martes, 11 de noviembre de 2008

El Rey Salmón

En un rinconcito del mar, a resguardo de los grandes océanos, existían unas aguas anaranjadas, llenas de coral rojo, peces de colores imposibles y luces mágicas de sabiduría. Era el pequeño Reino de los salmones. Un reino sin puertas ni fronteras porque preferían los puentes. Los habían para todos los gustos: puentes de música, viaductos de poesía, pasarelas de pintura o acueductos de solidaridad.

El arte y los conocimientos eran sus únicas leyes. Los ciudadanos sus legisladores. El Rey Salmón, su único súbdito. Sólo tenían prohibidos los prejuicios, pero sus cárceles nunca habían sido ocupadas.

Las disputas eran solucionadas por el Rey Salmón, que no era un verdadero rey como los conocemos en tierra, sino que era el rey de las ideas, el más sabio entre los sabios.

Todos los jueves se sentaba en el sillón de la biblioteca, flanqueado por tritones, no para defenderlo, si no para resaltar la belleza del momento. Entre libros se emitían los juicios. Pero nunca se encontró a nadie culpable. Sólo repartía responsabilidades y no condenas.

Dos delfines esperaban su veredicto. Un delfincito estaba en medio. Ambos defendían ser el padre de la criatura.

El rey Salmón sólo hizo una pregunta a ambos aspirantes a padre: ¿Cuánto os preocuparéis de vuestro hijo?.

El delfín gris, con lágrimas en los ojos (porque los peces también lloran, pero para que se noten usan lágrimas lilas) contestó: será para mí una preocupación perenne en mi vida. Me preocuparé de día y de noche por su bienestar.

El delfín azul respondió, sin lágrimas en los ojos. Me ocuparé de él y de sus necesidades, pero espero no tener que preocuparme nunca.

El rey Salmón, no dudó un instante en dar su veredicto.

6 comentarios:

El patio de mi casa dijo...

¡Qué bonito! Que sólo los prejuicios estuviesen prohibidos, y las condenas se transformasen en responsabilidades....
Y efectivamente, de nada sirve la pre-ocupación, lo realmente efectivo es la ocupación... Pero qué difícil de llevar a cabo.
Saludos, y buen día... ojalá sea sin preocupaciones...

Juan dijo...

Gracias el patio de mi casa. Es difícil no preocuparse, es cierto, pero no imposible. Siempre se puede escapar alguna, jejejeje. Pero basta mirar las cosas desde otra perspectiva, desde muchas perspectivas posibles.....sentiríamos más empatía y nos preocuparíamos menos. Mirar todos los lados de las cosas precisa de reflexión sosegada y tranquila....y sin prejuicios....esto te hace ver todo con más claridad y comprensión. Generalmente dejamos de sentir miedo cuando comprendemos de verdad lo que nos rodea y....sin miedo......¿que pasa con las preocupaciones?.

Cómo me enrollo Dios mío.

Un abrazo.

Io dijo...

¡Qué precioso relato y qué ganas le entran a uno de empadronarse en un lugar como ese!

¿Realmente es tan utópico? ¿No podríamos llegar a vivir con una filosofía similar alguna vez?

A mí el Rey Salmón me habría pillado, siempre he sido una madre un poco histérica a la hora de preocuparme, je,je, cosas de la imaginación, tengo mucha y a veces me muestra imágenes terribles, cosas espantosas que sucederían de no estar yo encima de todo. Por suerte mi hija tiene paciencia, y con los años yo me he relajado.

Estamos en manos de la vida. Creer que podemos contrarla es una ilusión.

Muchas gracias por dejar tu valiosa aportación en mi blog y por "engancharme" en el tuyo.

Un beso y un abrazo.

Sra de Zafón dijo...

Hola Juan, me cuelo aquí aprovechando tu visita a mi blog para decirte que siempre me dejas con la boca abierta (menos mal que no es tiempo de moscas :-))
Cuando escribes de forma poética, como en esta entrada, y cuando nos regalas tus reflexiones en alto. En estas últimas la limpieza y el orden con los que eres capaz de mostrar tus pensamientos me producen verdadera envidia, pero cuando de verdad me sorprendes es cuando escribes prosa poética. Increíble, Juan, no sé explicarlo, tendré que leerte más, pero hay algo en tus palabras que dibuja una sensibilidad muy poco común. Una especie de comuníón quimica con la naturaleza muy dificil de encontrar. Y no te hablo de que me sorprenda porque seas hombre,no, te hablo de seres humanos.
Gracias por tus palabras.
Sobre tú última pregunta (es que vas tan rápido :-))
y....sin miedo......¿que pasa con las preocupaciones?.
Me gustaría leer tu respuesta.

Un beso.

Juan dijo...

Ina: yo no creo que sean cosas de la imaginación si no de nuestros miedos. La imaginación se alimenta de lo que le damos y, si lo que le procuramos es miedo a la pérdida, se pone a funcionar....¡¡¡y de qué manera¡¡¡.

Lo mismo digo de tu aportación Ina.

Sra de zafón, me has sacado los colores. Muchas gracias. La historia de Manuel es conmovedora. Me impresionó mucho, además de lo bien redactada que está. Se nota cuando las cosas se hacen con cariño.

Un abrazo.

Juan dijo...

Ah, se me olvidaba.

Lo que yo pienso sobre la preocupación lo escribí en el blog allá por Octubre. Os dejo el enlace.

http://adictoalagente.blogspot.com/2008/10/preocupaciones.html

Un abrazo