domingo, 2 de noviembre de 2008

La realidad

¿Qué es lo real?.

¿Lo que es?. ¿Lo que sentimos?. ¿Lo que percibimos?. Vivimos en un mismo planeta pero, ¿vivimos en un mismo mundo?. Quién tiene razón, ¿el que se queja de todo y por todo o el que vive una eterna y maravillosa aventura?.

La realidad no es una. Hay muchas facetas y miradas distintas.

Podemos distinguir múltiples realidades:

1. Lo externo, tal y como es.
2. Lo externo, tal y como lo percibimos.
3. Lo externo, tal y como nos gustaría que fuera.
4. Nuestro yo tal y como es.
5. Nuestro yo, tal y como lo percibimos.
6. Nuestro yo, tal y como nos gustaría que fuera.

Lo externo, tal y como es sólo se puede valorar con los ojos de un individuo carente de sentimientos. Sólo un ser sin emociones podría tener la necesaria objetividad para describirlo y la necesaria lucidez para aventurar o aceptar la mutabilidad continua. El buen científico es, quizás, quién más se puede aproximar a esta perspectiva.

Hay personas que creen tener siempre la razón. Que las cosas son exactamente como ellos las ven. Que su objetividad no tiene límites. Suelen ser intolerantes y no admiten más que su propia visión. Tienen una mirada miope incapaz de percibir el eterno cambio que se produce a su alrededor.

Lo externo, tal y como lo percibimos. Nuestra educación, costumbres, creencias, habilidades pero, sobre todo, nuestras emociones y nuestra lógica, ambas en un difícil equilibrio, conforman nuestra percepción del entorno. Un cristiano, una feminista, un misionero, un budista, un guapo o un feo, un superdotado o un infra dotado, comparten el mismo planeta pero parece que pertenecen a mundos distintos. Incluso una misma persona, en distintas circunstancias, valúa el medio en que vive de manera incluso antagónica.

Si la mirada a nuestro ambiente sólo es tamizada por nuestra emoción, caemos fácilmente en lo que se denomina distorsión de la realidad. La razón es la acompañante ideal para conseguir la necesaria armonía.

Lo externo, tal y como nos gustaría que fuera. La ilusión de un mundo mejor es el motor de cambio más importante de nuestra existencia. Un cambio dirigido y con un fin.

La Naturaleza es variable, pero no tiene ningún fin definido. Cambia sin porqués ni para qués.

El compromiso es uno de los mejores antídotos que se conocen contra la depresión y puede llegar a conformar toda una vida. En este caso no importa tanto lo que percibimos sino lo que podemos aportar para renovar.

Nuestro yo tal y como es. Creo que nunca llegamos a conocernos. Podemos intuir lo que hemos sido, conocer los distintos caminos que se nos ofrecen e incluso escoger, pero nuestro yo es tan fruto de la interacción con el exterior como del fluir incesante de la vida, donde casi nada es perenne y todo evoluciona. Nuestras razones son cambiantes. Nuestra lógica nos va dictando nuevas normas ante nuevos retos y nuestros sentimientos, en el mejor de los casos, se tienen que ir adaptando a las nuevas circunstancias. Quizás nunca somos como somos, sino que, en realidad, sólo somos lo que percibimos y lo que los demás perciben de nosotros en cada momento y en cada acontecimiento.

Nuestro yo, tal y como lo percibimos. Este es el gran caballo de batalla. Lo que diferencia una vida dichosa de otra desgraciada.

Por supuesto que el entorno ayuda o dificulta el proceso hacia la felicidad del individuo pero, en última instancia, un desarrollo personal equilibrado e inteligente es el factor “sine equa non” para conseguir el bienestar íntimo. Este desarrollo incluye palabrejas como honradez interna, autocrítica, lógica, desaprender para encontrar nuestro propio camino, no machacarse, culparse ni castigarse pero sí responsabilizarse, aceptar o incluso promover los cambios cuando las cosas no van bien, valentía, adaptarse sin acomodarse ni conformarse, en suma, lo que hoy en día se llama autoestima, palabra que no me gusta nada, o la expresión que más me gusta: respetarse.

Nuestro yo, tal y como nos gustaría que fuera. Muchos buscan una finalidad para su vida. Se sienten de una manera y les gustaría ser de otra. Aspiran a una o varias metas finales y recorren el camino, sin disfrutar o aprender del mismo, por la ansiedad de coronar su destino. A mí nunca me han gustado los destinos. Prefiero, como en ciclismo, las metas volantes. Mi vida es el camino, sin conclusión. Mi aprendizaje está en cada baldosa que he pisado, en cada azulejo que piso y en cada metro de senda que aún está por pisar

6 comentarios:

Celadus dijo...

Aunque es muy tarde y esta entrada tuya hay que rumiarla bien, de momento hay un par de cosas que me chirrian un poco.

"La realidad no es una. Hay muchas facetas y miradas distintas."
Distintas facetas y miradas no hacen distintas realidades. Yo si creo que la realidad es una. Lo que cambia es nuestra percepción de la realidad.

"Lo externo, tal y como es sólo se puede valorar con los ojos de un individuo carente de sentimientos. Sólo un ser sin emociones podría tener la necesaria objetividad para describirlo y la necesaria lucidez para aventurar o aceptar la mutabilidad continua. El buen científico es, quizás, quién más se puede aproximar a esta perspectiva."

No estoy en absoluto de acuerdo con la primera afirmación. Un científico, como tu mismo dices, puede describir la realidad externa tal cual es, sin que eso signifique que carezca de sentimientos. Simplemente no se implica emocionalmente con lo que describe, que no es lo mismo.
Además, creo que mezclas dos cosas diferentes: la objetividad para describirla y la aceptación del cambio. Lo primero es una observación científica; lo segundo, una implicación emocional. El científico no tiene que aceptar o rechazar la realidad -no es ese su trabajo- sino dscribirla y explicarla si puede.

Ya seguiré cuando tenga menos sueño ;)

Juan dijo...

Efectivamente Celadus, a eso me refería a lo de facetas y miradas distintas. Como después explico la realidad, sin emociones, sí es una, pero lo que cambia es la percerción de la misma, por eso hago seis apartados y uno de ellos es tal y como la percibimos.

Con respecto al científico, efectivamente, el científico perfecto describiría la realidad tal cual es, pero ¿dónde hay un científico perfecto?. Como dice Punset, el método científico comienza y termina siempre con una emoción, aunque parezca lo contrario.
Que un científico no se implica emocionalmente con lo que describe no estoy de acuerdo. Diez magníficos científicos que tratan el mismo tema y con las mismas fuentes no estarán de acuerdo en el 100% de las conclusiones. Desde el mismo instante que han trabajado miles de horas para describir algo, ya se han implicado emocionalmente en el objeto de su estudio, aunque después hagan un inmenso esfuerzo de objetividad. Mr Spock no existe, jejejejeje. ¿O sí?.

"Además, creo que mezclas dos cosas diferentes: la objetividad para describirla y la aceptación del cambio. Lo primero es una observación científica; lo segundo, una implicación emocional."

Es que no son dos cosas distintas. La realidad es cambiante. Realidad y cambio van íntimamente unidos. A lo que me refería es que describir es complicado pero prever/aceptar la mutabilidad requiere de una lucidez excepcional, tanto a nivel personal como a nivel científico. Trabajar con una muestra en un microscopio es una cosa y estudiar la vida de la bacteria mientras fluye es completamente distinto.

Un abrazo Celadus.

Celadus dijo...

Una cosa es la descripción de los fenómenos y otra las conclusiones. Las conclusiones no son la realidad, son una interpretación de ella y como tal están sujetas a la subjetividad del observador. Pero aunque diez científicos lleguen a diez conclusiones distintas lo harán sobre la base lo observado, que, si el trabajo se ha realizado bien, debería ser lo mismo en cada caso. Por ejemplo, la ley de la gracedad se basa en datos reales: los objetos caen si se les suelta en el aire. Eso es una realidad, los diez científicos observarían lo mismo. Luego están las conclusiones o las explicaciones para el fenómeno. Ahí ya si entran las emociones pero no en la descripción en si -o al menos no debería.
Respecto a la condición cambiante de la realidad, en ningún momento he discutido eso. Cuando digo que mezclas cosas me refiero a que una cosa es constatar que la realidad es cambiante -dato objetivo- y otra aceptar que sea así -hecho subjetivo.
No se si me explico.
Un abrazo.

El patio de mi casa dijo...

¡Hola! Encantada de descubrir tu blog.
"Lo externo, tal y como es sólo se puede valorar con los ojos de un individuo carente de sentimientos. Sólo un ser sin emociones podría tener la necesaria objetividad para describirlo y la necesaria lucidez para aventurar o aceptar la mutabilidad continua. El buen científico es, quizás, quién más se puede aproximar a esta perspectiva.". Pienso que tal vez pueda ser así en el tema de la física, pero no por ejemplo en cuando a la psicología. En cuestiones de la mente creo que la realidad tal y como es se diluye bastante con la realidad tal como la percibimos, hasta tal punto que creo que es imposible describir la realidad tal cual es porque es imposible la objetividad...

Juan dijo...

Encantado El patio de mi casa.

Totalmente de acuerdo con tu apreciación. En Psicología creo que se trabaja mucho más con las percepciones de la realidad, intentando acercar esas percepciones hacia una manera de ver la realidad más "sana".

Celadus, hasta en las descripciones se es subjetivo. Me explico. Cuando describes algo, previamente hay un trabajo de consulta, búsqueda bibliográfica, observación y, finalmente, descripción. Los buenos científicos se acercan enormemente a la objetividad, pero siempre se escapa algo....ese algo humano. Porqué ves lo que ves, no lo que no puedes ver, porque no hayas utilizado la técnica adecuada o bien porque simplemente aún no exista esa técnica.

Ramón y Cajal, ejemplo de científico casi perfecto, describió las neuronas, pero no pudo ver todo lo que significan las neuronas, todas sus facultades....no víó toda la realidad que son las neuronas, sino una parte de esa realidad.

He sintetizado mucho el texto para hacerlo comprensible por un lado y que no sea un petardo por otra y ya se sabe lo que significa simplificar.

Un abrazo.

Celadus dijo...

Bueno, en algo sí estamos de acuerdo: nadie puede ver "toda" la realidad. :)