sábado, 22 de noviembre de 2008

Modelos de (mala) educación

Cuando un crío llega al mundo es un ser lleno de potencialidades. El mayor o menor desarrollo de sus posibilidades dependerá de la interacción con el medio. Los padres no son los únicos responsables de la educación, pero sí los más importantes. El colegio, en las circunstancias actuales, con un poder muy limitado de los maestros, tiene más valor académico que educativo.
Parto de la base del amor de los padres. Como en la mili, el amor se le supone. Puede haber excepciones de padres monstruos, pero no es el tema de hoy.

Distingo distintas maneras de enfocar la (mala) educación. Puede haber mezcla de dos o más formas en el mismo niño.

Educación de “la doma”.
En las circunstancias de hace 60-70 años, comprendo (sin compartir), que con 7-8 hijos, trabajando de sol a sol para poder comer, el sistema del “ordeno y mando” y “tortazo y tente tieso” tiene su coartada. Realmente no se educa, pero se doma, pudiendo soltar a la fiera en sociedad sin que haga demasiado daño. Pero en las condiciones actuales, no tiene justificación alguna, salvo la comodidad del sistema. No nos obliga a pensar, a plantearnos el camino más adecuado. Es una manera de hacer que sólo entiende de reaccionar.

Hoy en día se dice que la violencia no sirve para nada. Falso. La violencia sirve muchísimo, por eso se emplea y se ha empleado tanto, por los magníficos resultados que suelen dar a los violentos, pero este tampoco es el tema del día.

Resultados
Con la violencia contra los hijos se consigue que durante los primeros años de la infancia se haga nuestra santa voluntad. Pero si lo que queremos obtener son unos hijos adultos felices, responsables, con valores, con personalidad propia, que respeten a los demás y que no sean violentos, nos hemos equivocado en la forma de educar.

Educación del “niño frágil”.
Una de las expresiones que más aborrezco, por el uso tan inadecuado y extendido que se le ha dado, es la de “traumatizar a los niños”. Se ha tomado como la excusa perfecta para la hiperprotección. El miedo de los padres se transmite a los hijos mediante la protección excesiva. Se crea una burbuja en torno al crío para que nada le haga daño. Le resta la posibilidad de una comunicación con el exterior. Mil peligros acechan y mil peligros hay que evitar y se le hace consciente de ello al niño. Es la perfecta transmisión de nuestros miedos y nuestras ansiedades. Se intenta impedir por todos los medios que se equivoque, con lo que le restamos la posibilidad de crecer y aprender.

Resultados
Si pensamos que los niños son frágiles, y los educamos como tales, efectivamente el tiempo nos dará la razón: tendremos niños frágiles. Obtendremos un adulto con miedo, principal fuente de la ansiedad. Una persona insegura e indecisa, porque no sabe escoger (es el miedo el que elige por él). Nunca arriesgará y aborrecerá los cambios por lo que nunca llegará a madurar.

Educación de “todo por el hijo pero sin el hijo”.
Los hijos se lo merecen todo. Tendrán todo lo que yo no pude tener. No quiero que a mi hijo le falte de nada. Y en efecto, tienen Play Station, Wii, televisor, teléfono y ordenador en su cuarto, móvil desde los seis años, cientos de juguetes, los mejores colegios, las mejores ropas, las zapatillas último modelo, bici, moto, coche en la puerta. La mejor casa posible, bien limpia y ordenada, cama perfectamente hecha, camisas perfectamente planchadas y colgadas de sus armarios, platos puestos en la mesa que desaparecen como por ensalmo cuando terminan de comer. El pitufo se lo merece todo y no tiene que hacer nada a cambio. Les inundamos de todo lo material que se les antoje y nos deslomamos trabajando para que no les falte de nada. Trabajamos tanto, tanto, para que lo tengan todo, que no le damos lo único realmente imprescindible: nuestro tiempo.

Resultados
Como todo se lo merecen por su linda cara desprecian el esfuerzo. Sólo viven para sí mismos. Son egoístas y egocéntricos. Los demás únicamente existen para satisfacer sus caprichos. Son los auténticos “pijos”, que nada tiene que ver con una posición económica privilegiada, hay muchos retoños de madres que limpian escaleras para que sus hijos tengan de todo, que son tan pijos como el que más. La pijería no la da el dinero, sino este tipo de educación.

Educación de “tienes que ser como yo quiero”.
Hay padres que, cuando nacen los descendientes, ya tienen programado todo lo que quieren que sean de mayores. Depositan expectativas sin tener en cuenta para nada la naturaleza única de cada ser humano. Pueden suceder dos cosas: que el niño se pliegue y haga todo lo que se espera de él, por miedo a perder la estima de sus padres. Pero también puede pasar que el crío les salga rebelde y se niegue a seguir el camino marcado por los mayores. En este último caso sucede algo que me apena profundamente: los padres siguen queriendo a rabiar a su hijo, pero NO LES GUSTA. Aman a una persona que no les gusta, a la que continuamente desaprueban.

Resultados
Los que se pliegan aprenden a que tienen que hacer siempre lo que de ellos se espera, tanto con los padres, como con los amigos, pareja, etc. Cumplen las expectativas que los demás tienen depositados en ellos, por miedo a perder su afecto. Pero se sienten insatisfechos porque no han desarrollado su potencial, no se sienten cómodos con el papel que les ha tocado vivir porque, al fin y al cabo, no sienten que lo hayan elegido sino que se han visto “forzados” de alguna manera.
Los “rebeldes” pueden seguir muchos caminos, porque son espíritus libres, pero un hecho muy constante en sus vidas es la contínua búsqueda de la aprobación de los demás a su forma de ser.

Educación de “es que es un niño, oiga”.
Los niños, como son inconscientes y tontos, pueden hacer lo que les dé la gana, porque son niños y los pobres no entienden. No es necesario establecer límites. Supongo que muchos hemos sufrido en el parque al típico chaval terrorista, que hace la vida imposible a todos los demás críos. Después de múltiples atentados, sin que hagan acto de presencia los padres de la criatura, algún adulto llama la atención al Bin Laden en potencia. En dos décimas de segundo aparecen como locos los padres y espetan “es que es un niño, oiga”. Cuando esto me pasó a mí, contesté a la desaforada madre: pues por eso mismo que es un niño, usted debería estar aquí con él para evitar las salvajadas que está haciendo. Afortunadamente, el resto de padres y madres me apoyaron y la buena señora prefirió marcharse con las orejas gachas pero con el claro mensaje hacia su hijo de que, quien había obrado mal era yo, por impedir que siguiera haciendo lo que le daba la gana.

Resultados
El que está acostumbrado a no tener límites, hará e impondrá su santa voluntad sin respetar a los demás. No tendrá la más mínima empatía, lo que les reportará unas malas relaciones sociales.

Educación en doctrinas, no en valores
Pretender que nuestros hijos tengan nuestro mismo ideario. Nuestras ideas son fruto de nuestras experiencias y reflexiones. Nuestros hijos también tendrán las suyas y deberán escoger por sí mismos. No hay que intentar convencerlos para que sean católicos ni ateos, de derechas ni de izquierdas, sólo hay que enseñarles las distintas opciones que existen. Otra cosa muy diferente es tratar de inculcarles una serie de valores, que me gustaría llamar universales, como el respeto, el diálogo, la equidad, la falta de prejuicios, etc.

Resultados
El que es educado de forma doctrinaria será doctrinario. No estará acostumbrado a reflexionar sino que a que los ideales se los dén mascaditos. Será más amigo de consignas que de pensamientos. En suma, tendremos a una persona fácilmente manipulable y más dada a imponer que a dialogar.

Educación de colegas.
Aquí prefiero dejar una frase de un juez de menores de Granada (creo que se llama Calatayud) que resume a la perfección lo que quiero decir: “si los padres se convierten en colegas de sus hijos, tendremos a unos niños huérfanos”.

Si no terminan siendo así, no será gracias a nosotros sino a pesar nuestro. Significará que han conseguido desaprender lo que le hemos inculcado.


Dejo para otro día los modelos de (buena) educación.

17 comentarios:

Lenka dijo...

Muy buena entrada y muy acertada clasificación, sí señor. Enhorabuena por esa claridad tuya!

Lo más terrible de todo? La cantidad de veces que incluso se combinan varios modelos. Imagínate a un niño criado en una burbuja de hiperprotección, y con todos los caprichos, y sin límites, y adoctrinado... buf!!! Los hay, desde luego, y muchos. Los resultados no suelen dejar lugar a dudas. Es un enorme error.

Juan dijo...

Exacto. Las mezclas son muchas y muy variadas. Concretamente esa mezcla explosiva que has puesto como ejemplo puede ser terrible.

Creo que muchos padres no tiene claro que es lo que quiere para sus hijos en el futuro y, algunos que sí lo saben, sólo piensan en el ferrari, o en una buena boda, o un buen trabajo...para ganar pasta. No piensan en el desarrollo, lo más integral posible, de las potencalidades de sus hijos.

Un abrazo

Celadus dijo...

Educar no es fácil. Requiere, por una parte tener las ideas medianamente claras y, por otra, una considerable capacidad de esfuerzo y decisión para emplezarla. Y mucho me temo que ambas cualidades se presentan en antidad muy variable en cada uno de nosotros. Esta clasificación me parece muy correcta y muy a tener en cuenta porque apostaría a que muy pocos padres nos salvamos de haber incurrido -incluso de seguir incurriendo- más de una vez en alguna de esas formas de "educar", en mayor o menor grado.
Hay que estar muy presente en lo que se dice o no se dice y en lo que se hace o se deja de hacer para no caer en estas conductas, y muchas veces no es nafa fácil. Por eso es bueno que, de vez en Gracias, Juan.

Juan dijo...

Considero normal que, de vez en cuando, se caiga en una de estas conductas Celadus.

Se supone que nadie es perfecto, ni que durante las 24 horas del día estemos en condiciones anímicas de ser padres sin tacha alguna.

Es conveniente tener un modo de actuación e intentar llevarlo a cabo de la mejor manera posible, sin culparnos cuando por lo que sea caigamos en un error.

Un abrazo Celadus. Muchas gracias.

Io dijo...

¡Magnífica exposición!

Has dibujado con mano maestra todos los perfiles, y en cada caso, lo he asociado con alguien que conozco.

Lo de los niños terroristas está muy extendido. Se les puede ver en todas partes. En mi tienda me asaltan contínuamente, lo cogen todo, lo tiran todo, lo tocan todo, y ante la pasividad de las madres, les pongo firmes yo. Todavía no se me ha revuelto ninguna madre, pero si eso sucediese le diría lo mismo que dijiste tú.

Lo más espeluznante que he visto ha sido el resultado de esos hijos pijos de padres trabajadores. Les he visto avergonzarse de sus padres, pedirles que no les acompañaran para que sus amigos no les viesen, y esto, siendo ya adolescentes. Y los padres tragando. Cría cuervos...

¡Enhorabuena!

Un beso y un abrazo.

Rose dijo...

Muy bueno el artículo, y excelentes los comentarios....
Celadus, totalmente de acuerdo. No sé a vosotr@s, pero yo a veces me he descubierto saltándome mis propios principios, y después, madurándolo a solas, me he dado cuenta de que no ha sido culpa de mi hijo, sino de mi propia, como diría... impotencia para solucionar una determinada situación de otra manera. Lo que sí tengo clara es una cosa. Bueno, varias.... Vvir la maternidad, o la paternidad, como una renuncia, o como fuente de culpabilidad, es una soberana estupidez. Ante todo somos personas, ser padre o madre no significa renunciar a ser nosotros mismos, y si transmitimos eso a nuestros hijos, creo que les enseñamos algo muy valioso. Más que ese "supuesto" sacrificio que deja atrás "cosas importantes" para poder ser un "buen padre" o una "buena madre".
Por otra parte, los niños aprenden mucho más de nuestra actitud que de nuestro discurso. No sé si se fijan en lo que decimos, pero desde luego sí, y mucho, en lo que hacemos. Si se quiere inculcar un determinado valor, coherencia, mucha coherencia... Y lo que yo observo a mi alrededor es que una buena parte de padres y madres adolecen de coherencia... Y, a veces, me incluyo... No sé dónde leí que los padres somos el espejo donde se miran nuestros hijos, y ellos son el reflejo que devolvemos. Creo que no pasa un solo día sin que piense en esa metáfora.
Por otra parte, observo, quizá porque mis hijos aún son muy pequeños, que la mayor parte de los padres no piensan en el futuro de sus hijos, no les ven como futuros adultos, sólo les ven como niños, y en muchos casos, no se ve a los niños como personas. No sé si me explico. Están más preocupados porque el niño duerma de tirón por la noche (para que no les despierte), o porque coma sentado y sin mancharse en los restaurantes (para que no les moleste), que porque sea una persona feliz, con unos valores y una actitud que le hagan más sencillo y más placentero el camino a la adolescencia, a la juventud, a la madurez, a la vejez. ¿No os habéis fijado en que la mayoría de la gente dice "quiero tener niños" en vez de "quiero tener hijos"?. Deduzco que, inconscientemente, creen que tener un hijo es tener un eterno niño... Hace un tiempo asistí a unas charlas con un psicólogo infantil, en el colegio de Rn., sobre como solucionar conflictos con los hijos, y me quedé alucinada... porque había una cantidad increíble de madres, y también un par de padres, para los que los conflictos más importantes parecían ser "que no come fruta", o "que no se quita los zapatos al entrar en casa" o "que cuando llega la hora de irse a la cama no quiere dejar de ver la tele". Y lo peor de todo, era que esperaban que el pobre psicólogo les diese la fórmula mágica para, con una frase, solucionar "esos problemas".
Bueno, lo dejo, que creo que me estoy enrollando mucho y estoy un poco espesita. Toy muuuuu cansada, y tengo sueño, asi que... a dormir...
Saludos a todos...

Kaken dijo...

Como siempre, Juan, chapeau.
A mí, que vivo a golpe de intuición, me resultan muy valiosas y admirables tus reflesiones tan límpias como útiles.
Y como es imposible desglosarlo todo en un post, encima te has rodeado de comentaristas de lujo.

Reconozco también la acotación de Celadus, de lo difícil que es ser padre en presente y cada segundo, y en lo imposible de no cometer errores.

Io, a mi me parece que hay muchos padres consentidos...consigo mismos. Sería largo desarrollarlo.

Rose, tocas muchos palos interesantes. La visión de algunos padres como sacrificios, el no contar con que el hijo será adulto, etc.
Mi plan para mis hijos, desde antes de que estos nacieran, fué doble: por una parte tenía muy claro que jamás tendría una infancia y una adolescencia como la mía. Por otra, me consideré responsable, desde el primer segundo, de ayudar a esos seres a ser felices, lo más posible y aceptándolos como son.

Errores cometidos? a patadas, alguno no me lo perdono, pero sigo en la brecha y encantada de que la vida me haya hecho este regalo.

Por cierto, Juan, ¿para cuando una reflexión sobre como actúan los padres? Es decir, ejemplos prácticos. O igual con tu humor ;-)

Un bes a todos

Kaken dijo...

Ejem, refleXiones, quería decir...(maemíaaaa, pavernosmatao¡)

Juan dijo...

Muchas gracias io. Se ve que los terroristas del parque, no se van a sus casas cuando terminan de jugar: se dirigen directamente a tu tienda, jejejeje.

Por cierto, ¿cómo se sienten los padres cuyos hijos se averguenzan de ellos?.

Rose, en un post siempre se intenta resumir al máximo, por eso son tan valiosos los comentarios, porque redondean la faena, y los tuyos son magníficos. El tema de la infancia se nota que te toca muy hondo. Asi que de que te has enrollado mucho, nada de nada. Estás en tu casa y eres siempre bienvenida. Has tocado muchos puntos, pero en vez de comentarlos aquí, voy a colgar otra entrada sobre la buena educación.

Kaken, tú has cometido errores ¿pero quién no los ha cometido?. Expongo lo que creo que es perjudicial o beneficioso, pero eso no significa que siempre lo haya cumplido. Es la línea que sigo, pero a veces caigo en cualquiera de los errores expuestos. Lo importante es que sean la excepción y no la regla.

Muchas gracias por todos vuestros comentarios. Enriquecen muchísimo la entrada.

Un abrazo

Io dijo...

Juan, en la pareja que yo ví hacían como si nada, le restaban importancia, cosas de chicos, ya sabéis. Porque supongo que, en el fondo, sabían perfectamente que estaban recogiendo lo que ellos mismos habían sembrado.

Y me parece abobinable. Si no respetan a los padres ¿a quién van a respetar?

Lenka dijo...

A los de Gran Hermano??? (Horror!)

Qué terrible, avergonzarse de los padres. Lógico y normal que llegue una edad en la que pelees por tu espacio, por ser más independiente. Todos hemos pasado por esa fase en la que, de repente, los amigos importan más que los padres, saben más de la vida (juas), los viejos no tienen ni idea de lo que dicen. Pero no, no te avergüenzas de ellos. Te da un ataque de pequeña soberbia, crees que sabes más de la vida que ellos. No son malos, pobres, es que no se enteran. Eso sí, los quieres igual.

Y el pequeño ataque de sobrebia se te pasa rapidito. Y el día que te sientas a charlar con ellos y descubres que lo saben casi todo desde hace mucho, que eran personas antes de que nacieras, que tienen sus propias vidas, que fueron chavales como tú, que se pelearon con sus viejos, que salían en pandi, y bebían, y bailaban como tú, que lucharon las mismas batallas... ahí te cambia la perspectiva. No son dos entes puestos en el mundo para servirte. Te das cuenta de lo mucho que te han enseñado, y ellos te dicen lo mucho que tú les has enseñado, y de repente te queda mucho más claro el concepto de "familia".

Juan dijo...

Pero me da la impresión que se avergüenzan de los padres algunos hijos que han mamado la falta de respeto. Y la primera falta de respeto es hacia uno mismo. Mientras tú no te respetes, los demás tampoco lo harán.

La rebeldía de la adolescencia, como bien dices Lenka, es otra cosa. Es un paso necesario para definirte en contraposición a lo conocido.

Un abrazo y muchas gracias.

Portorosa dijo...

Magnífico, Juan, magnífico artículo. Y los comentarios lo hacen aun mejor.

Me ha encantado, en serio. Lo copiaré para releerlo de vez en cuando.

Te voy a escribir un e-mail, con tu permiso. Por supuesto, no te sientas obligado a responderme.

Gracias, y enhorabuena.
(¡Voy ahora a por el post de la buena educación!)

Juan dijo...

Muchas gracias portorosa. Puedes copiar lo que quieras y hacer el uso que quieras de cualquier cosa.

Estaré encantado de recibir tu email.

Muchas gracias. Es cierto que los comentarios son magníficos y lo enriquecen todo.

Un abrazo.

Sra de Zafón dijo...

Hola Juan, entro a vuestros blogs a saltos entre las cosas que debo hacer y las pocas ganas que tengo de hacer algunas. :-)

Aquí en tu acertadísima catalogación de de tipos de mala educación echo en falta una que veo casi todos los días: La educación desde la comodidad de los padres o cuidadores, apoyada basicamente en lo facil que supone decir sí en vez de no y en tenerlos callados y quietos para que "no les den la lata".
Ejemplos un montón que te vendrán a la cabeza, la consecuencia: personas que no tienen ninguna capacidad para soportar la frustración y que piensan que el mundo está hecho para cumplir sus deseos. Creo que ese tipo de mala educación es la que más abunda.

Un abrazo.
Chusa

Kaken dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Chusa.
Es como si los adultos de hoy persiguieramos vivir el presente y solo lo lográramos a la hora de "educar", permitiendo momento a momento, consintiendo "por no liarla", por miedo a que el niño monte un numerito...me parece muy triste y lo veo muy a menudo.
Y también sus consecuencias, que enlazan con lo que observa Io sobre falta de respeto hacia los padres (entre otras).

Un bes a todos.

Juan dijo...

Sra de zafón, es cierto que no he hecho un tipo específico. Posiblemente hubiera venido bien. De todas formas está en otros tipos como "todo por el hijo, pero sin el hijo", y "que es un niño, oiga".

La comodidad, como he planteado en otras entradas, es posiblemnete lo que más incómoda nos hace nuestra vida.

Y como dice Kaken, consentir, llega a ser extremadamente triste, pues en vez de padres, se convierten, a los ojos del niño, en esclavos que sólo existen para satisfacer sus caprichos.

Un abrazo y muchas gracias