sábado, 29 de noviembre de 2008

Profesiones

Siempre me ha gustado mi profesión. Trabajar no es un suplicio para mí, sino una actividad que forma parte de mi vida y me enriquece continuamente. Es fuente de frustraciones ocasionales y de muchas alegrías…vamos…..como la vida misma. Y es que mi trabajo es vida, o al menos, he decidido tomármelo así.

Os adjunto enlace a mi otro blog donde pongo algunos de mis sentimientos hacia la profesión

Por razones que no vienen al caso, esta semana me he metido en la piel del que va a trabajar a diario sin gustarle lo que hace. Sabía que sucedía, pero nunca lo había llegado a hacer plenamente consciente. Me he hecho preguntas al respecto y me temo que no tengo respuestas adecuadas.

¿Cuáles son los motivos que empujan a una persona a iniciar una actividad profesional que no le satisface?.

Me imagino que pueden ser muchísimas. Cada persona es un mundo y cada elección un universo. Un factor muy a tener en cuenta es que la decisión se debe tomar con una edad en que hay muchos sueños y poca experiencia por lo que, las posibilidades de elegir, pueden estar viciadas en muchas ocasiones.

1. Pura y simple necesidad material.
Muchos trabajos poco cualificados, como limpieza, albañilería o minería, no son escogidos por las personas que lo ejercen. Se dedican a ellos porque tienen que comer. Normalmente, o no han tenido oportunidades mejores o, si las han tenido, no las han sabido aprovechar. Otras veces, el deseo de tener dinerito en el bolsillo con 18 años nos aleja de una formación más larga con la cartera vacía durante muchos años. Curiosamente, aunque no les gusta su trabajo, no suelen estar decepcionados. Lo atribuyo a que, al fin y al cabo, han logrado su objetivo, que no es otro que dar de comer a su familia.
2. Elección adecuada pero entorno adverso.
Me vienen a la mente muchos maestros, enamorados de su profesión, con graves problemas de depresión. Les gusta enseñar pero, el medio en que se desenvuelven, no sólo no facilita su labor, sino que la hace muy complicada. Algunos llegan a ser héroes y, a base de mucho esfuerzo y dedicación, consiguen resultados muy por encima de los medios de los que disponen. Pero no todos tienen una personalidad tan fuerte y algunos caen en el camino del desaliento: son trabajadores “quemados”. Hay otros ejemplos en este apartado como médicos, jueces, enfermeras y multitud de autónomos. En estos casos lo que predomina es el desaliento y, en ocasiones, puede llegar a la depresión.
3. Elección inadecuada por error propio.
Antes y durante el inicio del aprendizaje de la profesión escogida, pensamos que es la ideal o simplemente no nos hemos informado adecuadamente. Van pasando los años de formación, se va teniendo una edad y unas circunstancias y, aunque podemos darnos cuenta del error, seguimos el camino iniciado, ya sea por inercia/comodidad o por miedo o simplemente por necesidades varias (pareja, hijos, independencia, etc). En estos casos, además de no gustar el trabajo, puede haber un poso de insatisfacción que lo complique todo y lleve este sentimiento de frustración a otras áreas de la vida personal, pudiendo impregnar de negatividad el mundo emocional. La culpabilidad y el autoreproche por el error cometido no son buenos consejeros. Nos puede hundir otras muchas facetas de nuestro ser.
4. Elección inadecuada por error ajeno.
Puede ser quizás, el más devastador. La familia deposita en el hijo una expectativa que éste debe cumplir para no decepcionar. Como he dicho antes, los 18 años no son los mejores para escoger lo que va a resultar una parte muy importante de tu vida. Muchos adolescentes tendrán arrestos suficientes para no dejarse manipular. Pero otros seguirán la senda marcada por sus mayores. Este tipo de persona suele hacer, no lo que desea, sino lo que le marcan los demás. Este tipo de elección puede llevar a una situación de tristeza profunda e inactividad que puede abarcar todos los aspectos de la esfera personal.
5. Elección inadecuada con fines materiales.
Escogen un trabajo para acumular riquezas o poder. No les interesa el enriquecimiento personal, sólo el material. Mientras están sumergidos en la vorágine se pueden sentir felices. Lo que obtienen a cambio es exactamente lo que han buscado: posesiones materiales, pero el tiempo, en ocasiones, se encarga de hacerles ver lo mucho que se han perdido de la vida.
6. Elección de un trabajo, no como un medio para, sino como un fin en sí mismo.
Dedican todas y cada una de sus horas al trabajo. Dejan de lado otras muchas facetas que, en muchas ocasiones, ni son conscientes que las poseen. La primera sonrisa de un hijo sólo sucede una vez, y a ellos les pilló trabajando.

Por supuesto, en todos los casos es fundamental el ambiente que existe en el grupo de trabajo. El compañerismo, la amistad, camaradería, el humor pueden ayudar mucho en cualquier circunstancia. Por el contrario, las zancadillas, el peloteo, la maledicencia, la falta de respeto, pueden hacer del trabajo “perfecto” un infierno. Pero es que esto también es una elección: el ambiente no se hace solo, nosotros somos una parte importante de ese contexto. Si una sola persona puede envenenar a un conjunto, también puede aportar un punto de ternura y comprensión que revitalice y mejore las relaciones interpersonales.

¿Qué hacer cuando te das cuenta que tu profesión no te gusta?
El consejo fácil es dejarla y emprender otra vía. Pero no siempre es tan simple. Cuantos más años cumplimos y cuantas más responsabilidades y/o facturas tenemos, la marcha atrás se va haciendo cada vez más complicada. Por supuesto que no se debe tirar la toalla. Siempre hay que explorar otras posibilidades sin dejar el culo al aire. Hay dos palabras que a mí me han ayudado en diversas situaciones y creo que pueden venir bien: ATRÉVETE, INTENTALO (sin que por ello haya que arriesgar en exceso). Volver a empezar siempre es duro, pero puede merecer la pena.

Si cambiar la profesión no es posible, cambia la percepción que tienes de la situación. Puedes conseguir que te gusten algunos o muchos de tus compañeros, puedes crear un ambiente agradable a tu alrededor, puedes innovar en lo que haces, puedes ver que con tu sacrificio sacas adelante a tu familia, puedes cambiar el gesto hosco o serio por una sonrisa…..suele obrar milagros pero, sobre todo, puedes tener una vida rica y plena fuera del horario laboral. Nunca, bajo ningún concepto, traslades la insatisfacción del trabajo a la VIDA con mayúscula.

18 comentarios:

Celadus dijo...

Es una reflexión muy interesante, Juan. Me quedo sobre todo con dos cosas:
"Si cambiar la profesión no es posible, cambia la percepción que tienes de la situación."
Esta me parece fundamental. Algunos llamaría a eso autoengaño pero yo no lo veo así en absoluto. En tal caso también podríamos llamar autoengaño a la visión negativa de la situación porque, al fin y al cabo, ambas son interpretaciones de la realidad. Y ¿quién es el guapo que puede asegurar que una sea más real que la otra? Ya que podemos escoger, escojamos lo que nos haga más felices.

"Nunca, bajo ningún concepto, traslades la insatisfacción del trabajo a la VIDA con mayúscula."

Exacto. Muchas veces se tiene la tendencia a generalizar y lo focalizamos todo sobre los aspectos negativos, de modo que somos incapaces de ver todo lo positivo que nos rodea. Es como cuando a uno le duele un pie y se centra en el dolor, sin ser capaz de percibir todo lo que no le duele en el resto del cuerpo.

Juan dijo...

Exacto Celadus. El ejemplo del dolor del pie es magnífico. Todos tenemos dolores en un momento dado, pero si te centras sólo en lo que te duele, pierdes un entorno que muchas veces es magnífico.

Sirve para otras circunstancias de la vida. Cuando nos va mal en algo, despreciamos lo que nos va bien en tantas otras cosas.

Hay que comprarse las gafas de verlo todo en su conjunto y de disfrutar con lo que hay y saber sufrir lo que haya que sufrir.

Muchas gracias clon.

Un abrazo.

Io dijo...

Yo soy autónoma. Elegí el negocio que tengo (multiservicio) porque es muy diverso, y siempre me gustó llevar varias cosas a la vez.

Mi trabajo me enriquece muchísimo, a nivel personal. Si además diese dinero ya sería para tirar cohetes. Pero, a pesar de los quebraderos de cabeza económicos, no me sale decir que no me gusta lo que hago, porque me encanta el trato con la gente y en una tienda no hay otra cosa.

En Madrid me pasaba lo contrario. Odiaba mi trabajo a pesar de que ganaba una pasta. Me parecía un sinsentido, una inutilidad, todo el día metida en reuniones de las que no se sacaba nada productivo, todo lo que se hacía era en base a politiqueos y aspiraciones personales.

Tener un trabajo que abarque ambos aspectos no siempre es fácil. Y más en estos tiempos, que hay bofetadas por fregar una escalera.

Sin embargo, creo que es fundamental que a uno le guste lo que hace. Ese es el camino del enriquecimiento, y hay mucha gente artistas por ejemplo, a los que les importa convivir con la inseguridad económica. (A mí si, estoy harta de ser pobre, je,je)

Magnífica exposición, Juan.

¡Enhorabuena!

Un beso y un abrazo grande.

Sra de Zafón dijo...

Me ha pasado como el otro día con un tema que surgió en tu blog y voló hacia el de humo de ratones, pero esta vez en el blog de Celadus,y es que en el suyo he contestado, en parte, a tu entrada.

Tengo la suerte de que mi trabajo me gusta más que mucho, pero en muchas ocasiones no ha sido así. Sin embargo por necesidades materiales (para poder estudiar,o para poder vivir sola) o geográficas (para poder estar lo más cerca posible de la persona a la que en ese momento amaba)no siempre fue así.
Creo que con el trabajo ocurre lo mismo que con otras muchas cosas de la vida, tenemos miedo al cambio, y es lo más normal. Pero si uno tiene un motivo poderoso para hacer un trabajo, aunque no le guste, está bien intentar que esas horas sean agradables, porque el tiempo es lo único que tenemos. Ahora, si a alguien su trabajo le produce un conflicto personal serio, sinceramente creo que debe hacer todo lo posible por buscarse la vida en otro lado que le haga sentir que sus horas se llenan de cosas que valen la pena.

un abrazo

Juan dijo...

Io, el trato con la gente. Lo que agobia a otros en su trabajo es precisamente lo que a tí o a mí nos gusta del nuestro: el contacto con los demás. Demasiadas veces he oído frases como "jo, ya está otra vez el pesado este" o frases similares.

Cuando empecé a trabajar había un tipo muy concreto de pacientes que no me gustaba. Mi mujer me propuso que me dedicara a ellos con especial esmero e incluso que empezara a investigar desde el punto de vista científico a estos pacientes. Pues lo conseguí. La desgana dio paso a la ilusión. Cambié la perspectiva y cambió todo.

Chusa, no importa. Somos un barrio con personas que nos llevamos muy bien, jejejejeje.

El trabajo te puede gustar pero como bien dices, se pueden vivir momentos de frustración, sobre todo cuando por el motivo que sea, no puedes dar todo lo que sabes que puedes dar.

El trabajo se puede considerar como un medio, como un fin o como ambas cosas a la vez. Por circunstancias personales hay momentos en que hay que cambiar un trabajo que te llena por otro que a lo mejor no es tan estimulante. Hay que escoger entre muchas variables y, por lo menos a mí y por lo que veo también a tí, ciertas facetas de nuestra vida nos interesan más que el trabajo en sí.

Un abrazo a ambas. Muchas gracias

Sra de Zafón dijo...

Juan, perdona que te hable por aquí de algo que no tiene que ver con esta entrada, pero quería hacerte unas preguntas sobre tu álbum de cuadros.
¿tus cuadros no están colocados por órden cronológico, verdad?
He descargado caracol, pájaro azul y cuerpo de mujer, los he ampliado y...¡no tengo ni idea de tu modo de mezclar colores!
Eso de puntillismo quiere decir ¿¡¡¡¡a puro ...puntito!!!? ¿lo haces así?
¿tienes alguna entrada donde lo cuentes?

un admirado saludo.
Chusa

Juan dijo...

Efectivamente, no están colgados por orden cronológico.

La mayoría de las cuadros están integramente hechos con puntillismo a rotulador sobre papel para acuarela. Es puro puntillismo sí, puntito a puntito ¡¡¡de rotulador fino¡¡¡¡. Otros no es todo con puntillismo, pero con un porcentaje alto. Lo que no cambia es el material. Siempre rotuladores.

Lo de los colores tampoco tengo ni idea de como los mezclo. Me gustan combinaciones imposibles, pero lo que más me gusta es la libertad absoluta a la hora de mezclarlos.

Nunca me siento más libre que cuando me pongo con mis rotuladores y comienzo a mezclar, es cuando yo me siento más yo.

No sé cuanto tardo en cada cuadro, quizás sean cientos de horas, y habitualmente semanas o meses. La verdad es que no llevo la cuenta.

Pero mira, nunca lo había pensado. Me parece que voy a hacer una entrada sobre mi forma de entender mi pintura, jejejeje.

Muchas gracias por tu interés Chusa.

Un abrazo.

Sra de Zafón dijo...

Venga esa entrada!!!!

Sobre la cronología: ¡qué lista soy! :-)
Es que veo etapas diferentes, muy diferentes,más que de tecnicismos o elección de motivos en la soltura del color y de las líneas.

Lo de los puntitos lo temía, pero mi alma inquieta no me lo dejaba creer, es que para mí es un ejercicio alucinante, de una paciencia increíble, aunque creo que por lo que dices no es eso, si no que cada punto es una oportunidad al gozo que te supone estar a solas contigo mismo.
Eso es ser un artista, Juan.
Son preciosos, (no todos:-)ahora me atreveré a escibirte algo en el álbum sobre los que más me gustan :-) sobre los que no, aún no me atrevo :-)

Y sigo metiéndome donde no me llaman ¿el cuadro de la nube del blog de Kaken es de Kaken?
Dile que me conteste, y ya no me cuelo a su blog, es que estoy alucinando con vosotros dos.

Un abrazo

Kaken dijo...

(Emoticono colorado) Si, Chusa, lo perpetré yo, jejeje.

Un bes.

Juan dijo...

Tenemos gustos muy parecidos. Curiosamente los que te han gustado más son los últimos, en donde ya había aprendido cuatro cosas.

Muchas gracias por tu interés. Esto es algo que anima mucho.

Un abrazo

Portorosa dijo...

Juan, a mí el espacio de los comentarios no me llegaba :)
Tienes un correo mío. Un abrazo.

Sra de Zafón dijo...

Pues yo, erre que erre. sigo con los cuadros.
Kaken: al ver que no ponías el nombre del autor de esa hermosa nube imaginé que el cuadro era tuyo, e intuí un grado de pudor artístico muy elevado, ahora con tus palabras lo confirmo.
Es precioso, y me encanta la elección del marrón bajo la nube, y la nube me parece perfecta, no puedo imaginar una nube solitaria más guapa y mejor pintada.
Supongo que tendrás muchos más, así que estaré atenta a ver si nos haces más regalos.

Juan: tú eres el rey de la pirueta del color, me tienes alucinada. eso, y la capacidad para apoyar tus motivos centrales en texturas y volumenes inimaginables. Es evidente que no tienes el pudor artístico de Kaken pero además se te nota totalmente libre y suelto.

Felicidades a los dos.

y un abrazo

Juan dijo...

Muchas gracias Sra de Zafón por la parte que me corresponde.

Sí, cada vez me veo más suelto cuanta más técnica consigo tener..
Un abrazo

Lenka dijo...

Si es que... además de listos son artistas!!!

Bueno, poco a poco me estoy poniendo al día con esto de los blogs, que los tengo un poco abandonados.

Elegí mi profesión a los once años, porque me enamoré de lo que hacía uno de mis tíos. Como a los dieciocho me seguía entusiasmando la idea, seguí adelante con el plan. Terminé mi carrera y era un amasijo de ilusiones. Quería trabajar, quería el contacto con la gente, quería aprender mucho más allá de los apuntes, ponerme en todos aquellos pellejos, meterme en todos aquellos problemas, poner en práctica montones de ideas y de proyectos y demostrar que las personas pueden cambiar, que sus vidas pueden mejorar, que es necesario apoyar a quienes lo necesitan, creer en ellos.

Me tocó una situación bastante jodida. Demasiado tarde descubrí que mi profesión todavía era humo, que nadie nos conocía, que otros profesionales estaban ocupando nuestro lugar (muchas veces teniendo ellos más estudios, aceptando menos sueldo, pero quién los juzga tal y como anda el patio?). Otras veces, las más sangrantes, nuestro trabajo lo hacía gente sin preparación alguna, porque había suficientes lagunas como para permitirlo. Ni se me ocurre menospreciar el trabajo de nadie, pero un cuidador es un cuidador, y un profe de flauta de primaria es un profe de flauta de primaria, y que personas con esa formación estén ejerciendo de educadores en centros de reforma me alucina. El fracaso del sistema es indiscutible, la mayoría de quienes ejercen esta profesión están de baja larguísimos períodos de tiempo, los que sí tenemos formación estamos en el paro y en los últimos puestos de las bolsas (copadas hace años por esa gente sin formación que ha hecho lo que ha podido todo este tiempo y que también están rebotados porque no están trabajando en lo que le gustaría). Al final todos estamos igual, en el "no me queda otra".

Me molesta y me cabrea, desde luego. No lo personalizo en las personas que ocupan esos puestos que yo quisiera tener, porque tienen que trabajar también y no está la cosa como para elegir. Achaco mi cabreo a un sistema que, cuando necesita un ingeniero, contrata un ingeniero. Cuando necesita un médico, contrata un médico. Yo no puedo acceder a puestos para los que no estoy formada, pero todo el mundo puede acceder al mío. Teniendo en cuenta que los mandamases y máximos responsables de mi colectivo, los que mandan, los que deciden, suelen ser una panda de indocumentados sin formación y enchufados (porque mi profesión, como bien se sabe, es un coladero absoluto, porque persiste la idea de que para eso de los servicios sociales sólo hace falta ser buena gente y tal, una persona sensible a quien le den penita los marginaditos de la sociedad, aunque no se tenga la menor idea de leyes, programas, realidades, mediación, interculturalidad, eso es lo de menos, caramba), qué se puede esperar de los curreles, de los de abajo?

Mi campo está lleno de jefes incompetentes, directores que no dirigen, coordinadores que no coordinan, asistentes que no asisten, educadores que no educan... a quién le puede importar? Un ingeniero tiene que construir un puente, es una cosa real, cuesta un dinero, es algo palpable, que se ve. Pero a nadie le preocupa si en mi campo se tira el dinero en chorradas, en jornadas de humo, si se reinserta o no, nadie pide cifras ni datos, ni responsabilidades. Porque no hay un puente que se pueda caer. Sólo hay gente, es más, ya sabemos qué gente. Y esa, por lo visto, no importa demasiado.

Así es que esa es mi realidad y mi frustración. Quemada, sí, pero con el sistema, y por no poder ejercer mi profesión, mi vocación. Afortunadamente supe encontrar otra vía que me gustaba y explorarla. Y, entre una cosa y otra, voy saltando y sobrevivo. Ahora educadora, ahora masajista, dos vocaciones muy distintas que me llenan y me gustan, que me motivan por razones muy diferentes. Pero temporal, siempre temporal, esa es la condena de mis tiempos. Es triste tener dos profesiones y vivir semejante inestabilidad, semejante incertidumbre.

En fin, al final te he okupado el blog para desahogarme, Costillo!!!
Mil perdones!!!!!!

Kaken dijo...

Lenka, no creo que se deba pedir perdón por exponer cosas tan ciertas.
A mi me enriquece tu visión, tu información y tus motivos, así que desahógate cuanto quieras y en donde quieras, plis.

Aunque nunca he trabajado fuera de casa, creo que me hago una idea aproximada de la impotencia que puede suponer el intrusismo profesional, la inestabilidad, la incomprensión y que, al final, paguen el pato los que necesitan ayuda.

Ya sé que el sistema es enorme, complejo, arcaico, pero....no se te ocurre algo que puedas comenzar a hacer? No se trata de luchar contra el sistema en bloque, pero con tus conocimientos y tu análisis, igual encuentras otras vías para abordar a la hidra (ynovoyadecirnosesimeexplico, que yo también lo hago ;-))

Nas noches, Lenka, un bes

Juan dijo...

Lenka, no tienes que pedir perdón por desfogarte en TU casa.

Yo creo que a nivel de la Administración Pública hay demasiadas cosas que funcionan mal. La Justicia tengo entendido que es un desastre o los colegios públicos, son dos ejemplos más, además de lo que comentas tú. Antes de conocerte, pensaba que los Servicios sociales funcionaban bien, pero después de lo que expones, creo que sólo funcionan bien las asistentes sociales de mi hospital, que son gente muy preparada que se preocupan de verdad de la gente, pero me temo que son una isla en medio de una mar embravecido.

Cuando hay mucha inestabilidad en el empleo, como es el caso y el momento actual, ¿alguna vez te has planteado la posibilidad de montártelo por tu cuenta?. Por mi trabajo conozco fisioterapéutas y masajistas que se han puesto de acuerdo con uno o varios gimnasios para ofrecer sus servicios en ellos mediante acuerdos económicos de lo más variado, como ir a porcentajes, o alquiler de un cuarto, etc y les va muy bien. No se hacen ricos (no creo que esa sea tu aspiración), pero tienen una cantidad mensual para vivir dignamente y un trabajo precioso.

Un abrazo

Para tí Kaken un besito.

Lenka dijo...

Desde luego que lo estoy pensando, chicos. Si logro vencer ese miedo que casi todos tenemos a los cambios (y del que ya hemos hablado otras veces) y esos típicos complejos de: "no soy lo bastante buena, no valgo para esto", es muy posible que lo intente, porque estoy harta.

Reconozco que estuve a punto de intentarlo también con mi otra vocación, tenía una idea, un proyecto, una ilusión muy concreta y estaba dispuesta a ponerme a ello, pero una compañera de trabajo me quitó la idea al contarme su experiencia: dos años de su vida diseñando un proyecto al mínimo detalle, currándoselo al máximo, resolviendo mil y un problemas para que, al final, la administración le respondiera: "sí, nos encanta, te lo aprobamos, pero la contratación de personal, por supuesto, es cosa nuestra".

Mi amiga se quedó pasmada. Es decir, ella no tenía cabida en su propio proyecto. Así de descarados son. No se cortan un duro con sus manejos y sus enchufes. Resultado? Mi amiga se llevó el proyecto, lo registró y ahí sigue, muerto de risa. Al menos sabe que no se lo pueden robar, pero tampoco ha servido de nada. Lamentable, no???

Kaken dijo...

Si que lo es :-(
Pero no significa que siempre vaya a ser así.
Por duro que sea, lo importante es abrir las alas, con eso te quedas.

Un bes