domingo, 23 de noviembre de 2008

La (buena) educación

¿Porqué y para qué se tienen hijos?
Dependiendo de la respuesta que demos a estas preguntas tendremos una idea de cómo vamos a educar a los hijos.

Está claro que hay un instinto sexual, pero no creo que exista un instinto maternal o paternal. Un instinto está presente en un momento u otro de la vida siempre que no haya alguna patología que lo impida. Se puede controlar, pero no se puede enterrar. En el caso del supuesto instinto maternal, hay muchas personas que no lo llegan a sentir nunca y, las que lo sienten en un momento dado, pueden no volverlo a tener nunca más. Por este motivo pienso que es más un impulso facilitado por unas determinadas circunstancias que se dan en la vida de la persona, como puede ser una estabilidad económica, emocional, entre otras muchas más. Así pues, la respuesta a las preguntas no es el instinto.

¿Porqué?.
Porque toca. Llego a una edad en que hay que tener hijos.
Porque sí.
Porque siempre ha sido así.
Porque un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores.

¿Para qué?
Para que nos cuiden en la vejez.
Para salvar un matrimonio que va mal.
Para llenar mi vida.
Para que no se pierda el apellido.
Para que acompañe al hermanito.
Para que me den compañía.

Todas son respuestas válidas y, dependiendo de la respuesta, nos haremos una idea bastante exacta de cómo va a ser la educación que va a recibir el niño.

¿Porqué yo he querido tener hijos?.
Porque me enamoré de la mujer más hermosa, inteligente, honesta y maravillosamente imperfecta que he conocido. Una mujer con la que quería compartir amor, hogar y vida. He tenido hijos con ella, porque la amo. No tuve ningún otro motivo con la primera hija.

La segunda y el tercero fue la consecuencia directa de la experiencia de un nuevo amor que nunca había sentido. Un sentimiento que me hacía enormemente feliz, mucho más vivo. Se abrieron horizontes que no habrían existido sin ellos. Se contempla el mundo con ojos diferentes. Comienza una entrega que no tiene parangón. La palabra generosidad cobró un sentido nuevo en mi diccionario.

¿Para qué he tenido hijos?
Dicen que siempre hay un motivo egoísta para explicar nuestros actos. Pero el egoísmo, no siempre tiene connotaciones negativas. En mi caso he tenido hijos para vivir más intensamente. Dándome sin concesiones y amando sin condiciones, me quiero y me gusto más. Me hace sentir y sentirme mejor. Me siento miembro de una familia hecha por todos y para todos los que la componen. Percibo un amor similar hacía mí.
Se quiere tanto a los hijos que, si nos dejamos llevar sólo por los sentimientos, podemos colaborar de forma decisiva a que sean infelices. Precisamente por amor, hay que controlar esos sentimientos. Es menester reflexionar para dotarlos de herramientas que les ayude a ser adultos completos y felices. Para ello pienso que:

1. La violencia no tiene cabida ni justificación. Ni siquiera un cachete en el pompi. Los golpes doman, no educan. No veo peor violencia que la se ejerce sobre el que no tiene la más mínima posibilidad de defenderse. Si se pega a un hijo “para corregir” se deberían pegar a muchos adultos con los que nos encontramos, que hacen las mismas o peores cosas que nuestros hijos. ¿Por qué no lo hacemos?: porque esos sí se pueden defender. Por otra parte, si defendemos que los golpes son necesarios para instruir, tendremos que tener preparados nuestros respectivos traseros para que nos enseñen.
2. La educación debe estar asentada en valores y no en doctrinas. Insistir en lo negativo de los prejuicios, el consumismo, el despilfarro, la incompetencia, el servilismo, la dejadez, dejarse llevar por las apariencias, la violencia etc, y dar conocimientos sobre las distintas doctrinas religiosas, políticas o económicas que hay, de la forma más aséptica posible, para que ellos puedan escoger.
3. El amor no sólo se debe sentir, también hay que expresarlo. Abrazos, besos, caricias, miradas, dan confianza al niño y son un factor fundamental en la unión de la familia.
4. Poner límites y mantenerlos. Lo que hoy es sí siempre es sí o viceversa. La disciplina es el factor que más seguridad da a un niño. Saber lo que se puede o no hacer, ayuda a la estabilidad emocional.
5. La casa es de todos y todos tenemos que colaborar en su mantenimiento. No todo se lo merecen los hijos. Se les ama sin condiciones pero ciertas cosas las deben obtener con condiciones: currándoselas.
6. Nuestros hijos no son nuestra propiedad sino nuestra responsabilidad.
7. Debemos prepararlos, no para que sean como queremos, sino para que desarrollen al máximo sus potencialidades. Nuestra labor consiste en presentarles la inmensa gama de posibilidades de las que disponen, pero la elección no es nuestra, sino suya.
8. Debemos respetarlos igual que respetamos a los demás. A veces parece que, por el hecho de ser de la familia, tenemos patente de corso para gritos, insultos y reacciones que jamás las cometeríamos con un desconocido. En este sentido, prefiero verlos como personas bajitas en vez de cómo niños.
9. Tienen derecho a equivocarse. Tratar de evitarlo supone restarles posibilidades de crecimiento. Por supuesto hay errores que debemos corregir, sobre todo cuando atentan contra los derechos de los demás o puedan suponer un peligro importante para su integridad.
10. El mejor juguete somos nosotros mismos. Siempre que les he dicho a mis hijos “vamos a jugar”, lo han dejado todo y han dado saltos de alegría.
11. No mentirles. Incluso cuando haga falta hacer algún actividad desagradable para ellos, como vacunarlos, hay que decirles la verdad, prepararlos para lo que va a venir. Es la única manera que conozco de ganarse la confianza de alguien. Además, saber lo que les espera, aunque sea doloroso, les hace sentirse más seguros. Cuando se les miente continuamente recelan ante cualquier cambio.
12. Intentar no transmitirle nuestros miedos. Hay muchas cosas que nos pueden preocupar: las primeras salidas, sobre todo las nocturnas, los primeros escarceos amorosos, las excursiones, noches de fin de año, alcohol…..Pero creo adecuado hacerles saber que nos interesa conocer lo que hacen pero sin endosarle nuestros recelos. Debemos confiar en las armas con que los hemos dotado para que sepan actuar del mejor modo posible.
13. Disfrutarlos. Jugar, divertirte con ellos, olerlos, abrazarlos durante la siesta, reirte mientras le cuentas un cuento y ves su carita. Acariciarlos en el baño. Dejar que te coman la nariz. Convertirte en su asiento favorito para llevarlos al mundo de la caricia sin fin. Que siempre que abran los brazos, encuentren tu cuerpo entre ellos. No desaprovechar ninguna oportunidad para una buena conversación en la sobremesa. Tantas y tantas cosas que me hacen y los hace felices.
14. Hasta ahora sólo he hablado de enseñar. Para lo último queda lo más importante: aprender de ellos. Sólo es necesario estar abiertos y no asumir que nuestro conocimiento del mundo es el mejor o único. Quizás sea cierto que conocemos mejor el entorno, eso se consigue con los años (y a veces ni eso), pero los niños disponen de lo que hemos perdido: la inocencia, la esencia.

Somos seres imperfectos, con nuestros días mejores y peores, con nuestras tristezas y alegrías. Pretender ser siempre el padre perfecto es absurdo e imposible. A quien no se le ha escapado un grito, o quien no ha dejado salir una preocupación, o quien no ha manipulado alguna vez. El primer paso para ser un buen padre es asumir que se va a equivocar y que eso no le debe hacerse sentir culpable sino todo lo contrario, animarlo para que no se vuelva a repetir y poder mejorar día a día. Ser bueno en todo, todos los días no debe ser la prioridad, pero sí escoger el camino más adecuado, con lo altibajos correspondientes de vez en cuando.

21 comentarios:

Io dijo...

¡Caray, que fertilidad narrativa! Es difícil seguirte, je,je

Ante todo, una exposición magnífica, como siempre. Nos tienes muy mal acostumbrados.

¿Por qué y para qué se tienen hijos? Como a mí no me dio tiempo ni a plantearmelo lo ignoro, cada uno tendrá alguna de las razones que has apuntado.

Yo creo que, ante todo, lo hacemos por nosotros. Una vez un amigo me dijo que quería tener un hijo por una especie de filantropía, para darle cariño y una vida feliz. Yo le dije que no se puede ser generoso con quien no existe y que si quería hacer una buena obra que adoptase a un niño. Nada garantiza que no vayas a abandonarle porque te enamores de otro, que te des al alcohol, que tus buenas intenciones se queden en nada, la vida da muchas vueltas. Creo que, en mayor o menor medida, es un acto de egoísmo, de satisfacción propia (salvo en mi caso, que tuve una hija que ya me lo agradecerá el mundo algún día, je,je)

1.- La violencia nunca. Te contaré una anéctoda. Cuando salió la ley que prohibe hasta el cachete yo discrepé, y mi hija me tuvo que recordar que yo nunca le había puesto la mano encima. (Yo no lo recordaba) Hay que echarle imaginación. Hay muchas formas de llamar la atención de un niño, de llevártelo a tu terreno sin tener que hacer uso de la violencia, pero para eso hace falta paciencia y mucha gente vive con demasiada presión. Al final ni violencia ni tácticas alternativas; les dan carta blanca y ya tenemos niños terroristas.

2.- Sí, hay que abrirles la mente desde pequeñitos. Luego ellos la siguen abriendo por su cuenta.

3.- Absolutamente. Las muestras de amor nunca se deben escatimar, nunca son demasiadas.

4.-Sí, aunque cueste, que a veces cuesta. Y mucho.

5.-Sí, y además eso no cuesta tanto.

6 y 7.-
Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Ellos son los hijos y las hijas de la Vida que trata de llenarse a si misma
Ellos vienen a través de vosotros pero no de vosotros.
Y aunque ellos están con vosotros no os pertenecen.

Les podeís dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podeís dar habitáculo a sus cuerpos pero no a sus almas,
Pues sus almas habitan en la casa del mañana, la cual no ser puede visitar, ni tan siquiera en los sueños.
Podeís anhelar ser como ellos, pero no lucheís para hacerlos como sois vosotros.
Porque la vida no marcha hacia atrás y no se mueve con el ayer.

Vosotros sois los arcos con los que vuestros hijos, como flechas vivientes son lanzados a la Vida

El Profeta (Kahlil Gibran)

8.- No se puede vejar al ser al que más se quiere insultándole. Es una monstruosidad y se le quita confianza en sí mismo.

9.- Nadie es perfecto. Nosotros tampoco lo fuimos.

10.- Me senté a jugar con ella con la Spectrum, con la Sega y después con la Play (soy un hacha matando monstruos) Y me tiré al suelo miles de veces. Me lo pasaba en grande. Y ella también (Ya, ya me callo, que parezco la Esteban hablando de Andreíta, je,je)

11.- Con la excepción de los Reyes Magos, je,je

12.- Ahí pinché. Fuí bastante agobiante. Pero ella tuvo paciencia y una fuerte personalidad. Y no se dejó contagiar. Yo sigo teniendo miedos. Ella no.

13.-Si, si, si. Todo eso y lo que la imaginación te pida.

14.- A mí me ha enseñado muchas cosas, distintas formas de afrontar situaciones. Es más valiente que yo, me sacude muchos miedos. También me enseñó a escribir en un blog, je,je.

Lo más importante es disfrutar de ellos con ellos, y eso lo abarca todo, incluso la educación y la disciplina.

La exposición es fantástica, pero lo que más me ha llamado la atención ha sido la belleza con que has descrito tus motivos para ser padre.

¡Enhorabuena!

Un beso y un abrazo.

Rose dijo...

Mi cocina es lo menos parecido a una cocina de esas de diseño que aparecen en las revistas de muebles y de decoración. Por las paredes hay pegados dibujos de Rn., de mis sobrinas, los horarios escolares de Ir. y Rn., una lista con las cosas imprescindibles que tengo que recordar que lleven cada día... y en la nevera, sujetos con imanes, tengo pegados "Los derechos de los niños por Mafalfa" y la "Carta de un hijo a todos los padres del mundo" que saqué de alguna página de internet que ahora no recuerdo. Están convenientemente plastificados para que no se estropeen. A partir de hoy, y sujeta con imanes, en mi nevera también estará esta entrada, para que no se me olviden nunca mis propios principios...
Me has emocionado, porque esa es exactamente mi "extraña" visión de la maternidad.
¡Ah! Y yo tampoco creo en el instinto maternal. Supongo que hubo una época en la historia del hombre en que dicho instinto si estaría muy agudizado, pero en la época actual, creo que ese instinto maternal es más bien un compendio de accciones y actitudes aprendidas... o no, la verdad es que no lo sé. En mi caso particular, ese supuesto instinto no es, desde luego, lo que me llevó a tener hijos. Mas bien diría que ese instinto es algo que crece día a día, aunque quizá lo que crece día a día es el amor que siento por ellos, o quizá la que crece día a día soy yo. Es difícil de saber...
Enhorabuena por este artículo.
Un beso.

Rose dijo...

Sólo añado una cosa que creo que he encontrado a faltar: No enseñarles a reprimir sus sentimientos, ni siquiera la ira. En todo caso, enseñarles a encauzarlos correctamente, para que esos sentimientos no dañen a los demás. Me pongo mala, cuando, en el parque, un niño o niña llora porque se ha hecho daño o porque se le niega algo. Enseguida habrá un par de adultos diciéndole eso de "anda, cariño, no llores". ¿Y si se ha hecho daño, por qué no va a llorar, con el bien que le hace eso?. Además, una cosa es no ceder ante la petición de un niño (obviamente, todos los días no se les pueden comprar chuches ni juguetes nuevos) y otra, no dejarles exteriorizar su tristeza o frustración. E incluso la frustración es también un sentimiento que hay que fomentar. Quién no se haya sentido nunca frustrado de niño, llevará demasiado mal las frustraciones adultas. Y un jefe, una pareja, unos amigos, no siempre le van a dar lo que quiera para que no llore...
Cuando, el curso pasado, fuí a recoger las "notas" de Rn., su profesora me dijo que es un niño que identifica muy bien sus propios sentimientos y también los de sus compañeros. No tiene ningún pudor en decir que se siente triste, o que está enfadado, o que se siente agobiado. A veces, en la calle, cuando alguna vez se ha puesto a llorar, y alguna persona le ha dicho eso de "no llores, laztana, no llores" yo siempre le digo todo lo contrario "no te preocupes, Rn., tú llora todo lo que necesites, que con las lágrimas se va la tristeza", y la verdad es que me suelen mirar como a un bicho raro. Pero a mi no me importa lo que otros juzguen, y además prefiero inculcar a mi hijo que tampoco debe importarle lo que otras personas piensen de sus sentimientos, así que.... coherencia, la coherencia que mencionaba ayer...

Juan dijo...

Io, siempe me ha gustado Gibran, todavía tengo esos librillos delgaditos por ahí perdidos y hacía tiempo que no los leía. Me han dado ganas de cogerlos otra vez. No conocía el poema que has puesto. Es maravilloso. En pocas y preciosas palabras resume toda una filosofía.

Por lo que veo, tu hija es un ser maravilloso.....¿de dónde habrá salido esta chica?, jejejejejejej.

Rose, tienes toda la razón. No reprimir sino encauzar los sentimientos, se me ha pasado. Hemos aprendido a poner cara de póker en nuestras relaciones con los demás. Está muy mal visto mostrarse tal cual. Hay un auténtico canto hacia la frialdad, hacia la razón sin emoción. La época victoriana inglesa es el mejor ejemplo que se me ocurre.

Sin embargo, todos en el fondo, deseamos encontrar la persona que nos abra, que con sus sonrisas o sus lágrimas, con su ternura, abra nuestro caparazón para poder darnos tal cual somos.

Desde la infancia, si se nos reprime, seremos adultos reprimidos en lo emocional. Inflexibles en nuestros gestos y posturas, que para nada invita al otro a darse, porque no sabemos darnos.

Una cosa que me ha llamado enormente la atención de este mundo bloguero es la necesidad que tiene la gente de mostrase, de expresarse tal y como es, de darse y de saber recibir. En la vida "real", esto apenas existe. (Bueno, yo en la vida real soy incluso más abierto, jejejejej). Y es que hemos reprimido desde la más tierna infancia esa necesidad de interactuar con los demás como un todo de pensamientos y emociones.

Sois especiales, Io y Rose. Como enriqueceis este blog. Sin vuestros comentarios......

Un abrazo

Sra de Zafón dijo...

Hola Juan, comienzo el paseo por tu blog tan crecido (admiro tu capacidad)

Esta entrada es como todas las tuyas : emocionante, ordenada y limpia y en la que casi no se me ocurre añadir nada, pero te diré que mi ¿por qué?, y mi ¿para qué? a la hora de tener a mi hijo fue por puro egoísmo:
Lo tuve por que quería sentir el amor hacia un bebé, ¿pará qué? para salir de mi y darme a él,nada más.

Sigo leyendo tu blog

Guaja dijo...

¿Como puede ser que me acabe de enterar de la existencia de tu blog?. Con tu permiso, rondare esta parte de tu hogar a menudo.

Respecto a la entrada solo puedo decir que leo, aprendo y comparo con lo que pasa por mi cabeza. Y es que yo, respecto a mi maternidad no tengo mucho que decir, porque no la deseo.

Pero tu entrada me parece sabia, Juan, y me ha dado mucho que pensar. Muchas gracias por este rincon.

Juan dijo...

Sra de Zafón ¿y te parece poco?. Tus "egoístas" razones son las mismas que las mías.

Me ha gustado lo que dices sobre salir de tí para entregarte a él. Cuando nos damos, somos más nosotros que nunca, es curioso, pero lo siento así.

Guajilla, te hacía por Argentina, aunque ahora que recuerdo leí en tu blog sobre tu vuelta. Bienvenida a este, tu blog. Estás en tu casa.

Con respecto a tu maternidad, afortunadamente ya no es una obligación sino una elección. Puede que algún día cambies de opinión porque cambien tus circunstancias, pero si no cambian, tú te sobras a tí misma paa crecer.

¿Me permites que te enganche?.

Un abrazo a las dos y muchas gracias.

Portorosa dijo...

Es más difícil decir qué hacer que qué no hacer, ¿no te parece? Es más fácil dejarse algo, o expresarlo de manera que el lector no entienda lo recomendado. A mí me ha pasado con algún punto, como el de la disciplina: tal y como lo dices, creo que es muy matizable.

Pero, bueno, me encanta este artículo también, ¿eh?
Un abrazo.
(Eso, que te escribo...)

Juan dijo...

Pues tienes razón portorosa. Es más fácil criticar que crear.

La entrada de las cosas que no hay que hacer me costó mucho menos trabajo que ésta.

Intento siempre ser lo más conciso posible y claro, muchos puntos (o más bien todos) se quedan sólo esbozados.

Con respecto a la disciplina, quería expresar que cuando a un niño, unas veces se le deja hacer una determinada cosa y al día siguiente no, se van creando unas expectativas de si al siguiente día se le permitirá o no hacerlas. Nunca sabrá a que atenerse. Qué es bueno y qué es malo.

No sé si lo he explicado mejor o lo he terminado de estropear por completo.

Un abrazo y muchas gracias.

Portorosa dijo...

Sí, sí, aclarado. En realidad suponía que te referías a eso, pero ese "siempre" me había sonado demasiado tajante, como si le negases al padre, de la mano también del hijo, con diálogo (cuando se puede, que es casi siempre a partir de cierta edad), la posibilidad de ir revisando esos límites.
Y lo de que la seguridad depende sobre todo de la disciplina, pues lo mismo, que ya sé por dónde vas, pero claro, al no conocerte... (Hace poco dijeron en mi blog que un hijo necesitaba tres cosas: normas claras, trabajo y disciplina. Y así, a palo seco, me pareció una machada.)

Bueno, que muy bien. Gracias.
Un abrazo.

Juan dijo...

Es verdad portorosa. Suelo caer en la distorsión del siempre o el nunca. La distorsión de los absolutos.

Pretendía recalcar más aún. Pero es verdad que se hubiera quedado mejor si hubiera escrito que no se puede estar cambiando continuamente las reglas del juego.

La flexibilidad es esencial en cualquier actividad y, a la hora de ser padres, es fundamental. Las reglas hay que ir adaptándolas a la edad de los niños, por supuesto y esas reglas no tienen porque se rimpuestas, sino muchas veces negociadas.

Un abrazo y muchas gracias.

Portorosa dijo...

Otro pero, Juan: la educación en valores no está libre de subjetividad ni de "ideología", ¿no crees? Ni mucho menos se trata de conceptos incuestionables, sino que nuestros valores, en su mayor parte, van de la mano de nuestra forma de pensar.

Sin ánimo de meterme demasiado en el tema, creo que la Educación para la Ciudadanía es un ejemplo de que lo que para unos son valores para otros son propaganda, o incluso anti-valores.

Gracias. Un abrazo.

Kaken dijo...

"Sin ánimo de meterme demasiado en el tema"
Cachiss¡¡
Un bes, buenos días a todos.

Juan dijo...

No hay valor eterno e incuestionable. Es verdad.

Pero sí que hay valores que respetan a los demás y a uno mismo y otros que intentan imponer unas ideas y prejuzgan al que no las tiene.

Por poner algún ejemplo:

Los prejuicios.

La violencia como método para obtener lo que queremos.

La manipulación.

La imposición de roles.

La dictadura de cualquier tipo.

La autocrítica como fuente de reconocimiento, aceptación y crecimiento personal antes que como motivo de culpabilización.

La prudencia como valor positivo y el miedo como negativo.

Jo, si sigo escribo otra entrada. Me refiero a este tipo de valores.

El problema con Educación para la ciudadanía, que como concepto me parece fantástico, radica en la mala politización del tema. Unos políticos que no han sido capaces de ponerse de acuerdo en este tema, no son la mejor garantía para que esta asignatura llegue a buen puerto.

Un abrazo Portorosa. Me encantan los comentarios porque la brevedad del texto me impiden profundizar todo lo que me gustaría en cada tema.

Juan dijo...

Jajajaja Kaken, es verdad.

Portorosa, métete a fondo, jejejeje.

Si estás de acuerdo estupendo. Pero si no estás de acuerdo con alguno de los planteamientos: muchísimo mejor. Del debate y la confrontación de ideas se abren los cerebros (los que están dispuestos a escuchar).

Un abrazo

Portorosa dijo...

Es que llevo meses, o años, de alergia a las discusiones políticas. Al menos en la red. Ustedes sabrán perdonarme.

Gracias por la explicación, Juan.

Te voy a enseñar un post mío de hace tiempo, no para que lo leas entero, sino para que te fijes en la lista de cualidades que hay en medio (es fácil, porque está en azul), a ver qué te parecen, ¿vale?:

"Aquí."

Juan dijo...

Jajajaja. Portorosa, si llego a seguir con la lista de valores (los hice en uno o dos minutos a vuelapluma) habría terminado de poner todos tus puntos azules.

Al final me he leido el post y todos los comentarios. La verdad, no he entendido bien el motivo del debate pues, en vez de profundizar en lo realmente importante, se ha ido a lo accesorio, a lo superficial....casi a un análisis semántico, más que a la propia profundidad de los valores que tú has puesto en azul.

Me han parecido de una lucidez excepcional y creo que vendría muy bien desarrollarlos (al margen que a esos valores se les quiera llamar cultura, sabiduría o lo que quieras).

Para mí, mucho más allá de la palabra que los califique en su conjunto, son un proyecto de como encarar la vida......y un proyecto en toda regla de educar a nuestros hijos en esos valores.

Enhorabuena portorosa. Sólo tengo una palabra: excepcional.

Un abrazo

Portorosa dijo...

Pues muchas gracias, sinceramente, Juan.

Entonces discutíamos, como dices, qué era cultura y qué no, si la cultura daba eso o no, si era erudición o más cosas y, en fin, esos temas. Pero todo el mundo parecía estar de acuerdo con la lista, la atribuyésemos a lo que la atribuyésemos.
A mí también me gusta, para qué te lo voy a negar (queda un poco mal que lo diga yo, pero ayer, al releerla, me parecía todo muy bien...).

Así que voy a repasarla, a ver si se me pega algo...

Un abrazo.

Juan dijo...

Esta entrada tuya me ha dado la idea de hacer otra. Para mí hay tres conceptos a diferenciar:

Culto, intelectual y sabio.

En cuanto lo desarrolle lo publico. Si no te importa, pondré un enlace a tu entrada, porque enriquecería mucho lo que yo escriba.

Un abrazo.

Portorosa dijo...

Claro.
Pero me importaría mucho menos si además aclarases que hoy ya no la suscribiría, tal como está...

Un abrazo.

Juan dijo...

De acuerdo.

Un abrazo.