viernes, 25 de mayo de 2012

Servicio público versus gestión pública

Los políticos son políticos, no gestores. Cuando los políticos se meten a gestores, el desastre casi siempre acecha.

Todo lo que es gestionado directamente por políticos cae en el despilfarro, el descrédito, la incompetencia, cuando no directamente en la corrupción.

El político debe establecer las políticas sobre las que se va a desarrollar el Estado y es el responsable del poder legislativo (parlamento) y ejecutivo (gobierno), pero no tiene porqué gestionar directamente el presupuesto, sino asignar el mismo a las necesidades de la sociedad.

Que se quiere una Educación pública y una Sanidad pública (por poner sólo dos ejemplos candentes), pues deberá velar por la gratuidad y calidad de ambas para todos los españoles en igualdad de condiciones. Se debe establecer un catálogo de servicios que se deben cumplir y establecer los mecanismos para asegurar la calidad del servicio que se va a prestar y aportar los fondos para que se cumpla. Pero no tienen porqué ser ellos los que gestionen el día a día de cada colegio, cada hospital o cada compra de material o cada contratación de personal.

Es en la gestión en donde han fracasado los políticos, porque se han metido a gestionar cientos de miles de millones sin saber.

http://economia.elpais.com/economia/2012/05/09/actualidad/1336585683_002948.html#sumario_1

En este artículo se aprecia claramente lo que defiendo. Los que hablan de rescate a la banca en España están equivocados. Se han rescatado sólo Cajas de ahorro, es decir, aquellas entidades financieras gestionadas directamente por políticos y sindicatos (salvo Cajasur gestionada por la Iglesia). No se ha tenido ni se tendrá que rescatar a ni un solo banco español gestionado por banqueros.

¿Qué es lo que defiendo?. Que hay que alejarse del modelo público de gestión y acercarse al concepto de Servicio público gestionado por profesionales, que es el que obtiene los mejores resultados en todo.

Por que ¿qué ventajas sobre mi salud o sobre la educación de mis hijos se obtiene por el hecho de que el que dirije un Hospital o un colegio sea un político en vez de una empresa privada?. Lo importante es que el servicio que se presta sea de calidad, gratuito e igualitario, pagado por los impuestos. Y en todas las áreas, sobre todo la sanitaria y la educativa, los españoles prefieren la gestión privada de los servicios públicos. De hecho, la mayoría de los que pueden optar prefieren un colegio concertado. El 95% de los funcionarios, que pueden elegir entre Seguridad social o compañías privadas de salud, escojen estas últimas.

Démos la palabra a los españoles. Dejémos que todos escojan lo que prefieran. Habría un trasvase monumental a las entidades privadas concertadas

viernes, 18 de mayo de 2012

Contra la crisis

En España, cada 14 trabajadores deben pagar a 9 pensionistas, 3 funcionarios y 2 parados……más todo lo demás

Así es imposible. Con este nivel de empleo no podemos tener un Estado de bienestar como el que nos han vendido. Aún en épocas de vacas gordas, excepto en dos años, ha habido déficit. Y cuando se gasta sistemáticamente más de lo que se ingresa, llega un momento en que hay que pagar.

Para tener un Estado con los servicios que deseamos hay que crear mucho más empleo. Y el empleo no lo crean los marcianos. O lo creamos todos o nos hundimos todos.

Hay que cambiar el chip español de asalariado por el de emprendedor, si no, no hay manera.

No me vale el “yo no soy responsable de la crisis”. Sí eres responsable. Sí somos responsables. Si tú no creas empleo, eres responsable.

sábado, 12 de mayo de 2012

Libertad o dictadura

Mis primeros 16 años los viví bajo una dictadura. Esto me ha marcado, creo que para bien, en mi devenir. Era una dictadura principalmente moral. Desde arriba te decían lo que era correcto pensar o hacer. El que se salía del pensamiento único era, en el mejor de los casos, un indeseable y era marcado por la mayoría como inmoral. En el peor, directamente te encerraban en la cárcel.

La gente era, en general, bastante feliz. Sabían lo que se podía hacer o pensar y, si seguías el caminito marcado, no tenías problemas. Sabías a qué atenerte. Apenas existía la incertidumbre que sólo produce la libertad.

La mujer tenía que ser de su casa y más limpia que ninguna. Debía tener muchos hijos, poco sexo e ir a misa al menos una vez a la semana. Si lo cumplía, la sociedad la premiaba con la consideración de ser una buena mujer, mejor esposa y madre perfecta.

El hombre tenía que ser heterosexual, apolítico, estricto con los hijos, no pegar a la mujer, trabajar fuera de casa y entregar su sueldo a la esposa. Si lo cumplía, se le podían perdonar algunos otros pecadillos.

Los límites eran muy claros para todos. Límites muy estrechos, pero nítidos. Se sabía perfectamente lo que se esperaba de tí.

Con la democracia, por imperfecta que sea, entró aire fresco en la vida de los españoles. Ha sido vapuleada por una gran mayoría, y en muchos casos con razón, pero pocas veces la he visto ensalzada en su enorme grandeza, aún con sus defectos. Nos hemos empeñado en sacarle todos los vicios, que los tiene, y olvidarnos de las enormes virtudes. Mi experiencia bajo la dictadura me enseña que la libertad que nos otorga la Constitución es enorme, un botín precioso que, de momento, no hemos sabido aprovechar, sobre todo por falta de agradecimiento. Cuando todo son quejas sobre su funcionamiento no percibo en cambio las alabanzas que se merece.

Si a una persona, con sus luces y sombras, se le señalan únicamente sus defectos, ésta tenderá progresivamente hacia su lado más oscuro. Si lo que hace bien nunca es elogiado, no se le está potenciando. Con la democracia sucede igual. Si sólo se la critica y se pone el acento en lo negativo, se le da cuerda a los grupos totalitarios.

Además percibo que la gente todavía no se ha acostumbrado a lo que realmente significa la palabra libertad. No es hacer lo que a uno le da la gana. No es ir sumando derecho tras derecho sin obligaciones. Es pensar lo que cada uno quiera y no imponer tu moral a los demás. Supone poder decidir pero conlleva la responsabilidad y las consecuencias de lo que decides.

Por eso creo que los españoles todavía viven en buena parte bajo la dictadura a pesar de nuestras leyes. Se vuelve a intentar imponer nuevas morales, como la animalista, la nacionalista o la feminista extremista.

La libertad no hace que la sociedad sea más feliz, no es ese el fin. Probablemente una dictadura blanda como la franquista consiga unos niveles de felicidad más altos. La libertad sólo pretende una sociedad más justa, más digna y más decente.

viernes, 4 de mayo de 2012

Transgénicos

Hay detractores y defensores de los transgénicos, ambos con argumentos poderosos a su favor. Voy a intentar simplificar algo que es muy complejo.

Defensores
Con los transgénicos existe mayor seguridad de que la cosecha que se planta va a seguir adelante, al ser productos más resistentes a los caprichos de la Naturaleza y además se obtienen más kilos de alimentos por hectárea cultivada. Sus defensores proclaman que es la mejor manera de terminar con el hambre.

Detractores
Observan dos problemas básicos:
1. Seguridad sobre la salud de los consumidores. No hay una seguridad absoluta de que no sean dañinos para la salud. Los experimentos con ratas descubren que hay alteraciones celulares en las que consumen maíz o soja transgénica con respecto a las ratas que consumen maíz o soja natural. Pero en esos mismos estudios también se aclara que estas diferencias no han conllevado ningún menoscabo en la salud general. Es decir, hay diferencias celulares que no conllevan un peor estado de salud.
2. Seguridad medioambiental: Los transgénicos pueden ser un grave riesgo para la biodiversidad y tienen efectos irreversibles e imprevisibles sobre los ecosistemas.

Mi opinión
No existe casi nada que sea nuevo que se pueda asegurar que no afecte negativamente a la salud. Y no sólo en transgénicos. La electricidad, los microondas, teléfonos, tinta de los periódicos, decenas de miles de productos químicos que se emplean en las mil cosas que usamos a diario. Si se prohibieran todos los productos en que no se haya asegurado en un 100% que no producen ningún daño en la salud, volveríamos a la Edad Media.

Vivimos, creo yo, en una histeria colectiva de seguridad. Pero el riesgo es inherente a la vida y, sin riegos no hay cambios, sin incertidumbres no hay avances.

Si desde el siglo XVIII se hubieran prohibido todos los avances de los que disfrutamos ahora, hasta no haber asegurado al 100% que no producen problemas de salud, seguiríamos viviendo en las mismas condiciones que en el siglo XVIII y con la misma esperanza de vida de entonces: 50 años. En el camino seguro que esas incertidumbres, a veces han terminado en catástrofe para algunos, pero en su conjunto, han sido avances decisivos para tener mayor cantidad y calidad de vida, incluída la salud.

Creo que el debate sobre los transgénicos entra de lleno en esta dialéctica. Y es más, con los mismos datos que aportan sobre la salud de las ratas, la seguridad de los transgénicos es infinitamente mayor que la de miles de productos que empleamos y que tampoco se conocen a ciencia cierta los riesgos. Que hayan alteraciones celulares sin enfermedad acompañante en los ratones, no significa, desde el punto de vista científico, absolutamente nada. Distintas dietas comportan diversidades celulares sin impacto en la salud. Dietas de soja natural y dietas de maíz natural en ratones también provocan diversidad celular.

Otro debate absolutamente distinto, que creo de mucha más importancia en el tema de los transgénicos, no se refiere a la salud de los consumidores, en donde creo que el problema es prácticamente nulo, sino en el impacto medio ambiental. Y ahí sí que tengo mucho temor a los transgénicos.

Mi impresión personal es que los transgénicos se deberían prohibir, pero no por su impacto en la salud (antes habrían que prohibir otros muchos miles de productos), sino por su impacto medio ambiental.

sábado, 28 de abril de 2012

Ahorro en políticos

No soy economista, pero intento pensar, así que aquí están mis propuestas generales para ahorrar sin recortar derechos.

1. Las televisiones públicas no han servido para lo que, en un principio, se crearon. Sólo son el instrumento político del partido en el poder. Hay centenares de cadenas públicas en España. En 2011, las autonómicas supusieron 1.652 millones. RTVE supuso otros 1.200 millones. No he conseguido encontrar lo que cuesta mantener los centenares de canales municipales, pero no me extrañaría que superaran los 1.000 millones. En números redondos, las TV públicas nos cuestan 4.000 millones de euros cada año.

2. Ayuntamientos: España tiene 8.109 ayuntamientos, con sus respectivos 8.109 alcaldes y 65.347 concejales, y cada uno de ellos se pone el sueldo que quiere. El 80% de estos ayuntamientos tienen menos de 5.000 habitantes. A esto hay que añadirles los cargos de confianza de los alcaldes (es decir, los primos, hermanos y amigos), dietas, coches oficiales, edificios para albergarlos, etc. ¿Hacen falta tantos ayuntamientos?. La agrupación municipal, unificando al 90 % de los ayuntamientos, permitirá ahorrar gastos municipales por varios frentes: estructuras más eficientes, disminución de cargos (y por tanto de dietas, coches oficiales y gastos varios) y de niveles en la administración, reducción del número de empresas públicas y fundaciones e incluso quedarían libres muchos edificios que se podrían vender. Ahorro total: 16.000 millones.

3. Comunidades autónomas. Por razones históricas y políticas, Navarra, Euskadi y Cataluña deben contar con su propia administración. Pero las demás ¿para qué han servido?. Para duplicar la administración y crear puestos de trabajo para los políticos. En España tenemos 1.268 diputados autonómicos, con sus respectivos asesores, altos cargos, presidentes, coches oficiales, dietas, guardaespaldas, edificios oficiales, etc. Además, al transferirse las competencias a las comunidades, 400.000 funcionarios estatales, sobre todo de Sanidad y Educación, se quedaron sin trabajo (pero no sin sueldo) y se tuvieron que crear nuevos funcionarios en cada comunidad autónoma. Se han creado diferencias entre españoles pues los sueldos públicos en cada Comunidad son diferentes, los servicios son distintos, a lo que se tiene derecho en una en la de al lado no se tiene, etc. Diferencias entre españoles cuando todos pagamos los mismos impuestos. Se piensa que sin Comunidades autónomas el Estado podría ahorrar alrededor de 12.000 millones de euros.

4. Senado. Después de tantos años en funcionamiento, nadie me ha sabido explicar para qué sirve el Senado. Ahorro: 60 millones de euros.

5. Diputaciones provinciales. Tampoco sé para que sirven. Resulta significativo que el mantenimiento de una estructura intermedia con muchas de sus funciones solapadas, cuando no absorbidas, por las comunidades autónomas y los grandes ayuntamientos tengan un coste de 22.000 millones de euros. Ahorro sin diputaciones: 22.000 millones de euros

Total ahorro: 54.000 millones de euros. El doble de ahorro que con los recortes de Rajoy. Y sin tener que hacer pagar a los pensionistas por sus medicinas ni dejar sin cobertura sanitaria a los inmigrantes ilegales. Sólo se recortaría en políticos.

Soy consciente que esto no se puede hacer de un plumazo pero a medio plazo es factible.

jueves, 26 de abril de 2012

Libertad y felicidad

Para algunos, ambos conceptos son incompatibles. Para otros, sólo se puede ser feliz siendo libre. Creo que ambas teorías tienen razón, dependiendo de cada persona y, los miedos individuales, son la frontera. 

La persona con miedos no controlados tiende a la seguridad, a eliminar incertidumbres, aunque ello suponga una falta de libertad de acción. Será el que viva a gusto en un régimen dictatorial blando en el que, si haces lo que te mandan, nada tienes que temer. Tu vida está perfectamente marcada por unos límites y, lo que es aún más importante, la vida de los demás también. Sabiendo que nadie se puede salir del camino marcado, y pobre del que se salga, se crea un clima de seguridad y una zona de confort en la que una libertad restringida es un pequeño precio a pagar. Prefieren obedecer a mandar. 

Viví mis primeros 16 años bajo el régimen franquista y mi impresión es que la gente no era, en general, infeliz. Me atrevería a decir que ahora veo más desesperación, desesperanza y tristeza que en aquellos tiempos. Y no es por la situación económica. En aquellos tiempos era mucho peor. Basta recordar los dos millones de españoles que tuvieron que emigrar. Las mujeres sabían lo que se esperaba de ellas. Los hombres también. Los obreros sabían hasta donde se podía llegar. Los estudiantes sabían perfectamente cuales eran los límites. Los delincuentes conocían lo que les esperaba. Y la mayoría vivían seguros. Límites. Límites para mí y para los demás. Seguridad. Uniformidad. Miedo al diferente. Todos compartiendo la misma moralidad. El paraíso del miedoso. Por eso, cuando en los momentos actuales veo a tanta gente desesperada, me da la impresión que la mayoría, por mucho que diga lo contrario, no desea tanto la libertad como la seguridad. Se quiere empleo fijo, seguridad en el banco, seguridad en nuestros ahorros, seguridad en la calle, seguridad ante el desempleo, seguridad ante la enfermedad, casa en propiedad….Estamos construyendo una sociedad libre que además quiere seguridad, cuando en realidad es una sociedad miedosa que, mientras las cosas van bien, está callada y deja que manden unos pocos y cuando las cosas se vuelven inseguras se queja de los que mandan por no proporcionarles seguridad (ojo, no libertad). Y es que la libertad y la felicidad son tesoros que sólo están dentro de nosotros. No dependen de factores externos. Nadie nos va a hacer ni más felices ni más libres. Sí pueden darnos seguridad, pero no libertad ni felicidad, eso sólo depende de nosotros. Para ser libres y felices tenemos que empezar a mandar, a implicarnos en las tomas de decisiones que nos atañen, a no tener miedo a equivocarnos y preferir no actuar. A no ser espectadores que aplauden cuando la faena es buena y abroncar si la faena es mala. Hay que salir al ruedo y torear nosotros. Tomar decisiones, aún erróneas, es manifestar nuestra libertad. Es rescatar la incertidumbre como algo positivo que nos va a hacer crecer. Arriesgarse es lo contrario de la seguridad. Con el riesgo empezamos a ser nosotros mismos. Con la seguridad somos como los demás quieren que seamos.

martes, 24 de abril de 2012

Vivir dignamente y solidaridad con el futuro

Qué necesitamos para vivir con dignidad?.

Qué nos puede ofrecer nuestro planeta para vivir dignamente?

Cómo se puedan conjugar ambas premisas, lo que necesitamos y lo que realmente el planeta puede dar de sí?.

imagino que a cada uno que se le pregunte, tendrá una respuesta diferente. Yo tengo las mías, que están basadas básicamente en que sean sostenibles (para nosotros y paras los millones de generaciones que nos tienen que suceder) y que sean factibles para todos los habitantes del planeta.

Para que todos los habitantes de La Tierra pudieran consumir lo que consumimos de media los españoles, necesitaríamos cuatro planetas Tierra. Esto significa que, a pesar de la crisis, de lo mucho que nos quejamos y de lo mucho que nos estamos deprimiendo, seguimos siendo unos auténticos privilegiados, unos despilfarradores y unos egoístas, ya que no pensamos para nada en las generaciones futuras, al agotar los recursos del planeta con nuestra voracidad.

Energía

España consume 1,5 millones de barriles de petróleo DIARIOS. En todo el mundo se consumen 80 millones de barriles de petróleo al año. Si todos los ciudadanos del mundo consumieran lo mismo que la media de españoles, habría que extraer el triple de petróleo del que se extrae en la actualidad. Con estas cifras, el petróleo se agotaría, no en 2050, sino dentro de 13 años.

Si al petróleo que consumimos le añadimos el gas y los productos radioactivos para seguir con nuestro consumo energético, estas cifras se disparan aún más.

Alimentación

La gran diferencia entre países ricos (España) y el resto del mundo , en cuanto a alimentación se refiere, radica en el consumo medio de caloría por habitante y, sobre todo, en la cantidad de carne consumida por habitante. Los españoles consumimos 75 Kg de carne al año por habitante, siendo la media del mundo de 29 Kg. Teniendo en cuenta que para producir carne se gastan ingentes cantidades de agua, energía y se precisa mucha más tierra, si todos los habitantes de la tierra consumieran la misma carne que nosotros haría falta devastar la mayor parte de selvas y bosques para plantar el pienso necesario.

Sólo hablo de estas dos variables. Hay muchas más: industria pesada, con su enorme impacto en la contaminación, productos químicos, uso de madera para muebles, papel, etc.

Por todo ello, y con estos datos, cuando oigo hablar a la gente de desastre económico en España, de sueldos poco dignos, de disminución de calidad de vida hasta niveles de indignidad, sólo veo una distorsión de la realidad abrumadora. Es cierto que hemos bajado nuestro tren de vida, pero incluso en plena crisis, gastamos infinitamente más de lo que nos corresponde en el teatro del mundo. Consumimos per cápita infinitamente más del nivel de sostenibilidad y estamos gastando recursos, como si sólo fueran nuestros y nuestros hijos y nietos no tuvieran derecho a ellos.

Debemos volver a la austeridad, a gastar muchísimo menos de lo que gastamos, aún en tiempo de crisis, a redimensionar nuestras verdaderas necesidades y a no despilfarrar como lo hacemos.Debemos gastar menos de la tercera parte de la energía que consumimos, comer la mitad de lo que comemos, desterrar casi por completo la dieta cárnica, vivir con muchísimo menos de lo que tenemos y, en definitiva, decrecer mucho más de lo que lo hemos hecho.

Lloramos por lo que estamos perdiendo sin darnos cuenta que lo que nos queda es muchísimo más de lo que este planeta puede sostener. Sólo hablamos de nuestros derechos, pero nadie defiende los derechos de los que vendrán dentro de 100, 1.000 o 10.000 años. Nos hemos autoimpuesto el derecho de consumir nuestro planeta aquí y ahora, cuando en realidad sólo tenemos derecho a aquello que sea realmente sostenible, dejando a las generaciones futuras un planeta intacto.

No vivimos con dignidad, pero no por tener poco, sino por tener demasiado. No se es digno cuando sólo se piensa en primera persona y en el hoy.

En todas estas reflexiones me incluyo yo como sujeto muy poco solidario con el futuro.

sábado, 21 de abril de 2012

Recortes en Sanidad

Creo que la Sanidad pública española es el avance social más valorado del Estado del bienestar en España. Pocas cosas como la Sanidad son tan equilibradas, justas y redistribuidoras de riqueza. Además, con sus fallos, que son muchos, tiene un nivel de calidad altísimo.

Los recortes del actual gobierno son injustos, innecesarios y poco eficaces.

El copago de recetas es absurdo. Según los que lo impulsan, va a ahorrar 200 millones de euros: FALSO.

El sistema de control para verificar los ingresos de cada usuario se llevará la gran mayoría de ese ahorro, porque no sólo hay que verificar 45 millones de tarjetas, metiendo los datos en cada una de ellas, es que posteriormente hay que verificar si las circunstancias económicas de cada usuario cambian con el tiempo. Aumenta de manera espectacular la burocracia y ésta se llevará el tan pretendido ahorro.

Se van a quitar medicamentos que supuestamente tienen un perfil terapéutico bajo y se va a potenciar el uso del medicamento genérico y, éstos, se adquirirán mediante subasta: FALSO.

Uno de los grandes errores del sistema sanitario ha sido la potenciación de la multirreceta. Si se tienen pocos minutos para atender a un paciente, el médico tiende a solucionarlo todo a base de recetas (que se tardan unos segundos en rellenarlas) en vez de explicar al paciente modos de vida más sanos (que se tardan 15minutos). Por ejemplo, en mi propia experiencia, si viene una señora con dolor de pies, tardo 10 segundos en rellenar una prescripción de plantillas. Si le explico el tipo de calzado que debe usar para que los pies no le duelan y la convenzo de que el uso del calzado femenino es pésimo, tardo 10 minutos. Una plantilla cuesta al sistema 98 euros y no le resuelve el problema a la señora. El uso de calzado adecuado le solucionará el problema, no cuesta nada al sistema y estoy educando a la población en salud.

Así, si quitan medicamentos con poca eficacia (que suelen ser los más baratos), el médico se va a limitar a recetar otros, más caros.

El problema no radica en el precio de los fármacos, que también, sino en el abuso generalizado de su prescripción. Además, esto genera en la conciencia colectiva que salud=fármacos. Ir al médico equivale a que te tiene que recetar algo que solucione cualquier dolencia que tengas. Y nada más lejos de la realidad. Calculo que en España, el 70% de las recetas, no deberían haber sido prescritas. Sólo con este ahorro, se conseguiría mucho más que con todos los ahorros que ha propuesto el PP

¿Cómo se consigue este ahorro?: más tiempo por paciente y controlar más la prescripción de los médicos en el sentido de que sea una prescripción de calidad, sujeta a la mejor evidencia científica disponible.

Y por último, para no cansar al personal (hay muchas más cosas), echo en falta lo más sensato, lo que realmente hay que hacer y que brilla por su ausencia en estos recortes. Se habla sólo de recortes…pero no se habla para nada de racionalizar la gestión. Con una buena gestión de los recursos de los que se disponen, podríamos tener una Sanidad infinitamente mejor, comparable a la mejor sanidad privada de USA, con un coste mucho menor, sin recortar ni un solo derecho. Pero gestionar bien no es tan fácil como recortar por lo sano…..

miércoles, 18 de abril de 2012

Moral animalista

Parece que nunca aprendemos. Desde siempre se ha pretendido imponer la moral propia a los demás. Se parte de una supuesta “superioridad moral” que te permite insultar, vejar, meter en la cárcel e incluso matar, al que no comparte tu ética personal.

Muchas religiones, a lo largo de la historia, han dado múltiples ejemplos de intolerancia hacia los que no comparten sus ideas.

En Occidente se han conseguido grandes avances en cuanto a libertad moral se refiere. Pero cuando por fin se ha iniciado un proceso de tolerancia hacia el que piensa de manera distinta a nosotros, aparece una nueva modalidad de moral superior: la moral animalista. Y esta moral “superior”, como antes otras, no tiene inconveniente en vejar e insultar (de momento no a encarcelar ni matar) al que no piensa como ellos.

Las corridas de toros, la caza legal o la utilización de pieles son claros ejemplos de lo que digo.

A quien no le guste cazar, que no caze, al que no lo gusten los toros, que no vaya, al que no le gusten las pieles, que no las use, al que no le parezca bien comer carne, que no la coma, al que no le guste el aborto, que no aborte, al que no le guste la homosexualidad, que no la practique, quien esté en contra de las bodas gay, que no se case con un gay.

Libertad moral.

miércoles, 4 de abril de 2012

La primavera árabe termina en invierno islamista

Cuando en Túnez comenzó la revolución, hubo una oleada de simpatía hacia los libertadores del régimen. Siguieron Libia, Egipto, Yemen y Siria.

Capté un exceso de optimismo en los que apoyaron estos movimientos, claramente justos. El mundo árabe, desgraciadamente, no está preparado aún para la democracia. La incultura, el medievalismo de un Islam extremista, las características feudales de sus sociedades y una emocionalidad excesiva son características poco edificantes para construir un Estado de derecho.

Sus dirigentes, muchos de ellos muy occidentalizados, han hecho muy bien su trabajo. Han procurado pan y agua para sus pueblos, pero no libros. Saben que sólo la democracia que se construye desde los cimientos tiene buenas posibilidades de sobrevivir. La que empieza en los tejados se derrumba para dar paso a las estructuras mejor conocidas por la población, en este caso las religiosas.

Irán fue el primer paso. Los demócratas de todo el mundo celebramos la caída del Sha y veíamos con simpatía al viejecito imán Jomeini. Pero a una dictadura injusta le siguió otra aún peor.

La mayoría de los progresistas celebramos la victoria de los valientes talibanes sobre la URSS. Nuevo error. A una Administración nefasta la siguió un régimen mucho más terrorífico.

Por eso, cuando en la primavera del 2011 comenzaron las revoluciones árabes, ya no me alegré. Temí lo que paso a paso se está dando. Cambian una dictadura humana mala por otra peor: la dictadura de Dios, con la Sharía como constitución.

lunes, 2 de abril de 2012

Sobre energías

El reto más importante de la humanidad tiene que ver con la energía. Sin ella, el resto de problemas como el hambre, paro, desigualdad, injusticia, etc, son papel mojado.

Necesitamos una energía limpia y sostenible. El petróleo, carbón, gas o nuclear, tienen sus días contados por agotamiento por una parte y por ser contaminantes por otra. Más pronto que tarde hay que sustituirlas.

Los movimientos ecologistas consideran que la mejor energía es la que no se gasta, y es cierto. Hay que hacer esfuerzos por conseguir ahorrar, pero me temo que esto no es suficiente. Por mucho que se consiga avanzar en el ahorro, cada vez se va a gastar más, porque 5.000 millones de personas están a la espera de conseguir un mejor nivel de vida y, para ello, la energía es fundamental.

La energía renovable es la solución, pero es cara, muy cara. España es un ejemplo en cuanto al uso de fuentes alternativas, algunas de ellas francamente ruinosas, como la termosolar, pero es el camino a seguir y más en un país sin gas ni petróleo (a Dios gracias). Pero esto tiene un peaje: el recibo de la luz es mucho más costoso que en ningún otro país del mundo….y muchos más costoso que debe llegar a ser. Se calcula que el precio de la luz debería subir en España alrededor de un 40% para poder pagar el sobrecoste de las energías renovables ya instaladas y en un 100% para que toda la energía producida en España llegue a ser renovable.

Yo no me termino de creer estas cifras. Entender la tarificación eléctrica en España es poco menos que misión imposible y de esta extrema complejidad se están aprovechando las eléctricas para obtener un año sí y otro también importantes beneficios. Pero lo que sí está claro es que las renovables son más caras y, por tanto, hay que pagarlas. No entiendo el discurso antinuclear, anticarbón y antipetróleo y a la vez quejarse de la subida de las tarifas.

Merece la pena usar energía limpia que, aún siendo más cara, tiene indudables beneficios, incluso económicos: se potencia la investigación en España, en un sector en que somos líderes. Mucha de esta inversión vuelve en forma de patentes y compañías españolas optando por contratos en el extranjero y se crea más empleo que con las fuentes convencionales.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Mente conspiranoica

De un magnífico reportaje de El País he rescatado el siguiente documento. Es un artículo de Social Psychological and Personality Science

http://spp.sagepub.com/content/early/2012/01/18/1948550611434786.full.pdf+html

Estudia como y porqué funciona la mente conspiranoica.

En este ensayo se demuestra que las personas con mente conspiranoica son capaces de creer que dos hechos incompatibles son ciertos. Por ejemplo, se muestran convencidos de que Lady Di fue asesinada por los Servicios Secretos y, a la vez, creen que sigue viva. Lo mismo sucede con Bin Laden.

La razón está en que los conspiranoicos no piensan de forma inductiva, sino de manera deductiva.

La mente inductiva busca, observa y analiza datos y, de esos datos, obtiene una explicación al hecho estudiado. Es la mente científica. Necesita de un principio necesario: sólo le interesa saber el porqué, no tiene interés en que la respuesta sea una determinada.

La mente deductiva conoce un hecho y, su sistema de valores, prima sobre las pruebas o los hechos. No le interesa saber lo que pasó. Le interesa llegar a una conclusión que afiance su sistema de valores. Si en su escala de valores prima la desconfianza hacia la autoridad, y ésta dice que Bin Laden murió en un ataque americano, no buscará ninguna prueba para saber que pasó, buscará cualquier indicio que demuestre que la autoridad mintió, porque su escala de valores está por encima de una verdad que no le interesa. Es el prejuicio llevado a su máxima expresión. Cuando hay intención de condenar siempre terminan apareciendo pruebas, por frágiles que sean.

Evidentemente este estudio no descubre nada nuevo, pero demuestra científicamente porqué con mentes así nunca se construirá nada sano: no quieren conocer la realidad, prefieren retorcerla para que encaje en su sistema de valores.

Todos convivimos con personas así. Es mucho más frecuente de lo que pensamos y probablemente sean mayoría.

En una sociedad con mente inductiva no habría existido el sexismo, racismo, homofobia ni tantos prejuicios que nos azotan. Sin mentes así no se exculparía con tanta facilidad al partido en el que creo ni culparía de todo a los que no piensan como yo. No se repartirían tan a la ligera las culpabilidades de esta crisis. No se defendería de manera tan fanática a Garzón.

La realidad y la verdad no siempre son como nos gustaría que fueran, pero mejor vivir sin distorsiones.

lunes, 27 de febrero de 2012

De soledades

Nací en un barrio aislado de Córdoba, de casitas blancas, con ritmo de vida rural. Casas abiertas, patios con macetas, salida nocturna a la calle con las sillas y mecedoras para hacer vida comunitaria, todos a una ante la desgracia de un convecino, partos en las casas y niños jugando solos en el exterior y reprendidos por cualquier adulto que pasara. También chismorreos y meterse en las vidas ajenas. En fin, con todo lo bueno y lo malo de vivir en comunidad.

En mi anterior entrada comentaba que jamás se había tenido en España un nivel de vida tan alto como en los últimos años, pero jamás han habido tantas quejas.

Al margen de los banqueros, neoliberales, corrupciones y demás, que siempre han existido y posiblemente con mucha más fuerza, una buena parte de culpa la tiene la soledad en la que vivimos.

La comunidad ha muerto. Se ha pasado de la fraternidad social a la familia como eje central y casi único de nuestras relaciones. La intimidad ya no se comparte. Hay un muro infranquable en la puerta de cada hogar y los de fuera se convierten en simples amigos o compañeros de trabajo con los que charlar de vez en cuando, pero sin formar la comunidad, la tribu que siempre ha existido.

La vida rural con su vida comunal ha desaparecido. Antes habían dictadores, nobles impresentables, curas impositores, pero las desgracias se compartían entre todos y una parte de poder, aún insignificante, pertenecía al pueblo entero. Ahora nos encontramos solos ante la adversidad. No nos podemos apoyar en el resto de la comunidad. Vivimos aislados y con la sensación que, estando tan solos, nada podemos hacer frente al poder.

Vas a la manifestación llena de desconocidos. Durante unas horas hablas el mismo idioma de otros miles, pero tras la misma, todos vuelven a casa y se vuelven a encerrar en su soledad, en su aislamiento. Y lo malo de esta soledad es que se convierte en rutina. Ya no sabemos interactuar. Vas al gimnasio y cada uno se dedica a lo suyo sin apenas entablar relación con el resto. Vas al mercado, al hiper, la barbería o a la mercería de la esquina y sucede exactamente lo mismo.....rutinas de soledad.

El primer paso para repartir el poder es volver a crear comunidad, aun en las grandes ciudades.

domingo, 26 de febrero de 2012

Lucha social

Durante los siglos XVIII, XIX y XX se sucedieron los movimientos que han cambiado por completo el panorama de libertades y el reparto más justo de la riqueza. El marxismo, el sindicalismo, el feminismo y el capitalismo, los más importantes pero no los únicos, han cambiado el nivel de vida de la gente y han conseguido que nuestra sociedad sea más equitativa, justa, racional, formada y decente.

La lucha ha sido brutal y ha dejado innumerables muertos, presos y sufrimientos de todo tipo en las personas que no se conformaron con el satus quo de la nobleza y el clero. A todos ellos les debemos gran parte de lo que disfrutamos ahora.

Pero el trabajo no está acabado. Hay mucho trecho recorrido, el más duro, pero queda mucho por hacer.

Y en el trabajo que queda por hacer, ya no sirven los métodos que tuvieron que emplear nuestros antepasados (que no tuvieron más remedio). Se ha conseguido un sistema de libertades que, aún imperfecto, da cabida para poder afrontar el auténtico reto al que nos enfrentamos, que no es económico, por mucho que la crisis esté haciendo sufrir, sino de reparto de poder.

El marco político actual es a todas luces insatisfactorio. Y todos somos responsables de ello. Por ingenuidad, inocencia o simple dejadez, la inmensa mayoría de la sociedad ha dado el poder a unos pocos, ya sea a través de las urnas, y sólo de las urnas, ya sea por dejar que la creación de riqueza esté en manos ajenas, conformándonos con un sueldo, y no entrando a ser agentes activos en la economía.

Las pancartas, las manifestaciones, las quejas, los movimientos de indignados, los silbatos o la violencia, que en su día fueron imprescindibles, hoy son ineficaces y absurdos. No más pedir, no más "exijos". Todo ello no son más que formas pasivas de descargar emociones. Como mucho pueden servir para que el de arriba "conceda" una mínima lismona para que, dando algo, todo quede igual.

Tenemos armas mucho más poderosas que la queja, armas que nuestros padres y abuelos consiguieron darnos a base de mucho dolor: las libertades. Y con esa libertad, si la usamos de verdad, sí que cambiaremos la forma de hacer política, sí que conseguiremos ese reparto de poder.

Pero la libertad es tremendamente incómoda. Supone entrar de lleno en la vida política de la comunidad, entrar o crear asociaciones de vecinos, asociaciones de pacientes dispuestos a trabajar codo con codo con los sanitarios para colaborar en la mejora de la Salud de la población. Supone que las asociaciones de padres de alumnos estén abarrotadas de padres dispuestos a trabajar y colaborar en todo con los colegios. Supone que el funcionario no cumpla sólo con su trabajo sino que se implique activamente en la mejora contínua de los servicios. Supone que millones de trabajadores no paguen sólo su cuota sindical, sino que participen activamente en las políticas de los sindicatos. Supone que millones de personas se afilien o creen partidos políticos y obliguen a abrir debates internos y a democratizar internamente esos partidos. Supone que millones de personas dejen de buscar empleo o se presenten a oposiciones y empiecen a pensar en crear empleo.

No es hora de la queja sino de la acción.

viernes, 24 de febrero de 2012

La dura vida del indignado

El indignado se levanta cada mañana de una cama calentita con el mono de encontrar algo que le indigne. Desayuna su buena tostada de aceite con tomate, café y zumo de naranja, pero si no lee algo en el periódico o en internet que haga estallar su justa indignación se siente perdido.

Se ducha con agua caliente, escoje entre una buena cantidad de ropa y zapatos lo que se pondrá para ir al trabajo (o a la calle si está parado) y rumia todo lo leído para aumentar la ira que le debe corroer.

Coge su coche y se prepara para indignarse por los atascos y las barbaridades de los demás (el jamás hace barbaridades ni es responsable de ese caos circulatorio, como si su coche no fuera uno de los que atascan). Vaya, no hay aparcamiento. Diatriba contra el Ayuntamiento por no preveer que, miles de personas a la vez, van a concentrar sus miles de coches a la vez en el mismo sitio.

Llega a su puesto de trabajo y busca todos los defectos de la empresa, colegio, universidad o lo que se tercie. Todo está mal, todo es injusto, nadie hace las cosas bien. Sólo tiene gafas para ver recortes y pérdidas de derechos por todos sitios. El grado de indignación sube y sube. La adrenalina se va desparramando por doquier.

De vuelta a casa sólo piensa en lo mal que está en el mundo mientras almuerza un buen guiso, con un buen pan y un buena cerveza.

No hay risas en la mesa con la pareja y los hijos. Está tan indignado que no tiene humor para aguantar las chorradas de su familia. Mientras el mundo no cambie, la indignación debe prevalecer.

Cena, ve la televisión, a ser posible aquel programa que le subleva y que puede criticar con acidez, y se va a la cama satisfecho de su día. Nadie puede decir que no es crítico, que no tiene personalidad, que no es solidario, que no es maduro.

Si alguna vez los demás le hicieran caso, entonces sí que cambiaba el mundo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Modelos educativos

No hay buenos o malos alumnos. Hay buenos y malos educadores. Y cuando hablo de buenos educadores pienso fundamentalmente en los padres.

Un buen educador es el que respeta y ensalza las potencialidades de cada alumno. Hasta el alumno más torpe de la clase ha nacido con un don que lo hace único y que si lo consigue desarrollar terminará siendo una persona equilibrada y feliz.

Nacemos con una capacidad creativa innata que se mata sistemáticamente para igualarnos. Rara vez se educa de verdad a un niño. Lo que la gente llama educación es realmente una doma, un adoctrinamiento para encajar en la cultura dominante del país.

En el mundo se discute sobre si es conveniente la educación mixta o segregada por sexos. Si es o no aceptabe educar en casa sin la obligatriedad de acudir a un colegio. Si hay que incluir o no Educación para la Ciudadanía o Religión. Bueno, en España ni se discute, directamente se imponen modelos al albur del partido que gane las elecciones.

Pero lo realmente importante ni se pone encima del tapete. ¿Qué hay que enseñar a los niños?. ¿Cómo hay que instruirles?. ¿Es mejor imponer conocimientos o profunduzar en el conocimiento propio?. Si les enseñamos a conocerse, ¿quién mejor que el propio alumno es el más adecuado para decidir los conocimientos que quiere tener?. Queremos una sociedad libre, pero nos da un enorme miedo la verdadera libertad. Por eso es mejor dejar atada y bien atada la educación de los niños con un sistema rígido, impersonal, frío, desmotivador, igualador y asesino de creatividades.

No hay que ocuparse tanto del hemisferio cerebral izquierdo (razón) y empezar a dejar fluir el derecho (emoción).

En el educar debe estar incluida la fórmula para que cada sueño sea más fácil de hacerse realidad. Y para ello, hay que confiar mucho más en las potencialidades innatas del niño, que son infinitamente más creativas e imaginativas que la de nuestros adolescentes capados.

martes, 21 de febrero de 2012

Guerreros valientes o cobardes

Todos los países tienen miles de historias para ensalzar o denostar a los guerreros que participaron en distintas guerras o batallas de su historia. Pero a los que lucharon se les juzga, en positivo o negativo, en base a unos criterios muchas veces discutibles o directamente enojosos.

El que mata mucho y bien, el que arriesga la vida para hacer más daño al enemigo, el que tiene un alto sentido del deber, sea cual sea ese deber, el que gana, el que pierde pero entrega lo máximo de sí mismo (para hacer daño al adversario), el que sigue las órdenes ciegamente, el que se queda en su puesto aunque sea un suicidio y no sirva de nada a la causa que defienden, en suma, el que es un ejemplo de como matar, es considerado valiente, bravo, héroe, defensor de la patria, ejemplo para los jóvenes, orgullo para la nación.

Pero pocas, muy pocas guerras, han sido justas, si alguna vez hubo alguna.

Valiente es el que se niega a luchar en un contexto de presión mediática y social para acudir a guerrear.

Inteligente es el soldado que, obligado a matar por los que organizan guerras, se abstiene y huye.

Sabio es el que conoce el porqué de la guerra y se niega a ser marioneta de los que mandan.

Héroe es el que no pelea por las razones que le dan sino por salvar a sus compañeros de trinchera, aún arriesgando su vida.

Villano es el títere al que le dan un fusil y dispara porque es lo que le han dicho que debe hacer.

Al final de una guerra sólo habla alto y claro el general vencedor. Pero el único con el derecho a la palabra es la víctima de ese general.

domingo, 19 de febrero de 2012

Diferencias entre erudito, culto, intelectual y sabio

Por más que he mirado en distintos diccionarios y páginas, no he encontrado unas diferencias claras entre estos conceptos. Incluso para distintos autores significan cosas diferentes.

Sin embargo yo sí aplico diferentes matices a cada una de ellas, lo cual no significa que esté en lo cierto.

El erudito es el que profundiza en una o varias ramas del saber, pero sólo hace uso de esos saberes como un disco duro con los datos, almacenarlos, pero sin procesarlos. Sabe mucho pero le sirve de poco. Son los que aprueban las oposiciones.

El culto es el que tiene gran cantidad de conocimientos variados que le permiten disfrutar de las distintas artes y discernir las distintas calidades de los artistas. Son capaces de tener juicio crítico a través de esos conocimientos. Son los maestros del conocimiento

El intelectual, además de culto, es pensador. Procesa de tal manera la gran cantidad de información que tiene que es capaz de producir información nueva y original que puede influir en el entorno. Son los maestros del pensamiento.

El sabio puede ser extremadamente culto o tener poca formación, incluso ser analfabeto, pero es capaz de aprender de todo lo que ve, oye y siente, para construir su propia filosofía de la vida. Tiene la lucidez de entender lo que le rodea sin dejarse influenciar por lo que le han enseñado. Son los maestros de la vida.

sábado, 18 de febrero de 2012

Codependencia

Al que de vez en cuando se haya acercado a este blog, o a mí en persona, no le extrañará esta entrada.

La mayoría de post que he escrito gritan, desde uno u otro prisma, contra la codependencia.

Todos somos interdependientes, nos apoyamos más o menos en los demás. Al fin y al cabo, somos seres comunitarios, estamos programados para vivir en sociedad, y conlleva muchas ventajas...y algunos inconvenientes.

Pero la codependencia es una adicción, no una necesidad. Es la adicción más frecuente. De hecho, más del 90% de las personas tienen un grado mayor o menor de codependencia.

¿Qué es la codependencia?
Aunque esta palabra no está en el diccionario de la RAE, el concepto es claro: consiste en estar centrados en otra persona o circunstancia fuera de nosostros mismos. Supone una actitud en la vida que suele ser fomentada y aplaudida por el entorno como un rasgo propio de la generosidad, bondad, incluso amor (véase una entrada previa sobre "Las mujeres que aman demasiado").

Ser una buena madre, un buen hijo o un buen esposo significa preocuparse por el otro más que por sí mismo: es el sumun de la santidad. Sin embargo, no es más que una conducta adictiva caracterizada por el control obsesivo en los problemas o circunstancias de otros en detrimento de los propios. Son personas que se autoimponen ser los salvadores de otro u otros. Cuidan y se involucran en las vidas de los demás para salvarlos, ya sea del alcoholismo, del ateísmo o de cualquier circunstancia que consideren negativa para la vida del otro. Se preocupan tanto de "salvar a los demás" que terminan convirtiendo sus propias vidas, y la de los que intentan salvar, en un caos.

Cuando no consiguen salvar al otro, como en cualquier otra obsesión, en vez de parar, piensan que no han hecho lo suficiente o no lo han hecho lo suficientemente bien y redoblan sus esfuerzos cayendo en una espiral interminable de frustraciones contínuas, que terminan en el reproche, la culpa y en una falta de confianza en un mundo que no quiere cambiar como esa persona cree que debe cambiar. El fin suele ser el típico pensamiento "el mundo es una mierda", "no merece la pena", "todo es injusto".

"El codependiente sufre por cosas por las que realmente no le corresponde sufrir. Monopolizan el sufrimiento ajeno y lo hacen propio. Al mismo tiempo se olvidan de sus propios problemas" (Arturo Soria).

"Por alguna razón en algún momento de nuestra vida asumimos que nuestra obligación o deber era cuidar de los demás, que esa manera de actuar nos ennoblecía y nos confería nuestro valor más intrínseco como personas. Es por eso que podemos malgastar nuestra vida rescatando a las personas que nos rodean. Rescatar, consiste en hacer cosas por los demás que son perfectamente capaces de hacer por si mismos y que probablemente deberían estar haciendo". (Arturo Soria).

"Rescatamos cada vez que nos hacemos cargo de las responsabilidades de otro ser humano, de los pensamientos, los sentimientos, las decisiones, la conducta, el crecimiento, el bienestar, los problemas o el destino de otra persona”. (Scott Egleston).

Quieren cambiar a los demás, pero no saben cambiarse a sí mismos.

Se parte de una idea errónea: podemos cambiar a las personas que nos rodean. Y se olvida lo esencial: sólo podemos cambiar lo que depende de nosotros: nosotros mismos.

"La manera mas segura de volvernos locos es involucrarnos en los asuntos de los demás y la manera más rápida de volver a estar sanos y felices es atender nuestros propios asuntos”. Melody Beattie.

No siempre la codependencia es entre dos personas. Cada vez asistimos más a la codependencia social, a personas que se involucran demasiado en todos los problemas sociales y se olvidan de lo más importante, los propios problemas. Se sienten buenos siendo solidarios, luchando por los demás, por la justicia. Quieren (y creen que pueden) cambiar el mundo, cuando la única manera de cambiarlo en efecto es ocupándose de uno mismo.

El mundo está regido por una minoría de personas que no son codependientes.

“A fin de cuentas, los demás hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo), piensan lo que quieren pensar, hacen las cosas que creen que necesitan hacer y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. El hecho de que ellos no tengan razón y nosotros si, no importa. Tampoco importa que se estén lastimando a si mismos. No importa el hecho de que nosotros podríamos ayudarles si nos escucharan y si colaboraran con nosotros. NO IMPORTA. NO IMPORTA. NO IMPORTA, NO IMPORTA (…) La única persona a la que puedes o podrás cambiar es a ti mismo. La única persona a quien te corresponde controlar eres tú.” Melody Beattie.

domingo, 12 de febrero de 2012

Reforma laboral

La rigidez no es buena opción para nada, y menos aún para la economía.

La reforma laboral, por fin, ha terminado con una anacronismo que, en España, databa de los tiempos del franquismo.

Supone aire fresco en la economía y justicia social. Va a ser el principio del fin de la crisis.

Comprendo que a los sectores sindicales les pueda asustar. Les quita mucho poder (que ya era hora) pero en absoluto es un arma contra el trabajador sino, muy al contrario, un instrumento que hace justicia a la mayoría de buenos trabajadores y que impide el abuso sistemático que ejercían algunos empleados.

Hasta ahora en España, tener un puesto de trabajo fijo no dependía de la buena o mala marcha de la empresa ni de la buena o mala disposición de los empleados, sino de unas leyes que ataban a los empresarios que no podían despedir, ni siquiera, al que torpedeaba a la empresa desde dentro.

En épocas de vacas gordas puede funcionar, porque siempre hay personas responsables que hacen bien sus trabajos (y el de los "compañeros" que se abstienen). Pero en época de vacas flacas, cuando la actividad de la empresa disminuye y, por ende, sobra personal, el empresario no podía elegir a quien echar (pagando su correspondiente indemnización), sino que era un criterio tan absurdo como el tiempo que llevaba en la empresa, el que decidía quién se tenía que ir. De esta manera, en demasiadas ocasiones, se quedaban los que no trabajaban y se despedía a los que sí daban el callo, todo ello con la connivencia de los sindicatos. Esto no es justicia.

Por otra parte, si una empresa está pasando por apuros y tiene que despedir trabajadores, la enorme cuantía que tenía que desembolsar hacía que esos apuros se multiplicasen. Por eso, la mayoría optaba por cerrar y despedir a todos. Salía más rentable.

Por otro lado, una empresa no tenía la opción, como en Alemania, de disminuir el horario de trabajo de sus empleados con el consiguiente recorte de sueldos durante un tiempo, para adaptarse a una crisis en que sólo vende el 60% de lo que produce. En Alemania bajó el PIB un 5%, pero el paro sólo subió del 7,5% al 7.8%. Con tasas similares, España, que no podía disminuir horarios, pasó del 8% del paro al 22%. Alemania, mucho más flexible y con sentido común, el Estado pagaba a los trabajadores que disminuían horario una parte de lo que perdían. En España, donde no se puede disminuir el horario y por ende se despedian trabajadores, el Estado se tenía que hacer cargo del 100% del paro del tabajador. Al final, el Estado español ha pagado mucho más por el paro que Alemania por completar el sueldo de los que disminuían horas de trabajo. Además en España, las empresas que quebraban desaparecían mientras que en Alemania siguen funcionando. Volver a construir nuevas empresas es mucho más difícil que aumentar la actividad de empresas que siguen funcionando. Por eso en Alemania están empezando a levantar cabeza y en España nos hundimos cada vez más.

Y al final ¿quién paga el puesto de trabajo fijo con 45 días de indemnización?. Los jóvenes y los que no tienen trabajo. Porque muy pocos empresarios se arriesgan a contratar fijo sabiendo que si las cosas se tuercen, deshacerse de esos trabajadores es poco menos que imposible. Por ello se acude a la temporalidad (el 90% de los contratos de los últimos lustros eran temporales). Y los empresarios no son responsables de esta temporalidad, sino de las leyes rígidas y de los que las defienden.

Un poquito menos de seguridad para algunos para que todos puedan trabajar un poco más seguros.