecido que en este debate se estaba tomando como modelo a un tipo de suicida frívolo y manipulador, y muchas de las personas que se quitan la vida no tienen la culpa de caer en el abismo en el que caen, no pueden evitarlo, no saben luchar contra ello y, curiosamente, no suelen contarle a nadie que tienen intención de suicidarse.

Y por mucho que nos parezca una aberración, tendríamos que estar en la oscuridad de su desesperación y de su infierno para poder entenderlas y comprender que no existe un ápice de egoísmo en su trágica decisión, que no pueden evitar sentir como sienten, que la vida puede ser un lugar muy bello y hay que estar pasándolo muy, pero que muy mal para retirarse antes de tiempo.

Luego habrá otro tipo de suicidas, manipuladores, ególatras, etc. Pero el caso al que yo me refería, que es el único que conozco, no era de esos.

Un abrazo, Chusa

Io dijo...

Hola Elvira:

A veces, ni siquiera el mejor especialista. Con mi amiga A. no pudo ni el mejor. Ingirió una sobredosis de pastillas, fué tratada en un hospital y, nada más volver a su casa, se fue directa a la ventana.

Nunca podremos llegar a entender lo que pasa por la mente de alguien que busca la muerte desesperadamente, salvo que nosotros mismos nos veamos en esa situación.

Un abrazo, querida amiga.

Juan dijo...

Chusa, en un comentario previo ya ponía que había comprendido bien el mensaje de Lenka. La lectura directa de su entrada me sugirió un prejuicio contra la señora de malva o los niños ricos, por el hecho de ser rica. Yo he conocido muchas señoras de malva, que jamás han tenido un euro. Pero esto está totalmente aclarado con los comentarios que Lenka ha puesto posteriormente.

Hay una serie de puntos que me han llamado mucho la atención.

“Sabemos que es imposible valorar la intensidad con la que alguien vive su dolor, y calibrar quien sufre más o menos, pero es muy legítimo elegir como nos relacionamos con el dolor del otro.”

Me has quitado la frase, jajajajajaja. Respetar el dolor ajeno, sí. Como nos relacionamos con el mismo: eso ya es otro cantar. En el foro del capitan alatriste, había un Rincón de la queja. Habían muchos post normales y corrientes, pero habían otros en que me daba la impresión que se potenciaba a los que sufrían (nunca con mala fe, por supuesto). Sólo, que yo recuerde, escribí una vez en el mismo y preferí no hacerlo más porque me daba la impresión que se reproducía en ese hilo, la civilización del sufrimiento judeo-cristiano de nuestra sociedad.

Y es que hay, como bien dices, muchos tipos de dolores. Los hay que no dependen para nada de nuestros actos (la muerte de un padre), y que necesitan de nuestro apoyo emocional, de nuestros abrazos. Los hay que, si los aprovechamos, nos van a hacer crecer, como cuando nuestra pareja nos abandona o perdemos el trabajo. En este caso, además del abrazo, que siempre es fantástico, también hace falta, en ocasiones, dar un revolcón al que lo sufre, para que no se quede parado, para que luche, que no se limite a lamer las heridas.

Las personas caramelizadas, me ha gustado mucho esta metáfora. Me va a servir mucho. Conozco a muchas personas así y nunca las había visto desde esta perspectiva. Yo he hablado a veces de vampirismo emocional y material, del eterno pedir/exigir y del subsecuente transigir y consentir del otro. Pero el caramelismo, me ha dado otra visión del mismo problema. ¡¡¡¡Me lo quedo¡¡¡¡, jajajajajaja.

Por supuesto que para mí no es lo mismo un tipo de dolor que otro. El ejemplo que pones de señora y criada sufriendo es harto elocuente. Pero como te he dicho antes, no era ese el tema que me chirriaba del post de Lenka, sino la falsa impresión que tenía, posiblemente por el título de su entrada, de que parecía que un rico no tenía derecho a sufrir por el hecho de ser rico. Hay dolores que, aún respetándolos, no los comparto ni por consiguiente les hago el más mínimo caso.

Pero la señora de malva, a buen seguro, no se ha suicidado por carecer de criada o no tener el yate que le gustaba. Se ha suicidado porque sufría intensamente y posiblemente por un enorme vacío existencial. Lo de no tener criada y quejarse no era más que un pequeño síntoma de un transtorno mucho más profundo y de mayor calado que nada tiene que ver con ser pija o rica.

Yo voy a la típica frase de “Lo tiene todo y no lo sabe aprovechar”. No lo tiene todo, posiblemente no tenga nada de nada, de lo que realmente es importante. No ha sabido ser feliz. No ha sabido luchar. Tenga joyas o no, yates o no. Me da igual. Hay muchas personas que no saben ser felices y creo que la mayoría luchan pero no saben en que dirección. Es más, este tipo de personas intentan poseer más y más cosas materiales buscando la felicidad en ellas. Luchan contra la infelicidad de esa forma que les han enseñado y.....cada vez se sienten más y más vacías y cada vez se quejan de más y más cosas, a cual más gilipollas.

Con respecto a tu tía, evidentemente se queja de cosas gilipollas, pero eso no la hace gilipollas. (Quizás lo sea, jajajajajajaj, pero no la conozco). Tampoco se el grado de sufrimiento de ella. Ni porque sufre, si lo hace. Lo que sí te puedo asegurar es que las “quejas gilipollas” de tu tía, son las mismas, aunque de distinta índole a otras muchas personas que no tienen un duro. La queja eterna de tantos y tantos por nimiedades que prefieren quejarse a actuar.

Estoy plenamente de acuerdo contigo en que no habrían caramelistas sin personas que consienten. De hecho, creo que los caramelistas no nacen....se hacen. Los que consienten son responsables de la existencia de consentidos. Y es muy difícil, muy difícil no consentir, sobre todo con los hijos, pero es absolutamente necesario.

“como tampoco creo que para ser justo haya que empatizar y no poner nombres a las estupideces propias o ajenas,”

Creo que en esta frase no entiendo el uso de empatizar. Empatizar y consentir son totalmente diferentes y creo que, por el contexto en que la utilizas, realmente querías decir consentir. Lo de poner nombres a estupideces propias o ajenas no le veo ningún problema. Si una persona ha mentido, veo correcto decir que ha mentido: eso no es etiquetar, simplemente es expresar una realidad concreta de ese momento. Pero si la tachas de mentirosa, eso sí es etiquetar: has hecho de un acto, mentir, un todo de esa persona: mentirosa. Por eso siempre hablo de actitudes y no de personas. Mentir/mentiroso.

Lo del 14% que se suicida para hacer daño, no lo he encontrado. Sí es cierto que hay manipuladores del suicidio, muchos, pero suelen tener buen cuidado en no matarse. Recuerdo una chica a la que atendí en Urgencias que se tomó 20 pastillas de Termalgin, poniendo buen cuidado en que su novio se enterara. La chica no se quería matar, sólo dar pena o manipular al novio. Como en su casa el Termalgin era como “agua”, se tomó una caja entera creyendo que era muy poca dosis y que no le pasaría nada. Lo que no sabía era que 20 pastillas de Termalgin son mortales. Murió en dos días y la pobre chica lloraba amargamente cuando vio que se le metía en UCI y que todos los médicos estábamos muy preocupados. Sólo repetía que no se quería matar, que el Termalgin no le podía hacer tanto daño.

Muchas gracias Chusa. Me ha encantado tu comentario y he aprendido muchas cosillas y a ver más claras otras.

Un abrazo

Juan dijo...

Elvira: otro de mis pensamiento en tus palabras: me va ir a favor de y no en contra de.

Yo también estoy de acuerdo en el matiz que ha introducido Celadus en lo de las comparaciones. Esa forma de comparar a mí también me ha servido mucho.

Muchas gracias Elvira, como siempre, me ha encantado tu aportación.

Io, creo que has expresado perfectamente mi pensamiento. El ejemplo de Erika viene como anillo al dedo a lo que deseo decir. No puedo justificar el suicidio, incluso puedo no comprenderlo, pero eso da igual. Respeto a la persona que lo ha hecho porque ha tenido que sufrir tan profundo dolor que lo ha dejado todo, aunque el dolor que la ha llevado a la tumba sea o parezca ser, una tontería. Yo no me eché las manos a la cabeza ni la juzgué egoísta ni a ella, ni al señor gallego tetrapléjico que se suicidó. Sus razones tendría: SUS razones. Yo no soy quien para juzgarlas ni juzgar a su persona. Otra cosa muy diferente es que estas muertes me den motivos para pensar, reflexionar, conocer o intuir los porqués para intentar, en lo posible, que no suceda.

Un abrazo

Celadus dijo...

Sobre la queja y sus circunstancias, quisiera comentar aquí algo que me llamó la atención el otro día. Ponían por la televisión una noticia sobre la recogida de la fresa en Huelva y como muchos inmigrantes se han quedado sin trabajo. El caso es que un marroquí se quejaba de que en años anteriores él había podido trabajar en la campaña de la fresa, pero este año no. El hombre protestaba porque "tengo papeles desde hace seis años, pero este año han contratado a un montón de rumanos y no hay trabajo para mi".
¡Cómo nos cambia la perspectica cuando cabian nuestras circunstancias!

Rose dijo...

No, no, Juan, sé que no se trataba de un debate / competición. Lo siento, leyéndome sé que me expresé mal... es lo que tienen las prisas en este medio. En realidad supongo que pensaba en mí misma, en mi probable falta de objetividad cuando se habla de suicidios, en mi imposibilidad de no verlo como un acto de cobardía, en mi nula capacidad para justificar por más que trate de entender... Supongo que me resulta más fácil ponerme en el lado de los que se quedan, de los que sufren la pérdida, de los que se sienten culpables aún a sabiendas de que han estado siendo manipulados. Claro, estoy hablando de esos casos en los que hay una manipulación previa, de esos "me mato por vuestra culpa, y sufriréis mi muerte toda vuestra vida", o de esos "si no me queréis como yo quiero que me queráis, me mato", supongo que por ese caso que he expuesto, que es el único que conozco.
Sí, Juan, efectivamente, yo también creo que en realidad nunca quiso matarse, sino únicamente llamar la atención y seguir manipulando. Cuando ya no encontró un medio mejor de hacerlo, eligió ese. Pero también creo que algún día puede llegar a conseguirlo (o quizá no es que lo crea, sino que tengo miedo de que así sea) porque se le vaya la mano. Porque se tome más pastillas de las que tiene calculadas, porque la persona que está previsto que llegue a casa y la salve de la muerte, se de la casualidad de que ese día no llegue. Tú mismo has comentado el caso de una chica a la que le sucedió. Puede pasar...
Y en este caso en concreto te diré que efectivamente sufre depresión, y anorexia, desde hace años, que se ha desentendido de la manutención y educación de su hijo desde que éste tenía tres años, cediendo su custodia al padre (lo cual no le impide decir delante del niño, cada vez que tiene una nueva pareja, que le apetece "ir a por la niña), que ha llegado a amenazar violentamente a su madre, que ha llegado a agredir físicamente a su hermana, que no es capaz de levantarse de la cama para ir a trabajar o para asistir a la comida de cumpleaños de su hijo, pero invierte dos horas delante del espejo para acicalarse y salir de marcha, que manipula a absolutamente todas sus parejas hasta tal punto que no pueden más y la abandonan, anímicamente destrozados, que continuamente echa en cara a su madre que es la culpabhle de todas sus "desgracias", porque es incapaz de responsabilizarse de sus propios actos y de sus propias decisiones, ufffff..... no puedo ser objetiva, no puedo entender, me duele demasiado, no por ella (que también, aunque me lo niegue a mí misma) sino por su hijo, y por su madre....
Y sí, Juan, yo también me pregunto a veces si el sufrimiento que genera en vida no es mayor que el que generaría si alguna vez llegase a matarse de veras, pero es una pregunta que no me puedo contestar... cuando hay emociones por medio, la razón se nubla demasiado.
Gracias por este "debate" no competitivo.... jejejejej... me ayuda mucho.
Besos.

Rose dijo...

Por cierto, quizá mi blog si esté dando problemas para comentar, porque hace unos días otra bloguera me comentó lo mismo. Pero no sé cómo comprobarlo....

Lenka dijo...

Rose, el retrato que acabas de mostrarnos de esa persona que conoces se parece tremendamente a la señora de malva. Tanto que se me han puesto un poco los pelos de punta.

Comprendo que el título de mi entrada haya podido dar a entender un prejuicio por mi parte. Ahora lo entiendo mejor, Juan, gracias. No era tal la intención, a veces uso títulos sólo porque suenan bien o porque son frases populares que todos conocemos y que dan una pista sobre lo que voy a comentar. En este caso, ("pobres niños ricos") se trata de una frase archiconocida, que, además, me gusta porque expresa en sí misma una contradicción. Pobres y ricos. Ricos en unas cosas, pobres en otras. No es una etiqueta con la que pretenda encerrar a toda persona con dinero, claro que no. Pero creo que refleja muy bien una enorme realidad: que el dinero no da la felicidad. Que se puede ser muy rico de unas cosas y muy pobre de otras. Se puede tener todo y sentir un enorme vacío. Se puede no tener nada material y sentirse la persona más colmada y feliz del mundo.

Además, pienso en esa familia y veo que la historia se podría repetir, tal vez no con exactitud, pero sí en esencia. Porque esta mujer de malva, que siempre tuvo todo lo material, tiene cuatro hijos a los que siempre dio todo lo material (nunca un beso, ni un rato de juegos, ni una sonrisa, estaba demasiado ocupada para eso, o bien en sus cosas sociales o bien en su depresión, y, además, ya pagaba a otra gente para que cuidara de sus niños), y dos de esos hijos llevan perdidos toda su vida. Se les ve vacíos, desorientados, tristes, llenos de adicciones y lamentos, muy parecidos a cómo era su madre. Es una pena, pero hay muchas posibilidades de que sigan el mismo patrón que ella. No pretendo culpar a la mujer de malva, pero quizá les dejó en herencia algunos de sus miedos, parte de su vacío, algunas de sus carencias. Les dio cosas, pero no les dio tiempo, ni cariño, ni herramientas para vivir. Claro, ella misma no las tenía.

Io, comprendo bien lo que tratas de decir, con el ejemplo de Erika, pero mira, me salen otra vez mis prejuicios y mi cabreo. Yo no querría jamás una vida como la que ella se encontró de repente. Y, aún así, pienso: "y si se hubiera ido a vivir a Nueva York, a Estocolmo, a Buenos Aires?" Es una idea, sin más. Una forma de escapar de algo que no te gusta y no tienes por qué tolerar, pero al menos escapar sin morir.

Claro, seguramente estaba tan hundida, tanto, tanto, que ni podía pensar, no veía salida alguna. No lo discuto, qué nivel de hundimiento, de dolor, tiene que ser terrible. No lo discuto porque, como dije, yo llegué a un punto parecido. A lo mejor estaba mil escalones por encima que ella, no lo sé. Lo que sé es que pensar en las lágrimas de mi madre me hizo avergonzar y decidí pelear aunque no podía más. No podía más? Creía no poder más. Pero pude, porque estoy aquí, fue hace doce años y he pasado días de infierno desde entonces (muchos, muchos).

Así que no puedo evitar el sentir que, en ese momento terrible, Erika fue egoísta, porque ni pensar en su hija le hizo dar marcha atrás. Pensó en su propio dolor, enorme, insondable, pero no en el de los demás. Eso creo, ojo, me puedo equivocar. A lo mejor no podía pensar en nada de nada. Quizá a tal extremo se llega ya en estado catatónico, ciego y sordo a todo, no lo sé. Me suena egoísta, yo me soné egoísta en su momento, por eso no lo hice. Será un egoísmo legítimo de puro doloroso, pero sigue pareciéndome egoísmo.

Pienso en el dolor y la culpa de su familia, en qué pensará esa nena cuando crezca y quizá se pregunte si su madre realmente la quería, por qué ella no fue bastante para que su madre quisiera vivir. Y sé que es eso tan mosntruoso lo que me ciega y me cabrea y no me permite ser más objetiva. Me apena mucho la oscuridad tan tremenda a la que puede llegar una persona, pero lo que de verdad me aterra es que esa oscuridad te vuelve egoísta y casi inhumano. Probablemente contra tu voluntad, sin que sea esa tu intención, pero así te vuelve, o eso parece. Hace que no haya NADA que te importe lo bastante. Buf. Qué duro. Y será porque me aterra esa oscuridad tan perra y tan cabrona y tan egoísta a razón de que me niegue a aceptarlo.

Lo terrible de todo es que, en semajante estado, se tome la decisión más importante de tu vida, la irreversible, la única que no tiene marcha atrás. Quizá no es una decisión egoísta, ni generosa, ni noble, ni cobarde, ni nada. Quizá es tal la negación y el vacío que ni pensamos, quizá ya uno se deja caer sin más. Ni ganas, ni voluntad, nada. Quizá por eso mismo no se pueda juzgar en absoluto, ni para mal ni para bien. No lo sé y ojalá no lo sepa nunca, porque ya estuve cerca (o lejos, pero por ese barrio) y joder, joder.

Besos a todos, esto da para pensar muy mucho en muchas cosas.

Io dijo...

Exacto, Lenka, esa oscuridad tan perra y tan cabrona, esa oscuridad que tanto aterra, existe.

Qué maravillosa reflexión has desarrollado con respecto a ello. Siempre me encantó lo bien que escribes, y lo bien que piensas.

Un abrazo.

saprofita infiltrada dijo...

Gracias por el apunte útil de los termalgines, Juan... Espero que no te asustes y nos niegues conocer algo de ¿alivio? para el trance más amargo de la noche más oscura del alma.

grieta del amor dijo...

Io, gracias por tu empatía tan cercana.
Tal vez esa forma tuya de matizarla sea un puente para muchos que se pierden y no se hallan sino en el limbo de sus mentes.

Mujer X dijo...

Lenka, tal vez sería bonito una entrada en la que hablaras de qué habría sido de ti, honestamente, si aparte de tu poderosa voluntad, no hubieras contado con esos infinitos diálogos que te ayudaron a germinarla.

¿Crees que en cierta forma los atrajiste tú hacia tu vida...?

Juan dijo...

Pues sí Celadus. Nos quejamos muchas veces, no de una circunstancia injusta general, si no de una situación que no va acorde con tu interés. Demasiadas veces confundimos justicia con nuestro propio beneficio.

Rose, percibo que este tema te ha tocado vivirlo de lleno y supongo de la enorme dificultad y desasosiego que te debe producir.

Escribes “en mi nula capacidad para justificar por más que trate de entender”. Posiblemente no haya nada que justificar ni entender, sólo respetar y, no se tu situación pero ¿quizás huir?. Si esa persona de tu entorno está pasando por ese calvario (y lo está haciendo pasar muy mal a los que la rodean), me imagino que lo habeis intentado todo.

Si sufre de anorexia, esa anorexia no es más que un síndrome que forma parte de una enfermedad psiquiátrica más grave. Pueden haber factores educacionales en su génesis, pero también una incapacidad manifiesta de esta persona para salir del hoyo. Habrá escuchado cientos de consejos, muchos de ellos muy acertados, pero en estas condiciones extremas, los consejos no son procesados adecuadamente y no suelen servir de nada. Los psiquiatras y psicólogos ayudan en algunos casos, pero no siempre lo consiguen desgraciadamente. En fin, sólo puedo desear que tengáis suerte. A veces se les enciende una lucecita y consiguen mejorar. En otras encuentran una pareja adecuada y el amor es un bálsamo milagroso. Ojalá suceda.

Efectivamente Lenka, es un retrato muy similar a la señora de malva. La desesperación y la depresión y/o psicopatía aleja a una persona por completo de la realidad, o de nuestra realidad, de tal forma que lo hace incompatible para establecer comparaciones con la “normalidad”. Desde fuera lo vemos todo muy claro, sabemos perfectamente que es lo que “debería” hacer esa persona. Pero este tipo de personas no lo ven así, tienen unos esquemas radicalmente distintos, un funcionamiento de su cerebro absolutamente diferente, una química y unos neurotransmisores “locos”. Sufren como condenados y no saben como salir de la situación. Les gustaría salir de esa situación, pero no saben (ojo, quieren, pero no saben). Se vuelven seres autodestructivos....y destructores de los demás. Los que se mueven alrededor los abandonan, pero ¿y su madre, padre, hermanos o hijos?. Estos se convierten....no en sus víctimas, sino en víctimas de una enfermedad. Lo de enfermedad no lo entiendas como justificación, sino como la realidad objetiva de unos cambios cerebrales profundos que se llegan a producir en estas personas.

Ya sé Lenka, a raíz de anteriores comentarios tuyos que no había intención de prejuzgar ni condenar a nadie. Es lo que tiene este medio escrito. En cinco minutos hablándolo mientras nos tomamos un cafetito lo hubiéramos visto claro. Nos falta la comunicación no verbal, que es tan importante.

Por otra parte, lo que a tí te ha sucedido con respecto a las ganas de abandonarlo todo, creo que le ha sucedido a mucha gente, pero no es comparable al tema que hablamos de los verdaderos suicidas. Una profunda tristeza, sin un componente de psicopatía, puede en ocasiones terminar en suicidio, pero es excepcional. En los casos que nos ocupa, como el de la conocida de Rose, hay un componente orgánico muy importante que me imagino que no se dió en tí. De todas formas te quería agradecer tu enorme sinceridad, ya que imagino que no ha debido ser fácil contarlo.

Por último suscribir lo que dice Io:
“Qué maravillosa reflexión has desarrollado con respecto a ello. Siempre me encantó lo bien que escribes, y lo bien que piensas.”

Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola,

He llegado aquí desde el blog de Lenka.
Un historia terrible. Una mujer, tu abuela, que tuvo que luchar lo indecible por sobrevivir cada minuto.

Entiendo todo lo que dices. Según tu abuela yo sería muy afortunada y, sin embargo, como tú muy bien expresas, teniendo un techo bajo el que vivir, comida en la mesa, un trabajo, dios quiera que no me falte jamás, a mi pequeño trasto... yo me siento tremendamente infeliz. Infeliz porque me falta un poco de calor humano, porque me encuentro sola, sola hasta querer gritar en el vacío. Sola porque la gente de mi alrededor a veces me parecen fantasmas, o extraños que viven conmigo en un mundo, en una vida, sobre el que carezco de control ninguno. Mejor dicho, sobre el que ya casi no me quedan ilusiones. Yo, afortunada yo, aunque sin chachas, ni casas, ni grandes lujos, como la mujer de malva, y sin necesitarlos ni ansiarlos ni envidiarlos. Yo, que sé perfectamente que en este mundo terrible puedo considerarme afortunada, yo me siento desgraciada y a veces deseo abandonar la lucha. Tengo un vacío dentro, una tristeza que me puede. Me falta algo sin lo que no sé vivir, algo que tuve, algo que tu pobre abuela no tuvo nunca, algo que creo, sé, que no volveré a tener jamás... y sin lo qeu me está resultando difícil seguir adelante. Tal vez se a débil, muy débil, pero seguiré adelante.

Muchas gracias por compartir tu historia con nosotros.
Otero día echaeré un vistazo a tu blog que estoy segura de que contiene historias y experiencias enriquecedoras para el alma.

C.

Juan dijo...

C. bienvenida a este rinconcito. Lo que expresas es exactamente el sentido que le he dado a la entrada. No todo consiste en tener más o menos, en cuanto a cuestiones materiales. Hay algo infinitamente más importante: saber vivir, saber ser feliz, estar comprometidos con algo para tener un compromiso con la vida. Es algo que no nos saben transmitir y generalmente sí que nos enseñan a lo contrario: a sufrir.

Pero se puede salir, no pierdas la esperanza. Quizás ahora estés en un pozo en el que no ves ninguna posible salida, pero te aseguro que la hay, otros muchos lo han conseguido y tú también tienes esa capacidad, aunque ahora no la veas.

Hay una palabra esencial en momentos así: cambio. Controlar el miedo a hacer cambios que quizás sean dolorosos, difíciles, pero neesarios. La soledad no querida es aplastante, pero la solución a tu dfelicidad no está en los demás, si no que está dentro de tí. Cambia tú y verás como, por arte de magia, tus circunstancias y los que te rodean, cambiarán también.

Un abrazo C.

Lenka dijo...

Gracias por la idea, Mujer X. Quizá haga esa entrada sobre los maravillosos diálogos y las maravillosas personas que tantas veces me han ayudado a seguir adelante. Qué habría sido de mí sin ellos? No lo sé. Lo que sé es que esos diálogos y las personas con las que los sostuve llegaron mucho, mucho después de mi momento de máxima oscuridad. Porque en ese momento estaba sola. Por eso resalto que lo único que me dio fuerzas fue pensar en mi madre, y eso que ella era parte de mi dolor. No había más a lo que agarrarse, pero, por suerte, me bastó. O no, qué demonios, no lo achacaré a la suerte. Me paso la vida avergonzándome de mis cosas malas, por qué no estar mínimamente orgullosa y satisfecha por haber encontrado una razón? Luego fueron llegando las demás, pero tardaron algunos años. Pensaré en esa entrada de todos modos.

Juan, desde la ignorancia, crees de verdad que toda persona profundamente deprimida tiene un problema en su cabeza? Me refiero a un problema físico o químico. Veamos, tengo una familiar que debe medicarse de por vida porque unos bichitos en su cabeza producen no sé qué cosa en menor cantidad de lo normal, lo que influye tremendamente en sus energías y su estado de ánimo. Depresión endógena.

Hay otras personas perfectamente sanas que se deprimen (obviamente) por una causa externa: pérdida de un ser querido, enfermedad, baches económicos, paro, problemas en el trabajo... montones de causas. Se supone que son cosas que se van superando, no es un estado de tristeza permanente, aunque claro, la pérdida de un hijo, por ejemplo, es de esas cosas de las que cualquiera de nosotros pensamos: "buf, no se levanta cabeza en la vida".

La pregunta es, cuando la causa es externa, nuestro cerebro puede llegar a deteriorarse? Estoy segura de que la química no funciona igual ante un shock semejante, pero, es irreversible? Hay personas que superan los peores golpes con tiempo y esfuerzo, y otras que se ven incapaces de hacerlo, incluso con el apoyo de los suyos, con terapias y con fármacos.

Tiramos demasiado de fármacos en casos en los que a lo mejor no harían falta? No estamos un poco cojos si dependemos de una pastilla pero no logramos aprender herramientas propias para combatir el dolor? Porque luego, sin el fármaco, quizá volvamos al estado de hundimiento, no sé si me explico. Es obvio que en casos como el de mi pariente la medicación es para siempre e imprescindible, pero en otros casos?

Y claro, también están las personas con trastornos mentales. Personas con esquizofrenia o bipolares. También conozco a algunas personas que sufren estos trastornos, y es obvio que, cuando están en crisis, sus cerebros no les permiten razonar con normalidad, ni interpretar correctamente la realidad, lo cual es tremendo. Ahí no se discute la necesidad de fármacos ni los problemas en el cerebro.

Pero son los otros casos, los de la persona sana que vive una pérdida, los que me llaman la atención, porque supongo que, además, son los más numerosos. Llega el cerebro a deteriorarse tanto como para no permitirnos razonar, como para que se nos distorsione la realidad? Cuánto hay de eso y cuánto de incapacidad nuestra? (Entendiendo incapacidad como montones de cosas: falta de herramientas, acomodo, abandono, búsqueda de compensaciones, egoísmo, miedo, bloqueo... todo ello desde el nivel más bajo al más enfermizo)

Supongo que mi duda es cuánto hay de deterioro (inevitable) y cuánto de "voluntad". Hasta dónde podemos controlarlo, hasta dónde es responsabilidad nuestra. Porque algo habrá de eso, no? O eso espero, no quisiera creer que la tristeza es algo ajeno e incontrolable que en ningún caso podemos manejar!

Tenemos responsabilidad en nuestro dolor, o en la forma de gestionarlo? Hasta dónde? Y, en todo caso, cómo se mide eso??? Cada caso es un mundo, claro...
Ejemplo: una mujer se siente fatal y está deprimidísima sin saber muy bien por qué (no hay una causa palpable, ni pérdida, ni carencias aparentes). Siente que no es querida, que no es valorada. Su familia se vuelca con ella, pero no es suficiente, ella no mejora. Se lamente de ser una carga, un estorbo, o incluso dice que la cuidan por lástima, o por la herencia! Se acostumbra a los cuidados y se estanca en ese estado de abandono, llegando al chantaje y la manipulación. No discuto que se siente mal realmente, ni digo que sea una mala persona, pero parece que esté distorsionando la realidad, que no logra empatizar con los que le rodean, no valora sus buenas intenciones y llega al estado de que "nada sirve". Cómo romper ese círculo vicioso? Existe una pastilla que le haga volver a ser objetiva con la realidad? No lo creo. Una terapia? Sí, pero sólo si está dispuesta a asumir su parte de responsabilidad, y me temo que hay personas que se niegan en redondo, la "culpa" siempre es de los otros. Y cuanto más se vuelcan en ella, más la incapacitan con toda la buena intención.

Sinceramente creo que esos casos son los que más abundan, aunque puede que me equivoque. Pero cada vez que oigo a una anciana lamentarse en la sala de espera del médico de lo deprimida que está y lo mal que está "de los nervios", cada vez que veo a un jubilado cascarrabias protestar por todo y encerrarse en casa, cada vez que veo a tantas personas jóvenes colgadas de sus fármacos estimulantes y sus somníferos... no sé, me suenan a este último caso. Normalmente no hay una pérdida tangible que justifique tanta depre. Igual me equivoco por completo, pero de verdad creo que cada vez hay más adictos a la depre, más acomodados en una etiqueta que lo justifica todo: la desidia, las quejas, el pataleo, la ira, el chantaje, el miedo, el reclamo de atención, la pereza, el pasotismo, el no implicarse, el no pensar, la no responsabilidad. "No ser no duele".

Y sigo dándole vueltaaaaaas!!!

Juan dijo...

Pues Lenka, tal y como has ido haciendo preguntas las has ido respondiendo con una veracidad increíble, teniendo en cuenta que, me imagino, has leído poco de psiquiatría, pero has sabido leer y mucho la realidad que te rodea.

Veamos, la química cerebral (llamémosla así para ahorrarnos multitud de palabrejas) es de doble vía. Al aumentar una sustancia nos cambia, pero nosotros al cambiar, aumentamos esa sustancia. La química influye en nosotros y nosotros en la química.

Hay casos, como el Alzheimer, esquizofrenia, transtorno bipolar o la depresión endógena grave, en que se produce un fallo orgánico primario (bastante desconocido de momento) en los que nuestra voluntad algo puede hacer, pero muy poquito. Los fármacos tampoco curan sino que sólo sirven para mitigar el sufrimiento del paciente....o del entorno, que todo es importante. En este tipo de enfermedades, poca o ninguna responsabilidad tiene el que la padece, salvo someterse al tratamiento que los mantenga lo mejor posible.

En las depresiones secundarias se produce un cambio en la química del que la padece, pero el estado anterior del paciente, su forma de vida, de enfrentarse a los problemas, su educación, valores, ilusiones, su nivel de compromiso, su equilibrio personal o su armonía previas a la pérdida, serán fundamentales a la hora de la recuperación. Una persona emocionalmente desequilibrada (sin estar enferma) al perder a su madre, se recuperará mucho más lentamente y acusará la pérdida de forma más tremendista que una hermana equilibrada. De hecho, tras la pérdida, la primera hermana tiene bastantes posibilidades de cronificar la depresión y para la segunda, tras un periodo de luto, volverá a su vida normal. Incluso ese periodo de luto lo vivirán de forma muy diferente.

La primera hermana, si no ha sabido luchar, si no ha sabido controlar sus emociones y sus miedos, si no ha sabido cambiar, parte de un estado muy negativo en el que hay una hiperreactividad del sistema nervioso simpático. Hay un estado permanente de ansiedad, que en sí mismo no es una enfermedad, sino una forma inadecuada de adaptarse al entorno. Aquí todavía es controlable, está sujeto a la voluntad, aprender a no preocuparse.....pero hay que saber hacerlo....hay que saber desaprender tantas normas, tantos prejuicios que nos han instalado previamente....y no todo el mundo sabe o no todo el mundo es capaz de dejar de ser cómodo ni dejarse llevar. Pero sí veo, sin duda, que aquí, al final es la voluntad la que puede hacer el trabajo de tener una vida psicológica más sana.

Pero el mundo sigue y esa persona no adaptada, con baja tolerancia al stress se va enrolando en más y más problemas de muy variado corte: problemas en el entorno del trabajo, familiares, con amigos, búsqueda de la pareja inadecuada que va profundizando cada vez más el hoyo. No ve, sinceramente no ve, en que está metiendo ella la pata y, como no lo ve, la culpa es del mundo que es muy malo.

Pero además, la Sociedad hedonista e irresponsable que tenemos, le dice que está enferma, que el mundo es malo y que hay que tener miedo a todo. Todo lo tiene que dar papá Estado, el esfuerzo no se lleva, la lucha está mal vista. Así que sigue en sus trece que ella no tiene que cambiar.......que es el mundo el que debe cambiar. Pero el mundo no cambiará para que tú estés mejor, eres tú la que debes cambiar para adaptarte mejor lo que te rodea (ojo, adaptarse en este caso no me refiero a ser un borreguito).

Así pues se suma el no saber cambiar, con el segundo punto: la sociedad me dice que yo no tengo ninguna responsabilidad en lo que me está pasando. Para pasar por fin al tercer y devastador punto: los demás me miman por mi estado de tristeza-ansiedad. Ya no busco mejorar, busco los mimos que me dan, los caramelos. Soy un mártir. El sufrir mucho es bueno y el Reino de Dios es de los que sufren. Los demás, conforme me dan caramelos (gracias Chusa), no sólo no aplacan mi sed, sino que la aumentan y ya no sólo espero que me los den: los exijo, porque los merezco. Hasta este punto, todavía hay posibilidades de cambio, con voluntad, posiblemente con ayuda profesional o de medicamentos, pero la voluntad es lo único esencial. Hay una clara responsabilidad del paciente.

Pero los caramelos empiezan a agotarse, así como las personas que los dan y comienza una fase autodestructiva brutal que lleva a una depresión endógena en la que ya, la voluntad, poco puede hacer. O sea, ha tenido responsabilidad durante muchos años, pero llega un momento en que el trastorno es tan profundo, que se ha convertido en una auténtica enfermedad donde la voluntad, por sí misma, ya no basta. Aquí el cerebro ya está deteriorado, lo que pasa es que lo hemos deteriorado nosotros mismos.

No sé si te he contestado a las preguntas. Es que cuando se sintetiza demasiado, es complicado abarcarlo todo y habrá casos que se escapen e esta destrucción escalonada del cerebro. Por supuesto no todo el mundo llega al estadío último. La mayoría se quedan en pasos intermedios. Pero he preferido llegar hasta el final para que comprendas los pasos aproximados que ha podido seguir la señora de malva.

Un abrazo.

Luna dijo...

Buenas noches.
Vengo de vacaciones y estoy desconcertada.
Llevo años preguntándome como en la era de la comunicación, hay tan poca comunicación física, tanta soledad.
¿ Donde están los amigos donde apoyar la cabeza, el dolor o la alegría?

Lenka dijo...

Juan, muchíiiiiisimas gracias. Tenía todo eso en la cabeza y no había logrado expresarlo bien. Mis reacciones son demasiado viscerales y al final, de todo ese proceso mental, lo que sale de mi boca o mis teclas es: "aaarrrgh, la madre que la parió, pero cómo, cómo pudo llegar a esto, pero por dios, por qué no le arrearon dos tortas a tiempo y la espabilaron un pocooooo????" Y claro, suena tan crudo, tan cruel, tan inhumano por mi parte...

Pero acabas de hacer un perfecto croquis de lo que yo sentía y no lograba exponer con claridad. Las fases que van pasando, cómo la sociedad nos empuja (encima!) a ser más y más autocomplacientes y "cojos", cómo los que nos quieren meten la pata con la mejor intención y nos dan caramelos en lugar de verdades, todo, todo eso, cómo nos vamos hundiendo cada vez más y con el tiempo todo se enquista hasta llegar a una fase de no retorno.

Qué distinto sería si fuéramos conscientes de todo esto mucho antes, verdad? Es asombroso cómo nos aterra el dolor pero luego nos agarramos a él. Un simple período de stress, un poco de agobio, una pena legítima, una fase de abulia... y rápidamente nos quieren etiquetar, diagnosticar y medicar (y queremos nosotros los primeros) cuando lo lógico sería: bueno, qué fase de mierda tengo, en fin, se pasará, haré lo posible para ir mejorando. Estoy mal, me duele, no tengo fuerzas, pero que no cunda el pánico, el dolor no es eterno, pasará.

Cómo va a cambiar el mundo para nosotros si nosotros no podemos cambiar nada de nosotros mismos?

Luna, es la era de la comunicación pero parece que, en efecto, cada vez estamos más solos. Mucha tecnología que nos ahorra tiempo y esfuerzo, pero también contacto. La gente vive con prisa, comemos de pie, salimos a divertirnos y parece una carrera, rápido, un bar, otro bar, una copa, seis copas... cuánto hace que la gente no se toma horas para comer en familia y charlar, charlar de verdad, sin el rumor de la tele? Cuánto hace que los amigos no hablan y ríen, sin el chunda chunda? El lenguaje parece más vacío, el "cómo estás" es más una fórmula que genuino interés, nos aislamos con los cascos del mp3 porque nos molesta oír a la gente, si alguien te habla en el autobús le tomas por un plasta o un loco, en los barrios la gente ya no se conoce aunque lleven 20 años de vecinos de puerta, defendemos nuestra intimidad y no nos importan los demás... tiempos más frenéticos y más desconfiados. Quien tiene un par de amigos es muy afortunado y más le vale cuidarlos de corazón. Y eso, cuidar a la gente, quererla, escucharla sin invadirla, eso también parece que nos cuesta a veces.

Me caiiiiigo de sueño, seguiré pensando en tu comentario.
Besos a todos!!

Elvira dijo...

Juan, Lenka, Luna, todos: MUY interesante.

"Un simple período de stress, un poco de agobio, una pena legítima, una fase de abulia... y rápidamente nos quieren etiquetar, diagnosticar y medicar (y queremos nosotros los primeros) cuando lo lógico sería: bueno, qué fase de mierda tengo, en fin, se pasará, haré lo posible para ir mejorando. Estoy mal, me duele, no tengo fuerzas, pero que no cunda el pánico, el dolor no es eterno, pasará." Totalmente de acuerdo, Lenka. Realmente escribes muy bien, como ya te dije arriba.

La amistad es de lo mejor que hay en el mundo. Yo a mis amigos "de carne y hueso" los cuido todo lo que sé y un poco más. Y a los nuevos amigos blogueros espero aprender a cuidaros bien también. Un gusto. Y un abrazo.

Juan dijo...

Luna, me has dado una idea. No te contestaré aquí, sino haciendo una entrada sobre lo que comentas: soledad en el mundo de la comunicación. Muy interesante.

Lenka ya ha apuntado muchas cosas al respecto.

A mí me gustan muy poco las típicas pastillitas para la depresión, cuando depresiones no hay tantas, la mayoría de veces son simples momentos de tristeza, por el que todos pasamos y que son incluso necesarios en nuestro desarrollo.

Con la ansiedad sucede igual: los miedos y el meternos en un mundo vertiginoso, de una rapidez inusitada con mil excusas y justificaciones y creemos realmente que no hay otra manera de vivir y, en vez de cambiar algunas cosas (o sea, en vez de luchar), preferimos el ansiolítico, que nos da una respuesta eficaz, rápida.....durante unas horas. Sólo mejora el síntoma, pero no la causa de esa ansiedad.

Cuanto más huimos del dolor, más posibilidades tenemos de hundirnos en él. Hay que saber aceptar que el dolor existe y, aunque no hay que abandonarse a él, forma parte de nuestras vidas porque con las cicatrices nos vamos haciendo mejores.

Elvira: ¿La amistad es lo mejor del mundo?. No sé si lo mejor, pero sí es imprescindible para una vida plena. De cualquier forma, el amor y la amistad lo comparten todo....a veces hasta el sexo.

Un abrazo.

Elvira dijo...

No, Juan, yo escribí: "La amistad es DE lo mejor que hay en el mundo." Vamos, que está entre las cosas mejores del mundo, que no es lo mismo. Ese DE cambia la frase. :)

Juan dijo...

Jajajaja, pues sí, pero da igual Elvira. La amistad es maravillosa.

Un abrazo