martes, 25 de noviembre de 2008

Ideales

En la infancia y, sobre todo, en la adolescencia, estaba lleno de buenas intenciones y de muchas ganas de cambiar el mundo......por supuesto para bien. Tenía muchísimos ideales. Me veía a mí mismo ayudando a negritos o chinitos (más a los negritos que son más pobres), asumiendo un papel importante en la Revolución que iba a cambiar la faz de la Tierra, a ser el mejor y más humano médico de la historia de la medicina, pero siempre trabajando en los barrios más pobres o en los países más necesitados. Creía en la igualdad de la gente, en la injusticia social como la única fuente de la violencia o la delincuencia.

Ya no me acordaba de nada de esto. Es curioso, pero no había vuelto a recordar esta faceta mía de idealista. Sucedió hace muchísimos años.

Ahora resulta que a los idealistas los considero altamente peligrosos. Y cuánto más idealistas, inteligentes y cuanta más capacidad de convicción tengan, peor. Hay demasiados ejemplos a lo largo de la Historia de personas que han querido "salvar" al mundo de las injusticias y, prácticamente siempre, cuando los supuestos salvadores han conseguido el suficiente poder para imponer sus ideales, han sucedido todo tipo de catástrofes. Y sí, han cambiado el mundo......pero casi siempre para peor.

Los grandes cambios de la Humanidad nunca se producen en pos de un ideal por las buenas, sino que se derrama mucha sangre y se expande mucho sufrimiento para imponerlo, porque el cambio brusco, no forma parte del ser humano. Somos acomodaticios y capaces de generar cambios a muy pequeña escala, pero no los grandes y, cuando suceden, con mucha violencia incluída, el ideal original se ha desvirtuado por completo. Sin embargo, esos pequeños cambios progresivos no resultan tan chocantes y consiguen resultados mejores. Nuestra sociedad actual le debe mucho a la Revolución francesa, al Marxismo y al Capitalismo, pero mucho más al pensamiento social-demócrata, que ha sabido introducir, de forma escalonada, pequeñas transformaciones (con una sabia mezcla de todas estas corrientes) que han sido digeridas por todos y han conseguido una transformación importante de la sociedad. “Sin prisas, pero sin pausas”.

Yo ya no tengo ideales, sino simplemente ideas. Tengo mi propio sentido de la justicia y no busco cambiar a nadie sino saber convivir con los demás, disfrutando de lo que recibo y dando lo que quiero dar. Me gustan mucho las personas y me gustan muy poco algunas de sus conductas. Odio las masas, porque no hay nada tan despersonalizador como el anonimato de las mismas. Creo firmemente en la personalidad, el carácter y muy poco en los ideales.

Creo muchísimo en la enseñanza y muy poco en la educación, con todo lo doctrinario que implica la misma. La enseñanza da herramientas de conocimiento y, con ellas, cada cual puede forjar su propia visión del mundo, puede moldear la personalidad como mejor le venga a lo dictado por los genes. La educación, salvo la imprescindible, claro, pretende adoctrinar como he comentado antes. Pretende no hacerte pensar, sino darte las respuestas de otros y que las asumas. Pretenden decirte lo que es bueno o malo, sin dar la opción de razonar, de emplear la propia lógica. Son reglas DETERMINADORAS.

Para poner un ejemplo del determinismo: las feministas se quejan, y con razón, que la Sociedad les pretende marcar su propio camino en base a su sexo. Tienen que ser amas de casa, cuidar los hijos, etc. Pero ese mismo determinismo también lo sufren los hombres, que no pueden llorar, ser cariñosos con sus hijos, que tienen que ser como rocas en la familia y traer el sustento a casa. Este es el determinismo machista.

Pero muchos movimientos feministas, en vez de enseñar, pretenden educar....pretenden volver a ser deterministas. Demonizan a la mujer que quiere ser ama de casa o que se acerque mínimamente a lo que ellas consideran machista. Parece que la mujer que no trabaja fuera de casa (libremente decidido) o que se dedica con especial esmero a sus hijos, son personas embrutecidas. Es otra forma de determinismo que trae consecuencias muy negativas para muchas mujeres, que no se sienten liberalizadas para nada, sino mucho más atadas que antes. ¿No es mucho más fácil la libertad?. ¿La no determinación?. ¿No es más fácil que el hombre que le guste ser amo de casa, lo sea, sin ser considerado un chulo que vive de su mujer?. ¿No es más fácil que la mujer que quiera ser ama de casa lo sea, sin ser condenada por ello?. Pues el determinismo feminista vuelve a hacer lo que siempre ha hecho la Sociedad: la mujer tiene que ser así o asao para obtener nuestro respeto y/o admiración.

En resumen, vivo mi vida, intentando no hacer daño a nadie, echando una mano cuando puedo y, sobre todo, cuando quiero y sin tener unos ideales que, de alguna forma, puedan hacerme juzgar o sojuzgar al que me rodea. Creo en las personas desnudas de sus ideas.

30 comentarios:

Portorosa dijo...

Yo en las personas desnudas, sólo en algunas. En general creo que casi todos ganamos bastante vestidos... :)

En serio, ya: como casi siempre, las palabras pueden generar una discusión, por no aclararse las partes qué quieren decir para cada una. Lo digo porque yo, que a veces me he autodefinido (¡coño, como el pasatiempo!) como el "tonto de la educación", llamo educación a lo que tú llamas enseñanza.

Pero es difícil, ¿eh? Es difícil, no ya hacerlo efectivo, sino llegar a un acuerdo sobre lo que hay que enseñar (vuelvo a lo de los valores universales o personales).

En cuanto a cómo vamos avanzando, cada vez estoy más convencido de que esos excesos periódicos de la Historia, y sus correspondientes reacciones "reaccionarias", son inevitables, y que entre ambas van haciendo que la cosa se mueva. Inevitables por desgracia, porque sería estupendo que avanzáramos con calma y de común acuerdo, pero...

(No sé si me he ido del tema)

Buenos días.

Juan dijo...

Yo también empleo indistanmente las palabras enseñanza y educación, pero aquí he querido diferenciar dos conceptos diferentes (se les puede poner las palabras que se quieran). Los dos conceptos, contrapuestos, consisten en:

Dar las herramientas para formar un espíritu crítico. Sólo se puede escoger entre aquello que se conoce. Por consiguiente, quien tenga pocos conocimientos tiene poca capacidad de elección y es menos libre. A esto lo he llamado enseñanza, pero lo puedes llamar como quieras.

Si en vez de las herramientas lo que das es el pensamiento ya formado como único válido y verdadero, impartes doctrinas y no se forma un espíritu crítico. La libertad de elección entonces es prácticamente nula.....otros ya han pensado por tí. A esto lo he llamado educación, simplemente porque no se me ha ocurrido, en el momento de escribirlo, otra palabra mejor, pero se le puede llamar adoctrinamiento, dogmatizar o lo que sea.

Ponerse de acuerdo (a nivel político) en lo que hay que enseñar no es difícil.....es imposible. Formar espíritus críticos no es la opción que gusta al Poder. Prefieren borregos manipulables.

La enseñanza, desgraciadamente, sólo la pueden dar los padres (o más genéricamente la familia o responsables del niño). No se puede esperar mucho, salvo excepciones, del colegio ni de la sociedad en general.

La Historia es un péndulo que va de un extremo a otro. Parece que siempre estamos reaccionando. Supongo que sucede porque sabemos algo de historia pero no aprendemos de ella. No sé si ello es inevitable, pero creo que Europa, de momento, ha aprendido mucho.

Un abrazo Portorosa. Es un gran placer charlar contigo.

Un abrazo.

Portorosa dijo...

Igualmente.

(Recuerda que muchas veces las discusiones son sólo sobre palabras, no sobre conceptos. Lo digo por ese post que tienes en mente.)

Io dijo...

¡Enhorabuena! ¡Magníficas entradas! Las dos. Porque en tu comentario has escrito otra entrada que no tiene desperdicio.

Siempre habrá quien siente cátedra, quien se crea en posesión de la verdad y trate de imponernos esa verdad por los medios que sea, bien por la fuerza de las armas o agrupándose en colectivos que te lo intentan hacer tragar con un chorrito de miel.

La única defensa es nuestra capacidad de raciocinio, nuestra capacidad de discernir entre aquello que se supone que debe ser y lo que nosotros pensamos que debe ser. Y para eso, como muy bien dices, las únicas herramientas de que disponemos son el conocimiento y la libertad de elección.

Y esa enseñanza debería tener su cuartel general en el hogar, en la familia, porque fuera de ella no podemos controlar los posibles lavados de cerebro que bombardeen las mentes en proceso de desarrollo de nuestros futuros adultos, y luego resulta complicado corregir el rumbo.

Cada uno es libre de entender la vida como más le guste, siempre y cuando respete esa misma libertad en los demás.

(Creo que no he hecho sino repetir lo dicho, pero es que estoy de acuerdo en todo)

Un beso y un abrazo grande.

Juan dijo...

Muchas gracias io.

Lo que más me gusta de los comentarios es precisamente que se estira y mejora lo escrito en la entrada y te da oportunidad de explayarte un poco más en algún punto concreto y darte cuenta de algunas cosas o que se te había olvidado poner o simplemente un punto de vista que no has tenido en cuenta. Es que es maravilloso contar con gente tan interesante como vosotros, tanto tú, io, como portorosa, Lenka, Celadus, rose, sra de zafón, kaken, alberich y muchos más que han intervenido y me han enseñado.

De verdad que estoy creciendo con todos vosotros.

Un abrazo.

Rose dijo...

Estupendo post, que redondean los comentarios. No me paro a aportar nada (estoy bastante de acuerdo) porque voy muy, muy apurada... Hoy me limito a leer y aprender. Unicamente una cosa. Dice mucho (o muy poco) de nuestro sistema educativo el que la religión católica (sólo la católica) siga siendo asignatura en nuestros colegios públicos... Vosotros vais más allá y habláis de ni siquiera adoctrinar en casa, que debería ser lo correcto, pero.... uffff.... por lo que yo veo en la calle, qué difícil es eso...
Ya sé que no os referíais en exclusiva al tema religioso con lo de adoctrinar, pero se me ha venido a la cabeza...
Hoy, de todos modos, estoy espesilla.
Buen día. Un día más, lluvia...

Juan dijo...

Me imagino que no debe ser fácil. Yo al menos lo intento y, aunque de vez en cuando falle, es el camino que hemos escogido mi mujer y yo. Los resultados hasta ahora son excepcionales.

A mí me parece correcto que los niños sepan de religión para que, con su espíritu crítico, después decidan si les interesa intregarse en algún credo o ir por libres por la vida. Yo opté por no ser religioso (a mí sí me intentaron imponer el catolicismo) y deseo que mis hijos opten con total libertad (y por consiguiente con conocimiento), por lo que ellos crean más conveniente.

Muchas gracias Rose.
Un abrazo

Juan dijo...

Me imagino que no debe ser fácil. Yo al menos lo intento y, aunque de vez en cuando falle, es el camino que hemos escogido mi mujer y yo. Los resultados hasta ahora son excepcionales.

A mí me parece correcto que los niños sepan de religión para que, con su espíritu crítico, después decidan si les interesa intregarse en algún credo o ir por libres por la vida. Yo opté por no ser religioso (a mí sí me intentaron imponer el catolicismo) y deseo que mis hijos opten con total libertad (y por consiguiente con conocimiento), por lo que ellos crean más conveniente.

Muchas gracias Rose.
Un abrazo

Kaken dijo...

Buenos días a todos.
Juan, una pregunta ¿que queda de una persona después de despojarla de sus ideas?

Otra: ¿te gustarían también Hitler y Stalin desnudos de sus ideas?

Un bes.

Juan dijo...

¿que queda de una persona después de despojarla de sus ideas?

Su propia naturaleza.

Su necesidad imperiosa de relación, de amar.

Su capacidad de sentir todo lo que le rodea sin que tenga un filtro.

La comunión con la naturaleza. La aceptación personal y, por ende, aceptar a los demás.

La capacidad de generar nuevas (y propias) ideas desde su desnudez.

Esto no significa que nos tengamos que convertir en hombres primitivos ni en animales puros y duros. Cuando me refeiro a la desnudez de ideas no me refiero a esto, si no más bien a comprender mejor a los demás, a saber de los condicionantes que cada uno ha tenido para comportarse como lo hace. Para tener la esperanza que, sin esos condicionantes, pueden haber muchas personas que pueden crecer y madurar de una forma mucho más rica.

Con respecto a Stalin, poco conozco de él. Con respecto a Hitler, todo lo que hizo, fue fruto de las experiencias que tuvo y de los ideales que se forjaron a través de esas experiencia. Desnudo de ideas hubiese sido mejor persona.

Un beso muy grande.

Kaken dijo...

Graciassss
Algo no me cuadra, ya lo pensaré.
Un bes

Lenka dijo...

Me pasa como a Kaken, algo me chirría. Conste que me ha encantado tu entrada y que veo mucho de acierto en ella. Pero algo me chirría un poco, quizá no lo acabo de entender.

Los ideales pueden ser de lo más peligroso o de lo más noble, creo. O quiero creer. Me hizo pensar mucho una frase que leí por ahí, y que decía que el mayor revolucionario se convertía en conservador al día siguiente de ganar la revolución. Y es cierto, claro. Cualquiera que pretenda cambiar el mundo, cargarse un sistema con el que no está de acuerdo, se convertirá en conservador cuando lo logre, porque ese logro será lo que pretenda mantener a toda costa. Tiene sentido.

Creo mucho en la persona, en la individualidad. Quizá por eso nunca he estado afiliada a un partido, ni me gusta que se institucionalice la espiritualidad, por ejemplo. Creo en las ideas privadas, en que cada cual cultive y alimente su espiritualidad. No creo en dogmas, ni mandamientos, ni en corsés. No se puede negar que el ser humano siente necesidad de pertenencia, de grupo. Pero prefiero que las bases sean emotivas. Son menos racionales y quizá mejores por eso. O no, a saber.

Desconfío en el "si eres de izquierdas debes pensar así, o traicionas los principios". Creo en la diversidad y la autocrítica. Las cosas siempre pueden cambiar, mejorar. Es enriquecedor que no todos veamos las cosas igual, aunque tengamos ideas parecidas. La masa, como dices, es eso, masa. Se pierde un poco la identidad, y no creo que la pertenencia a algo deba anularnos.

Por otro lado, también he conocido a personas tremendamente idealistas, llenas de sueños, fieles a sus principios y que, en cambio, son el colmo del raciocinio, la crítica, la solidaridad. Pero, vaya, ahora que lo pienso, esas personas suelen "trabajar" en solitario, o en franca minoría. Normalmente son incluso rechazados por sus cercanos. Se me ocurre, por ejemplo, mencionar a todos esos misioneros cuasi anónimos que han osado plantar cara a las jerarquías en las que operaban, que se han atrevido a criticar y afear los gestos que debían ser afeados. Acaban provocando escisión y crítica, se les da de lado. Pero no cejan en la lucha y acaban despertando la admiración de otras personas con criterio propio. Es curioso.

Sobresalen de la masa (unos piensan que para bien, otros que para mal) y construyen su propio camino. Se atreven. No pierden sus principios ni tampoco su individualidad. Quizá sea esa la medida justa. Y, normalmente, estas personas no se corrompen. Son de fuertes convicciones y jamás creen haber ganado la revolución, siempre encuentran nuevas metas por las que luchar.

Quizá era eso lo que me chirriaba. Yo sí creo (todavía) en idealismos. Pero creo que no valen nada sin voluntad, sin autocrítica, sin reciclaje, sin apertura de miras, sin ponerse en otras pieles, sin escucha, sin cuestionamiento. Idealismo combinado con individualidad. Qué difícil!

Gracias, Juan, me has dado un montón en qué pensar.

Celadus dijo...

El idealismo no es malo ni bueno per se, todo depende del uso que se le de. Yo creo que todos somos idealistas, en mayor o menor medida. Lo que ocurre es que muchas veces se confunde el ser idealista con ser radical o extremista, o. al menos, se suele emparejar ambas características de la persona. Uno puede ser idealista sin necesidad de querer cambiar el mundo ni cambiar a los demás. Uno puede ser un gran idealista que solo pretende cambiarse a sí mismo y defender sus ideas dando ejemplo y testimonio de ellas con su propia vida, sin pretender imponerlas en absoluto. Y todo aquel que aspire a ser mejor persona es, de hecho, un idealista.
Coincido con Lenka en su planteamiento. Me viene a la cabeza además personas como Gandhi o Teresa de Calcuta. Ninguno de ellos habría hecho lo que hicieron sin un ideal al que consagrar sus vidas. Y no creo que nadie pueda ninguno de ellos.
Respecto a ver a las personas desnudas de sus ideas es algo realmente difícil, al menos para mi. Requiere un esfuerzo consciente, sobre todo en determinados casos. Pero la verdadera dificultad no reside en ver a los otros desnudos de sus ideas sino en verlos desnudos de las nuestras, es decir, de nuestros prejuicios y juicios sobre ellos.

Kaken dijo...

Como quizás alguien haya podido notar, conozco un poco a Juan (solo un poco)y no me cuadraba la total amplitud de aceptación de todo el mundo desnudo de ideas por el mero hecho de ser personas.
Por eso le pregunté el concepto y por eso le puse el ejemplo de Hitler y Stalin.

Al final, quizás lo que yo buscaba no era más que un límite a ese amor a la Humanidad "per se".
Y, en ese caso, yo no tolero (¿la tolerancia como límite?)a todo el mundo por igual, venga o no con ideas o sin ellas.

"Pero la verdadera dificultad no reside en ver a los otros desnudos de sus ideas sino en verlos desnudos de las nuestras, es decir, de nuestros prejuicios y juicios sobre ellos." (Celadus)
Muy interesante, completa el cuadro, porque la mirada, el respeto (recuerdas, Lenka?)es bidireccional.

Un bes

Alberich dijo...

mmmm...no sé...

tengo q pensarlo...pero...no sé...

Juan dijo...

Vaya, mientas contestaba a Lenka se me ha amontonado el trabajo.

Celadus, estoy completamente de acierdo contigo en el concepto. Lo que tú llamas idealista yo lo llamo persona con ideas, para diferenciarlo de alguna manera del que pretende imponer sus ideales, pero el concepto es idéntico.

Estoy con kaken es que has completado lo que he perfilado como desnudarse de ideas: es un desnudo bilateral. En algín oro post ya puse esto mismo: cuando me acerco a alguién, primero me desnudo yo.

Alberich, piénsalo. Seguro que lo mejoras.

Un abrazo a todos.

Celadus dijo...

Como no puedo editar y he visto que en mi post anterior hay un error, edito aquí para que se entienda lo que quería decir:
"Me vienen a la cabeza además personas como Gandhi o Teresa de Calcuta. Ninguno de ellos habría hecho lo que hicieron sin un ideal al que consagrar sus vidas. Y no creo que nadie pueda decir de ninguno de ellos que su influencia fue negativa."

Juan dijo...

Es cierto Celadus, pero desgraciadamente son excepciones. Pero es que el concepto negativo del idealismo que yo tengo radica en un aspecto: luchas para imponerlo imponerlo. Ni Gandhi ni Teresa intentaron imponer nada. Lucharon para cambiar las cosas sin imponer sino convenciendo.

Un abrazo

Celadus dijo...

Claro, por eso precisamente los he puesto como ejemplo de que el idelaismo no tiene que ir de la mano con la imposición de las propias ideas. Y no, no son excepciones, Juan. Hay hoy en día muchas personas que trabajan de modo parecido, como los misioneros de los que hablaba Lenka por ejemplo, que no tratan de imponer nada y son tremendamente idealistas. Lo que ocurre es que esas cosas no son noticias. Un terrorista que mata para imponer sus ideas sí es noticia o una revolución sangrienta en aras de unos ideales determinados, también. De las cosas buenas que ocurren casi nunca nos enteramos, y eso nos da una perspectiva de la realidad tremendamente distorsionada.

Lenka dijo...

Sí, coincido con el Gemelo. Hay personas tremendamente idealistas que aspiran, más que a cambiar a los demás, a cambiarse a sí mismos. Y sí, influyen en su entorno, pero a través de la empatía y la solidaridad, como en los ejemplos que Celadus ha puesto. No imponen las cosas, es una lucha diferente. Actúan según sus principios y en beneficio de otros, sin intentar cambiarlos, sin juzgarlos, de una forma desinteresada. Creo que ese es el idealismo sano. En el caso de los misioneros "contestatarios" que he citado, muchas veces son muy críticos con la iglesia, por ejemplo, pero tampoco la combaten. Sólo viven su espiritualidad a su modo, como ellos la entienden. De hecho, suelen ser "escindidos", no buscan ellos la escisión. No sé si me explico.

Guaja dijo...

Estoy de acuerdo con Len y Celadus. Yo tampoco creo que el idealismo pase por imponer ideas. Se puede ser idealista e individualista. No se si me explico. Yo me considera idealista en algunos temas, pero jamas trato de imponerselos a nadie, porque son MIS ideales. Lucho por ellos, mas antes que ahora porque a veces los ideales se gastan, pero lucho yo, intentando no implicar a terceros.

Guaja dijo...

Ah, se me olvidaba!. Sera un placer que me enganches. Con tu permiso hare lo mismo.

Portorosa dijo...

Palabras: cada uno tiene una idea de qué ambiciones y objetivos son legítimos, y qué métodos aceptables. Y, por los comentarios, no creo que discrepemos demasiado.
Pero ocurre que por idealismo e idealista entiende, cada uno, una cosa; desde el que sólo ve a quien pone una bomba porque quiere cambiar el mundo y ése es el único modo que le parece efectivo, hasta el que piensa en Ghandi, Luther King o Vicente Ferrer, que, lejos de conformarse con la supuesta realidad, lucharon o luchan contra todos los elementos, contra las presupuestas evidencias, para mejorarla.

Hace años leí a Savater defendiendo el materialismo frente al idealismo, defendiendo a quien no siente la necesidad de imponer valores a los demás. Y no estoy de acuerdo; creo que el problema está en los medios, y que puede ser tan intransigente e intolerante, y estar tan dispuesto a apartar todo cuanto se le ponga por delante, el más materialista y práctico de los hombres.
Y de hecho es eso lo que ocurre, ¿no? ¿Qué otra cosa hace y acepta nuestra economía?
Cada uno tiene sus propias ambiciones, concretas o abstractas, materiales hasta la náusea o idealistas e inaprehensibles hasta el disparate. Y podrá perseguirlas bien o mal, pisando o respetando, tolerando o condenando, razonando o como un energúmeno.

Abrazos, y buenos días.

Portorosa dijo...

Perdón:

E importarán ambas cosas, claro: fines y medios. Ambos serán (o no) juzgados.

Celadus dijo...

Es que imponer, lo que se dice imponer tus ideas a otro, solo se puede hacer por la fuerza. Otra cosa es tratar de convencer al otro de que lo que tu propones es lo mejor o, como hacemos en democracia, que uno acepta que se pongan en práctica las ideas del otro aunque no esté de acuerdo con ellas porque es lo que ha decidido la mayoría. Pero eso no es imposición, sino aceptación de las reglas del juego.
Y la imposición no tiene nada que ver, a mi juicio, con el idealismo sino con el respeto a los demás.

Portorosa dijo...

Bueno, pues estamos de acuerdo, ¿no?

De todos modos, al que ve sus objetivos y metas como incuestionables, y cree que todo o casi todo es supeditable a ellos, aunque no imponga (por la fuerza), se le puede aplicar el cuento, ¿no?

Un abrazo.

Celadus dijo...

Sí, se le puede aplicar. Pero ese no es peligroso, salvo para si mismo ;).

Juan dijo...

Realmente estamos en un juego de palabras. Todos estamos de acuerdo en el fondo, pero cada uno usa palabras distintas.

Yo he escrito sobre un concepto particular, que no está en el diccionario, para intentar aclarar mejor mis ideas y precisamente ha tenido el efecto contrario.

He intentado diferenciar al que intenta imponer sus ideas del que trata de convencer con sus ideas. Al primero lo he llamado idealista (mal hecho por mi parte) y al segundo le he llamado tener ideas. No se me ocurría ninguna otra palabra que los pudiera diferenciar.

Un abrazo.

Sra de Zafón dijo...

Mal hecho por tu parte, sí señor,muy chirriante, (por fin, jobar :-)
lo demás, a toda prisa, porque hay una tormenta que me va a hacer desconectar el router ahora mismo, me parece, como siempre, limpio y acertado y hermoso.

Y vuelvo a decir lo mismo pero con otras palabras: ¡Menuda gimnasia mental!

Por cierto vi tus cuadros...¿te importa si te escribo alguna cosilla en el album?
Un brazo

Juan dijo...

Tienes razón Chusa. Cuando lo releo ahora me parece una pésima idea lo de diferenciar de esa forma al idealista, jajajajaja. En su momento me pareció una buena idea pero ahora a mí también me rechina, como a tantos otros.

Por supuesto que puedes escribir lo que quieras en el álbum.

Un abrazo