jueves, 6 de noviembre de 2008

Tras la ventana

Tras la ventana, el parque.
En el parque, niños.
Los niños, la esperanza.
La esperanza de amar.
Amar fue el principio.
El principio necesitó confianza.
La confianza se enfrentó al mar.
El mar inundó el corazón.
El corazón rezumaba de vida.
La vida se expandió con ímpetu.
El ímpetu se transformó en sensatez.
La sensatez se vistió de lucidez.
La lucidez lloró.
El llanto aclaró los ojos.
Los ojos miraron
y en tu mirada soñó
que el sueño de la existencia
existiría sólo con tu amor.

3 comentarios:

Kaken dijo...

Es precioso, pero demasiado críptico.
Ya te pillaré, ya, esto, me lo explicas o me lo explicas¡¡
;-)
Un bes

El patio de mi casa dijo...

A mí también me gustaría poder decir que es precioso. No porque no lo sea, que seguro que sí, sino porque debo tener una total falta de sensibilidad con la poesía, y no he conseguido nunca que me guste. Mira que leo y leo, pero no puedo con la poesía. A mí me sacas de Gloria Fuertes (cuya obra admiro) y ya no doy más. Y me gustaría que me gustase, pero…
En cambio a mis hijos les recito poemillas infantiles, trabalenguas, retahílas, y les leo, como no, a Gloria Fuertes, a ver si ellos desarrollan esa sensibilidad que a mí me falta.
Supongo, que más que leer poesía, debe ser un placer escribirla.
Saludos.

Juan dijo...

Yo siempre me he considerado un pésimo escritor. Y de poesía, ni te cuento.

Creo que son las primeras que hago y me lo paso bien haciéndolas. Cuando escribo otras cosas tengo que pensar, pero con los poemas me dejo llevar por completo de las emociones, y me suponen un alivio.

Un abrazo